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reemplazos

El problema es el miedo a morir como protección, mecanismo de seguridad. La reacción instintiva cuando algo falla. Si algo sobrecoge en animes y películas futuristas es la desafección de los individuos mientras les reemplazan partes del cuerpo. Sobrecoge ver esa indiferencia en el otro mientras nuestro cerebro nos lanza señales de auxilio.

Porque para nuestro cerebro esos pasos son irremediables y conducen siempre al mismo punto: aún no ha tenido tiempo de adaptarse. Mirar desde fuera, intentar hacerlo, produce tranquilidad, ligereza. No te desalienta cambiarle la mina al portaminas, las pastillas de freno al coche. El paso de lo necesario a lo fungible es algo con lo que ya no tendremos que lidiar en un par de generaciones, pero nosotros seguimos estancados ahí, sufriendo ahí, temiendo ahí, en ese miedo instintivo e inveterado, mecanismo efectivo de nuestra supervivencia en el tiempo.

el tipo de la curva

¿Y eso qué quiere decir? Pues seguramente nada, como nada quiere decir todo lo que nos pasa. Todo es un reflejo, cómo nos lo vamos tomando. El cerebro que se lame a si mismo y se salva o se condena al infierno. Nada es nada, nada significa nada, nada es más que nada, tómate las cosas con calma y respira. No vas a cambiar una mierda, pero quizá se te indigeste todo un poco menos. Eso tampoco sirve de nada en una lógica del resultado, pero al menos habrá menos drama y eso siempre es un alivio.

Mientras se presenta. Disfrutar sabiendo que no vas tú al volante. Ya no es la curva de tu vida ni te juegas todo o nada en ella. Sólo estás ahí, de paso. Mañana estarás en otra parte.

la ley del doble sufrimiento

La convivencia, el número de horas. Por qué tanto tiempo en cosas que no, quizá con 300 horas para el Witcher no lo vería como una pérdida de tiempo. Quizá lo mismo para escribir la novela, convivir, cohabitar con ella una temporada, no tener que romper ritmo entre el trabajo, la cerveza (3 semanas) y los pulsos emocionales. Dibujar. Poder dedicarle el tiempo que necesita no es sólo una cuestión de horas, sino del resto de cosas que hay que hacer. Pensar en ello se entromete en el cómo e impide que puedas centrarte en ello. La convivencia, el cariño, el tiempo que puedes estar entregado a ello sin miedos, presiones, agonías, agobios.

El problema no es el tiempo que le puedo dedicar, sino el que sucede que no tengo para ello. Su agujero negro no sólo me roba horas, sino que ensucia las demás con la carencia que provoca, impidiéndome vivirlas con normalidad.

Estás toda la vida preparándote y esperando eso grande que va a suceder, al mismo tiempo que más de 40 horas a la semana lo otro te sucede quieras o no si tienes suerte, y si no la tienes a comer barro y buscar un albergue. Y empiezas a entrever el deseo del momento en el que des la partida por perdida y ya no quieras ser nada y empieces realmente a pensar en la posibilidad de jugar lo que queda, que ahora por fin sí tiene importancia, que ya no es simplemente lo de mientras tanto. Sin agobios, sin tonterías, sin ir a ninguna parte, ya da igual dónde vas a estar mañana, la precariedad, el sostenerte a ti mismo por tus propios medios. Deseas romper con la ley del doble sufrimiento: sufres por perder lo que tienes y porque lo que no tienes no termina de llegar nunca.

Qué puto agobio constante, cómo hacerlo cesar.


Todo esto viene por lo de los dientes, que una vez que llegaron a un punto definitivo dejaron su ausencia y la ausencia del agobio que llevaban generándome 20 años. ¿Será lo mismo con lo que se puede perder, hay que acelerar su pérdida? ¿Será lo mismo con lo que no llega nunca, habría que resignarse lo antes posible? ¿No estaré resignado ya y sólo me queda la apuesta, el condicional, la esperanza de Pandora?.