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gente

Doscientos sacapuntas siete muelas y aún en el punto de partida. Doscientos sacapuntas, siete muelas y todo el mundo nervioso mientras, de fondo, suena el himno a la alegría por los altavoces para mantener todo en su sitio. Doscientos sacapuntas incautados, siete muelas de gente nerviosa sacados a golpes, cuatro reglas, dieciséis cartabones y catorce escuadras. No hay más punto de partida que el punto de partida, pero a partir de ahí todo se complica. Parece fácil mientras te vas preguntando qué hacer a continuación, y lo que importa sobre todo lo demás suele ser el instinto, que es algo indeterminado en el que doscientos sacapuntas siete muelas cuatro reglas dieciséis cartabones catorce escuadras no importan nada y lo que realmente importa es lo que te va pareciendo, y a mí no termina de parecerme nada mas que un jodido asco. Tendría que haberme quedado en casa.

La idea era otra. Se suponía que iba a ser más divertido. Tengo en la cartera los dibujos de mi hermana en la que yo aplastaba los bichos y los convertía en papilla y eso que me pareció tan divertido entonces es, ahora, presenciándolo en directo, otra cosa. En los dibujos aparece un letrero sobre mi cabeza que dice el tate acaba con ellos y ellos son horribles y está bien que los mande a la mierda, pero aquí delante no lo tengo tan claro porque respiran y sangran y se mean y se cagan y sudan y huelen a miedo y son horribles y parecidos y se parecen a mi y a mi hermana y me da cosa seguir presionando una vez que el daño les alcanza. Quizá deba seguir con el asunto por ella sobre todo. Mantenerla a salvo. Pero me cuesta mantener la cabeza centrada. Doscientos sacapuntas y ojos colgando del nervio sobre las mejillas y gritos y súplicas y por favor y un montón de costrones más. No es tan limpio como cuando lo era entonces, no es limpio, no lo es ni de cerca no lo es en absoluto es tan sucio.

Cada vez que quiero hacer un respiro me dicen que no se puede que tenemos que seguir en ello que estamos cerca de conseguirlo y que tengo que tomar la decisión correcta y yo firmo y continúo y es eso sobre todo y mi hermana y firmo y

práctico

No le habías dado al total de puntos cuando, de repente, tenías que volver a empezar desde el principio, como si fuera un bug en el tejido espacio temporal o quizá como si el mundo real no fuera más que una simulación que se estuviera corriendo en alguna parte. Un tipo ahí sentado mirando cómo estaban saliendo las cosas a partir de determinadas condiciones iniciales, anotando con curiosidad las cosas que le parecen interesantes. Y mientras tanto nosotros, y entre nosotros especialmente tú y yo, recorriendo el transcurso como si estuviéramos haciendo algo personal en todo ello, como si estuviéramos aportando algo. Aprendiendo a esquivar meteoritos. No habías acabado con todas las tiradas cuando el mecanismo se reiniciaba y te tocaba volver a empezar, tú ya estabas con la mentalidad de la última fase y te tocaba recalibrarte para volver a la primera. Era algo que me fastidiaba bastante.

Porque el mundo real no tiene de real más que de mundo. Te afecta lo que te roza de algún modo y el resto existe para ti del mismo modo que si no lo hiciera en absoluto. Qué real si es lo que percibo y lo que percibo es limitado y se basa en cuatro conceptos básicos y, para más confusión, cada cual tiene los suyos. Cuatro conceptos básicos que definen lo que eres y, tarde o temprano, lo que los demás pueden ver de ti. Eso es prácticamente nada. Así que el mundo sea real o una simulación no tiene mucho sentido práctico en el día a día, sea como sea estás aquí y eso es más o menos la totalidad de los recursos con los que cuentas. Si fuera una simulación sería tremendamente importante para algunos, pero para los demás no afectaría en demasiado mientras no subiera el precio del cajón interior de veinte metros cuadrados en el que puedes poner una cama para dormir de vez en cuando. Si lo que percibo suena real lo es, y si no lo es no va más allá de lo anecdótico.

Porque real o simulado tiene sus reglas, y el meollo del asunto está en ellas y no creo que en saber si se sustentan en algo más que un hardware o un… ¿cómo definir el universo real, un hardware menos localizado?, ¿tiene sentido describirlo así? Nuestro universo puede ser leche derramándose en el suelo mientras las partículas se mueven por la inercia del golpe. Eso explicaría la materia y la energía oscura siempre y cuando que no fuéramos capaces de ver más allá del manchón que se extiende sobre un mundo con sus propias fuerzas. La leche de por sí no explica la expansión, la leche sumado a lo demás podría hacerlo. Pero eso no va a ningún sitio en absoluto. El caso es saber si lo que estamos haciendo con esto tiene algún sentido o es una cacofonía de egoísmos jugando partidas independientes unas sobre otras.

Lo público mola porque parece insertar un poco de objetividad, sin pasarse, sobre un rodeante movido por los intereses de cada uno. Si enfermas te trataremos independientemente de a quién conozcas y de a quién le interese verte mejor o no. A veces, bregado en la lucha diaria del para mi, eso suena como música celestial. Dejemos de partirnos la cabeza, por favor. Cansa buscar todas y cada una de las veces cristales en la comida. A veces sólo quieres tenderte un rato. Descansar. Dejar de percibir el mundo como lucha y la vida como evasión, victoria o muerte. La equidad, la justicia por encima de que gane yo o los míos.

Pero eso son ecos de las guerras mayores. Habíamos echado unos euros en la bolera y le habíamos dado bien, divertidos, con algunas cervezas de más y algunas ganas de menos, pero según había ido transcurriendo la partida todo iba ajustándose más o menos y los cinco nos habíamos ido implicando en el asunto. Entonces fue cuando se reinició y volvimos a tirar por primera vez, y fue extraño. Lo jodido del asunto es que las reglas tienen su cosa. Reglas fijas, asépticas.

Nosotros no lo somos, y estaría bien por una vez saber dónde está el agujero antes de despeñarse por él. Eso si que es un buen proyecto para el año que se esfuerza en mantenerse empezando.

café solo

Desde el fondo de la oficina, si se doblaba en el suelo y retorcía la cabeza, podía ver el rayo de sol que entraba en un ángulo extraño e iluminaba la esquina. Parecía una especie de anunciamiento divino, como si en ese par de centímetros de polvo acumulado sobre suello de terrazo, que quizá había conocido con suerte dos o tres pasadas de fregona a lo largo de los años, fuera a suceder lo que iba a cambiarlo todo.

Pensando en ello esperó hasta que empezó a dolerle el cuello. Después del primer calambre supo que, de nuevo, no iba a ser hoy. Pero lo tenía localizado, lo tenía calado, lo tenía situado. No iba a dejarlo escapar ahora que lo había encontrado. Se había pasado la vida buscando eso que merece la pena, ese brillo, ese algo. Sacó un café de la máquina y volvió a sentarse en su sitio, esperanzado y diciéndose hoy ya no, pero mañana sí, seguro, mañana mismo.