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la de la abu

la de la abu

La cogí en el parque junto a la residencia un día que fui a visitar a la abu sin hacerlo. La última vez se había puesto muy nerviosa y no me atreví a entrar. La planta estuvo un año en agua, con las hojas verdes pero sin echar raíz. Al final terminó por crecer y la metí en tierra. En ella empezó a secarse hasta convertirse en un palo.

El día que me enteré de lo de la abu, hace un mes, se partió. La rocé al pasar a su lado mientras mi hermana me lo contaba por teléfono y con eso bastó.

Ahora está preciosa.

talué, Gui.

Sólo quería dejar constancia de que estuvo aquí y decirle algún tipo de hasta luego. Me cuesta no hacerme las preguntas de rigor, las del por qué y podría yo haber y quizá si. No sirven de demasiado. No sirven de nada, pero es imposible que no te pasen por la cabeza a velocidad de vértigo más o menos todo el tiempo.

Al principio lo sabíamos todo y no comprendíamos nada. A partir de ahí el equilibrio fue cambiando de bando.

No es fácil mantenerse ahí, en mitad de la tormenta, con el cuerpo morado de frío y aplastado por el viento, con una vela en la mano mirando la oscuridad, y convencerte de que estás yendo a algún lado. No es fácil. Comprendo eso.

Lo siento muchísimo, tío. Te echaré de menos.