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Había una mujer pintándose los párpados en el espejo del parasol del coche, en el semáforo. Yo aceleraba porque llegaba tarde al trabajo, tenía basura que tirar en el maletero y porque me gusta acelerar y sentir el tirón. La recordé mientras me detenía en el siguiente semáforo, y me pregunté cómo es posible un tan lejos desde tan cerca y tan de cada día.

En realidad, si te lo preguntas a fondo, no es del todo creíble.

Cuando la vida se abre empiezas a ver las más allá de las grietas, de lo que no encaja. Vuelves a ver lo que sí lo hace, y a dónde te conduciría la madriguera de conejo si decidieras meterte dentro.

ni tanto ni nada

Habíamos perdido
las ganas de dejar de estar.

Era el día perfecto
para no hacerlo.

Dentro y fuera.

Hace un rato terminé de ver «Jay and Silent Bob reboot», y acto seguido a un streamer que hablaba de cómo hay que moderar el nivel de exigencia para terminar haciendo algo, para no estancarse en el proceso de perfeccionar siempre lo mismo sin acabar nunca nada.

Y me ha dado que pensar. Cómo no. La película de Kevin Smith es absolutamente infumable. Gracias sin gracia constantemente. Será que… ¿habrá que tomar ese tipo de decisiones para? No lo sé. No tengo ni idea. Pero si ese va a ser el resultado… ¿no será mejor nunca nada? ¿Es mejor algo nada a nada de algo? No lo sé.

Cómo hacer que una película de mierda y una reflexión te vayan trabajando la noche.