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Es muy muy complicado es muy complicado. Esta lo de levantarse cada mañana a una hora, eso lo comprendo y después de muchos años he terminado medio adaptándome. Te levantas, no lo piensas, lo haces y te vas, te duchas, pillas la comida que hiciste el día anterior, una cocacola, la basura para tirarla. Esas son cosas que haces y ya está. He descubierto que es más sencillo así, no plantearte lo que tú quieres hacer sino lo sencillo que es hacer lo que tienes que hacer. Arrancas el coche porque lo tienes, no olvides que es un privilegio tener el picanto, que es un privilegio, que es un privilegio todo, que entre todos los humanos de este mundo eres estadísticamente de los pocos que se levantan de su cama, cogen su comida en su nevera, su basura en su cubo, el desayuno, de los pocos que pueden meter sus tápers en una bolsa, salir de casa echar la llave, notar el frío del día que no estás teniendo y el sencillo calor del día que tienes, hacer con ello una bola enorme y meterlo al contenedor junto con la bolsa. Primera fase del día más que completada. Enhorabuena, aquí tienes una galletita, está rica, ¿verdad? Te montas en el coche que has dejado arrancado junto a los contenedores donde has dejado todo, casi todo lo que tenías que dejar, circulas un rato, llegas al curro, aparcas, entras dentro, enciendes el pc y abrazas ese pc que te acompaña nueve horas al día, junto al que envejeces, te encorvas, engordas, te aquilosas, te agarrotas, abrazas ese teclado que es una extensión de ti mismo y no necesitas ni mirar. Te tomas las pastillas sacas la avena buscas la cuchara comes comes comes mientras los programas arrancan y empiezas a hacer más rico a alguien.
A ti no, claro. Todo lo que ganas se va, todo lo que viene se va, ley de vida, todo lo que tienes es temporal, es una victoria momentánea, cada mes encuentras el mismo punto de partida. Cada mes todo se resetea, lo que tienes dura un mes, lo que tienes te llega apenas para arrancar una hoja del calendario, para llegar al primer día de la siguiente. Saludas, sonríes, sacas chepa frente al pc, tras el teclado, vas ganándole a la vida que te está ganando porque eso es lo más importante que sabe hacer en este estado de cosas que la sociedad genera para ti.
Después de ocho o nueve horas no ves bien, estás un poco mareado, cierras todo, recoges el táper de la comida limpio entre el estómago y el lavabo del baño, metes eso y un poco de todo en una bolsa que tiras en el asiento de atrás. Has cumplido y ahora empieza todo, pero ahora es cuando estás más gastado, más desgastado, el mareo, la vista confusa, llegas a casa y tocas la guitarra un rato, caminas, recoges el aíre extraño de la tarde libre contigo agotado y piensas que has hecho tu trabajo. Que has hecho lo que debías. El vecino tose, no le conoces mucho pero tose y reconoces su voz, a esa sí que la conoces bien. De esa sí que sabes bastante. No conoces al de la celda de al lado, pero por supuesto le reconoces por sus síntomas.
Y los planes que requieren más de una hora o dos están ahí, en la mesa, esperando sus tenedores, sus cubiertos, sus condiciones de posibilidad, pero no puedes, no tienes fuerzas. Enciendes la tele y la miras un rato, esas pequeñas píldoras de nada que lo son todo un rato y piensas que bueno, te has puesto al día, ya sabes lo que pasa, entiendes un poco lo que está sucediendo, todo parte del plan, el curro, la guitarra breve, las series, escribir un rato, preparar la comida para el día siguiente, poner una lavadora, lo normal en una vida reseca de adulto privilegiado. Veo el privilegio, veo lo que supondría no poseerlo, pero también veo que no lo es tanto según con qué lo compares. Ser un privilegiado con respecto a otros no dice nada de tu privilegio, sólo habla de los que no lo son, de ese tipo de mierda en la que nos tienen atrapados a unos y a otros. Eres un privilegiado con respecto a los que mantienen aún más en la mierda. Y gracias.
A un famoso le ha pasado algo malo y te parece algo casi insoportable, ellos viven la vida que no vivimos y sus desgracias son propias porque nosotros vida no tenemos. Las suyas son la medida de todas las cosas. Nosotros vivimos para producir y sufrir lo que viven los que viven. Nosotros no vivimos y tenemos que encontrar una vida donde la haya, aunque sea en un producto de publicidad que nos ofrecen a cambio. Nos indignamos y nos preocupamos con lo que les sucede y nos parece insoportable e indignante y querríamos poder ayudarles, pero no podemos porque literalmente no tenemos nada que ofrecerles: ni vida, ni tiempo, ni dinero ni soluciones ni fuerzas para nada.
Al rato te desmayas y te metes en la cama a acabar con lo que queda del día con la resistencia destrozada, la conciencia aterrada, la esperanza aún viva de que mañana quizá mañana vete tú a saber si mañana todo será distinto y podrás ser tu mismo un rato o hacer lo que te plazca o encontrar el sitio en el que lo que sucede te tenga mínimamente en cuenta o que entre lo que deseas lo que te inventas o lo que eres en secreto desplazado por lo que tienes que hacer o nada, nada, quizá nada. Poder ser nada. No como objetivo, pero poder permitirte serlo. Ese sí que sería un privilegio. Sólo poder serlo, aunque no le hicieras ni caso, sin dar explicaciones ni morir de inanición en el intento.
Antes de ayer, a última hora, viendo la tele con la guitarra encima, grabé en el móvil una estrofa de melodía y un estribillo que me sonaron mágicos.
Al día siguiente, ayer, una letra salió en el curro no del tirón pero casi, el equivalente a "del tirón" de estar en el curro interrumpido por el curro todo el rato.
Llegué a casa, un 6×8, raro, grabé la canción y me encantó. Me dió vidilla. Como estar en un ambiente en el que quieres estar con la gente que quieres estar, como una conversación interesante en la que te aportan y puedes aportar mucho y sabes que está cambiando ya tu presente y le va a dar una vuelta a tu futuro.
El brillo y el zumbido de cuando las cosas suceden. Qué bien sienta el frescor.