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Ray Loriga.

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Vale, vale, el gran momento de meter algo decente sobre Ray Loriga, los libros y las referencias, llegará, pero como estoy en el curro me limito a meter algunas frases de un par de sus cosas. A disfrutarlas.

Héroes.

«No es fácil que confíes en ti mismo cuando todos confían en que seas alguna otra cosa distinta.»

«Cualquier imbécil puede herir a una mujer pero solo un hombre grande puede llevársela para siempre.»

«No tienes lo que te mereces, tienes lo que no consigues esquivar.»

«y el amor es a su vez un asunto de agujeros y, bueno, unos están en el alma pero otros no y todos necesitan ser rellenados…»

Días extraños.

«Empecé a beber en serio a los catorce años. Entraba en un bar y bebía. No era triste. Me gustaba. Eran los primeros momentos realmente míos.»

«Hay algo que he aprendido en todos estos años; puedes dormir en cualquier parte pero no puedes despertarte en cualquier parte.»

«A veces estas tan cansado que no te caben mas de seis personas en la cabeza y a veces estas tan solo que doce no llenan ni la mitad del salón.»

«No puedo creer que no vayas a volver nunca. Prefiero pensar que todo vuelve. Aunque sea como apostar mas de lo que tengo a un caballo cojo.»

«Tengo miedo de estar dejando escapar algo y tengo miedo de estar agarrando lo que no es.»

Y de momento no he encontrado ninguna página realmente interesante sobre él, pero si la encuentro ya la meteré.

Sólo recuerdo que leer lo peor de todo (que creo recordar que me lo dejó María) fue como un zambombazo y entender por qué todo lo que había leído hasta entonces (y ya era bastante) no me había convencido en absoluto. Ahí estaba la forma en la que yo quería contar las cosas (es decir, ahí estaba la forma en que yo quería ver las cosas).

los tipejos de oriente

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Jeje, maría y solano making cabra.

¿Qué será lo que traigan los reyes? Acaba de pirarse Koldo, que ha venido a medias a por el móvil que se dejó ayer y a medias porque ha escuchado una conversación telefónica de su madre con una amiga que debe haber sido terrible, porque no me ha querido contar nada. Hoy curro moderado de fuerza uno y medio, porque no es conveniente que el estress afecte al trabajo. Mejor bien, poco y despacio que cualquier otra cosa. He limpiado el escritorio y me siento un poco raro, con los libros ordenados, sin la ceniza y sin los cercos de café. Esto no es mío.

Ahora la calma. No sé a qué viene, pero estoy perfectamente. Lo aprovecharé mientras dure. Qué risas en el autobús con la escena de ignatius reilly en el cine viendo la película del circo. Tiene razón, occidente, la cultura actual, necesita armonía y geometría. Más nos valdría a todos dejar de hacer el capullo. Mucho mejor que hank, la verdad (joder, qué cosas digo por encima de mí mismo). He estado riéndome un poco de Garci, también, y de sus contertulios. Ayer fue descojonante ver la sucesión de programas cómicos de la dos, primero dragó y luego punset. Que le den por culo a Jim Carrey, aquí tenemos a verdaderos genios en la sombra.

Y ahora, aprovechando el tirón, os dejo con los poemas de Pizarnik, la genialidad de Cortázar en «que no se culpe a nadie» y con este relato de Fernando Sorrentino. Por cierto, nota curiosa, no puedo entrar en la página desde el curro porque en mi relato «Marionetas» pone orgasmo y saltan los filtros.

Sin embargo puedo entrar en la página de cualquier banco. Que sordidez.

Berkeley. Principios del conocimiento humano.

Como preludio a los tropos pirrónicos, y sin poder evitarlo, ahí va la genialidad inmensa del rookie del empirismo inglés:

«No siendo la filosofía otra cosa que el estudio de la sabiduría y de la verdad, se podría con razón esperar que aquellos que le han dedicado más tiempo y esfuerzo deberían distrutar de una mayor tranquilidad y serenidad mental, de una mayor claridad y evidencia en el conocimiento, y estar menos perturbados que otros hombres por dudas y dificultades.

Sin embargo, vemos que la masa no culta de la humanidad que sigue la senda del simple sentido común y se rige por los dictados de la naturaleza se encuentra en su mayor parte tranquila y despreocupada. Nada que sea familiar les parece inexplicable o difícil de comprender. No se quejan de falta de evidencia en sus sentidos, y están totalmente fuera del peligro de convertirse en escépticos. Pero, tan pronto como nos separamos de los sentidos y del instinto para seguir la luz de un principio superior, para razonar, meditar y reflexionar sobre la naturaleza de las cosas, surgen miles de dudas en nuestras mentes en relación con aquellas cosas que antes nos parecía comprender totalmente. Por todas partes se descubren ante nuestros ojos prejuicios y errores de los sentidos; y al tratar de corregirlos por medio de la razón desembocamos, sin darnos cuenta, en extrañas paradojas, dificultades e inconsistencias que se multiplican y nos desbordan, a medida que avanzamos en la especulación, hasta que, al fin, después de haber vagado por muchos intrincados laberintos, nos encontramos exactamente donde estábamos, o, lo que es peor, situados en un escepticismo desolador.»

George Berkeley. Tratado sobre los principios del conocimiento humano.