La pelea entre querer hacer y poder hacer, el calor, el cansancio, el dolor de espalda, el estar nueve horas al día desde primera hora reventándome por dentro y por fuera.
No me quejo porque no puedo quejarme.
Tengo muchas ganas de disfrutar haciendo cosas, de meterlas aquí, de no terminar improvisando lo que sea para subirlo porque no hay más, no hay tiempo para más, no va a llegar nunca nada más.
Tengo que resignarme, cambiar de plan, ajustar los ritmos.