# perdiendo.org/museodemetralla

autoreferencial (5) | entraron en mi cabeza (187) | libros (14) | me lo llevo puesto (7) | Renta básica (8) | series (3) | freakeando (57) | arduino (1) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (3) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (2) | raspberry pi (3) | vim (1) | zatchtronics (3) | hago (609) | canciones (88) | cover (15) | el extremo inútil de la escoba (2) | guitarlele (10) | fotos (30) | nanowrimo (3) | novela (25) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (4) | rehab (4) | poemas (306) | Anclajes (15) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (1) | palitos (2) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (75) | anatemas (7) | vindicaciones (98) | perdiendo (1.405) |

# copyleft 2020 perdiendo.org

cuando parece que se abre

Relaten.

Mientras voy organizando en mi cabeza lo que quiero decir me miro en el black mirror del modo sin distracciones de mi portátil y tengo la cara muy rara. Hinchada a la izquierda, algo menos a la derecha. Mi bigote está anormalmente cerca de mi barbilla. Sucede que el recorrido entre ambos es muy corto ahora. La papada empieza donde solía, pero sigue la geografía hasta la nueva ubicación de mi barbilla como una Holanda que le roba espacio al mar de mi cara. El terreno que han cedido los dientes se lo ha quedado definitivamente ella.

Este es mi nuevo rostro, al menos de momento. Con el tiempo el espacio entre la nariz y la mandíbula volverá a su sitio y las hinchazones y los moratones desaparecerán. De algún modo que todavía no termino de digerir nada volverá a ser lo mismo. Pero, también de algún modo, nada habrá cambiado demasiado. Y eso es fenomenal.

Ritmos.

He caminado algo más de treinta kilómetros desde la intervención del jueves. Había cuidado la logística lo suficiente como para no tener que moverme de casa durante todo el fin de semana, pero mi cuerpo tenía ganas de actividad y yo le seguí encantado. Es posible que.

Cientos de horas. Cientos de mañanas y de viajes en coche. Ratos en la ducha, sentado en la silla del pc. Horas y horas a lo largo de los años pensando en lo que inevitablemente tenía que terminar sucediendo. Cientos, miles de migueles sucediendo. Horas y horas siendo consciente de lo que tendría que ser, some things are meant to be. Es posible que toda esa angustia, todo ese saber qué, todo aquello se haya cumplido y ahora me encuentre en una realidad nueva que no soy capaz de procesar todavía. Es extraño estar de repente en un mundo en el que el tema se ha convertido en aquello. Algo que ya no es pese a haber sido siempre.

Deglutir.

Mi casa está preciosa. Hoy hace calor y la terraza, llena de las plantas que han sobrevivido al invierno, parece acogedora y viva sobre lo que no lo ha hecho. Mi coche se movía como el viento entre el tráfico. Mis pies me llevan, las piernas responden, los pulmones agradecen el esfuerzo cuando camino rápido. El pc funciona estupendamente. La cisterna traga, la ducha tiene agua caliente. Tengo comida en la nevera.

Me pregunto qué se necesita para acabar con una vida, y qué no. Qué es lo bastante para. Cómo lo que en un momento dado te parece crítico puede dejar de serlo en cuanto careces de ello. Cómo las cosas pierden el componente esencial. No soy mejor ni peor, y estoy en medio de una recuperación que tendrá hitos de todo tipo, pero.

He puesto la banda sonora de Blade Runner en la tele a través del móvil. El sol entra por la ventana. Me he quitado las zapatillas y los pies cuelgan desde la silla mientras respiro.

Demorar.

Tengo un montón de cosas que hacer. Ahora mismo no estoy en condiciones de hacer muchas de ellas, pero lo estaré. En realidad un montón de cosas que quiero hacer, no un montón de cosas que hacer. Nadie tiene nada que hacer.

El sol. La música. El editor de textos. La angustia que ya no está. ¿Eso era todo? Eso era. Bienvenido, amigo. Ha sido un viaje jodido.

can’t help

Señora, espero sinceramente que lo que le estoy contando que está a punto de pasar no le parezca pecado.

Pues ahí estaba esta mañana, caminando por mi octavo o noveno kilómetro cuando saltó un «I can’t help falling in love with you» que no me esperaba —pero debería— dentro de la banda sonora de Blade Runner 2049.

Y de repente rompí a llorar, a lo burro. De alegría, de forma incontrolable. Fue llegar a lo de «some things are meant to be» y reventé. No estaba pensando en nada, sólo estaba caminando buscando en ello un ratico de estado de flujo, pero se metió por medio la canción.

Se me ocurren dos cosas. Una que llevo algún tiempo sin tener una relación muy constante con mis emociones. Excepto el enfado, esa sí que la saco de cuando en cuando. Supongo que es más fácil lidiar con una emoción que parece que aumenta tu seguridad —he dicho parece— en vez de mostrar fragilidad como las demás.

La función de las emociones, creo, es la de hacer de marcadores de situaciones y estados. Lo que nos afecta permanece, lo demás es el runrun cotidiano. Reconocemos situaciones y estados parecidos porque la alarma de nuestras emociones salta, explota, y percibimos especial lo que nos está sucediendo en un momento dado.

Por otra parte estamos diseñados para manejarnos con ellas, y nos mola. He arrancado el llorera tour metiéndome en en el coche, poniendo la canción en bucle, cantando las estrofas una y otra vez y llorado ríos enteros mientras me sentía cada vez mejor.

La otra que me ronda es que yo ya conocía hace al menos diez años el desenlace a lo que estaba pasando en mi boca. Yo ya sabía que todo esto iba a pasar, pero me aterrorizaba el hecho de tener que pasar por ello. Y supongo —pero no sé— que eso de «some things are meant to be» así, con todo el rollo emotivo —rompebragas sin esconderse lo más mínimo, pero eficaz en lo emotivo— me pilló en mitad de la entrada al estado de flujo, sin ninguna defensa activada, y me partió por la mitad.

En cualquier caso me alegro de que haya sido así. Me siento inmenso.