La inteligencia artificial acorta el camino de un modo muy concreto. Uno tiene cosas que decir y, si es capaz de darse confianza a sí mismo, las dice con o sin ella. El modo en el que lo hace depende de tantas cosas suyas que es complicado predecir por dónde va a salir. Con la IA es mucho más sencillo porque normaliza.
Y esa es solo la mitad del problema. La otra es que aprendes mucho sobre lo que quieres decir mientras descubres cómo decirlo. La IA acorta el camino. Pero qué parte. Todo el mundo quiere decir algo, y mientras que te curras cómo hacerlo quizá te des cuenta de que querías decir otra cosa.
¿Merece la pena ese esfuerzo? Pues eso depende de cada uno. En mi opinión cuando estás empeñado en algo el esfuerzo no se percibe. Existe, pero no te das cuenta de que está ahí. Y aún así aprendes mucho sobre ti mismo. De hecho una de las cosas que más me gustan del esfuerzo es eso de que no seas capaz de darte cuenta de que te estás esforzando cuando haces lo que te está gustando. Y aún así aprendes sobre ti mismo. No creo que sea bueno que el esfuerzo desaparezca, pero sí eso de no darte cuenta de que está porque estás donde quieres.
No creo en la disciplina. No creo en el esfuerzo. Creo en que cuando estás donde quieres no percibes ninguna de las dos al mismo tiempo que aprendes casi todo por el camino.
No creo en la meritocracia. Creo en el camino. Que quiten el mérito, es esfuerzo, la disciplina, pero no el camino. Uno se esfuerza y se disciplina cuando no está haciendo lo que quiere hacer. Lo otro es vivir a gusto.
(Sin embargo el capitalismo sí intenta rentabilizar el tema de que el esfuerzo no lo es tanto cuando estás haciendo lo que te gusta, no es ninguna novedad mía, pero sólo para hacerte trabajar lo máximo posible mientras enriqueces a otro).