# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.723) | atranques (1) |

en torno al mito del perdedor

Y heme aquí que, escuchando a Grapelli (propiciando el ambiente de una película de detectives de los cincuenta), observando los cientos de letras de canciones desperdigadas por todas partes, manchadas de fabada, de cera, de saliva, de cerveza, de ceniza (aunque al fin y al cabo no son más que hojas manchadas de tinta de bolígrafo bic), habiendo recuperado mi viejo zippo del olvido (al menos hace once años que está conmigo, todo un record, deben ser duros de pelotas, a mí nada me aguanta tanto), acompañado de la guitarra y de mis libros desperdigados por las estanterías, unos encima de otros, unos más en el suelo que otros, sin haber comido porque no tenía hambre, habiendo dormido porque tengo un sueño endémico producido seguramente por la angustia, mal laxante mental y mucho menos anímico.

¿700 libros?, muchos más, seguramente muchísimos más. Algo encomiable para mi economía y mi gusto por la cerveza y el tabaco. Es estúpido, pero me siento orgulloso de haber sido capaz de tenerlos, de haber tenido la franqueza de leerlos. No creo que suponga motivos intelectualoides, sino más bien riqueza en estado puro. Historias que están en mi cabeza, ensayos, fibrilaciones de algún modo, estados carenciales públicos.

Y heme aquí que con sólo cuatro días sin currar, sin disolverme agradablemente en el orden tranquilo y apacible de lo debido, presiento conclusiones que no me agradan. Contempla tu obra, estimado anticuario, esto lo has hecho tú. Todo esto es responsabilidad tuya. Más o menos subconscientemente, sabías dónde ibas, y ahí, precisamente ahí, has llegado. Lo que me trae a la cabeza una frase que no sé quién dijo: «ten cuidado con lo que le pides a los dioses, tienen la costumbre de ser complacientes».

El mito del perdedor (la mitología, más bien). Era esto. Era esto, estúpido y caro anticuario. Era esto lo que ansiabas. Cada lata de judías, cada litro de cerveza, cada rato de soledad, cada canción desportillada, cada verso roto que rumias y terminas escribiendo siempre, cada fiesta, cada charla con alguien que siempre viene a tu casa. El mito del perdedor subyuga porque siempre queremos ser diferentes, siempre queremos pensar diferente, siempre queremos diferenciarnos, vaya usted a saber por qué (y lo sabes, pero no quieres diluirlo en motivos puramente biológicos). El mito del perdedor subyuga porque es necesario pensar que tanto acuerdo en casi todo está equivocado, que las cosas no tienen una sola cara. Pero tú no querías integrar tu faz particular en la realidad poliédrica que no te apetece ver.

Me encanta Grapelli.

Marionetas jugando a disimular sus propios hilos.

no tengo nada más

No sé cuándo compuse esta canción, si fue el viernes por la mañana, o el sábado. Me decanto más por el sábado, porque estaba borracho, llorando, pensando en todos los que quiero. Pensando en todos ellos, en todo lo estúpido que parece todo cuando se mete la muerte de por medio. «¿Por qué no vas a ver más a tus padres, a tu hermana, a todos ellos?» Por qué, pregunto. Todo me parecía estúpido, cada aporía, cada dificultad (y no digamos el tema de lore, ella se puede morir mañana, yo me puedo morir mañana, y entonces qué).

Me ha dado cierta vergüenza meterla hasta ahora, de hecho no se la he enseñado aún a nadie. Pero si lo pienso bien, y mando a tomar por culo todas las estupideces, es lo único que tengo. Lo siento, lo siento por todos. Esto es lo único que puedo hacer. Cada cual lo que tenga.


|descargar archivo|

No tengo nada más.

Sentado en el borde de Madrid me escurro,
no puedo ver con claridad, es confuso.
Quién pudiera retorcer el brazo exacto del reloj,
volver atrás tanta estupidez, tanto absurdo…

Y aunque no estoy ahí voy recogiendo pedazos de Madrid,
caras sin nombre aún, palabras sin voz ya.
Y aunque no estoy ahí lo estoy, y aunque no estés ahí lo estás,
y aunque no estoy ahí lo estaré
con mis manos.
No tengo nada más.

Sentado en el borde de Madrid me escurro,
todo gira a otro compás, todo llora.
No me van a hacer odiar, bastante asqueroso es todo ya.
No me van a hacer cambiar,
no tengo nada más.

Y aunque no estoy ahí voy recogiendo pedazos de Madrid,
caras sin nombre aún, palabras sin voz ya.
Y aunque no estoy ahí lo estoy, y aunque no estés ahí lo estás,
y aunque no estoy ahí lo estaré
con mis manos.
No tengo nada más.

Y voy pensando en cada adiós que no llegó a darse jamás,
en cada beso que no va a besar,
en cada sonrisa que no va a brillar.