# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.723) | atranques (1) |

ciclotímico

O más aventuras y desventuras de un (nuevo) calvo de maquinilla. Al ir a comer a casa de mis padres mi madre comentó: «¿pero qué necesidad tenías tú de eso?» (con cara, evidentemente, de novasaligarniaunquepagues, cabrón)

Toda la mañana vegetando, mirando el techo. No se estaba mal. No me sentía mal, ni con necesidad de hacer nada. No tenía necesidad de mirar a ninguna parte en concreto. Pensaba en Paniker y en Kundera, entreverándolo con «El jugador» de Feodor. En la vida, supongo, en general. Y en particular en la mía. A veces liado con el camino deductivo y, otras, con el inductivo. Extraer leyes generales es siempre algo tendencioso y trinitrotoluénico, pero anda que explicar un caso particular a raíz de una supuesta ley general… Entonces acudía a Kundera: «lo que ha sucedido sólo una vez es como si no hubiese sucedido nunca», y después a Paniker, que diría algo así como que lo que ha sucedido una vez (o doscientas) no tiene sentido (vital) si no arraiga en una mística propia y autogenerada (y autocontrolada, no olvido). Luego, como todo era un tanto confuso y apestaba a intelectualoide, jugué a la play un rato. Luego toqué la guitarra, saqué algunas canciones de fito. Luego me duché, el golpear del agua en mi cabeza era, cuando menos, extraño. En bolas aún taquigrafié unos poemas que habían salido bajo el influjo del agua (¿de piscis?, ¿se puede decir eso de unos versos que se me ocurrieron en la ducha?, no sé, no sé…). Luego me fui a comer a casa de mis padres, no sin antes adecentar la batcueva hasta límites visuales tolerables.

Hacía sol. Era un buen día (lo es). Pensé en el gorro del Nécora. ¿Dónde lo tengo guardado? Me hará falta. Brr, qué frío tras las orejas. Comida en abundancia. Medio siesta viendo a la idiota del programa «El rival más débil». Me descubrí mirando la matrícula de una kangoo aparcada, por si era matrícula CFN. Vaya, parece ser que no aprendo demasiado de todo esto. Encuentro con el hermano de Nano, que me mira la cabeza con cara de grima. Le digo que voy a afeitarme otra vez, porque lo hice mal a ratos. Más cara de grima.

Bajaré a por unas cervezas, porque el clima arrecia y uno debe pensar en ingerir calorías del modo más agradable posible. Tengo varias historias que deben ser escritas. Bueno, que me apetece escribirlas.

Decía Kundera que el ser humano está imposibilitado para ser feliz. Porque lo que nos hace felices nos produce interés por repetir, y cuando repetimos nos hastiamos. Algo así (supongo) como la perenne novedad, y además conscientes de no deber repetir jamás, o a lo sumo un par de veces.

Bah, Kundera decía muchas cosas. Paniker es más optimista en ese sentido. Dice que sólo viviendo en un eterno presente podemos acceder a la felicidad completa de los gatos, los perros, todos ellos. Eso me convence más. Soy malo recordando, y mucho más proyectando. Decía: «la felicidad del animal que te guiña el ojo».

Consciente de, pero a la vez inmerso completamente en.

Ciclotímico. Interesante palabro. Perfecta descripción de un cuadro clínico y, ¿por qué no?, de un evanescente presente que siempre, como sea, llega a trompicones.

Bueno, al menos a la petanca sí puedo jugar.

delicuescente (en su segunda acepción)

El anticuario no puede:

– Escuchar a Grapelli relacionándolo con Familia. Escuchar a Grapelli sin más, sí.
– Ir a casa de Víctor y Leticia.
– Ver el programa ese de sexo en Telemadrid.
– En la tesitura de tener que escoger entre siete vidas y platos sucios, me quedo con platos sucios, porque aunque es funestamente peor salen exteriores de barcelona, y no del centro de madrid.
– Cantar Cada Amanecer.
– Fumar porros en el ambiente de fumar porros.
– Cocinar, aunque parezca mentira casi todos los platos que sé hacer (y son casi demasiados), duelen.
– Hoy he constatado que no puedo raparme la cabeza al cero. La multiúnica vez antes de lo hizo ella, y también duele.
– Adelgazar. Aunque en los primeros meses perdí muchos kilos, después cada gramo perdido duele, porque es lo que ella quería.
– Componer canciones hermosas. «Ceda el paso» casi acaba conmigo. Ahora me gusta tocarla, sin embargo.
– Ir a cualquier evento en el centro de madrid.
– Tomar vemuth en «el profesional».
– Salir por chueca o malasana, en especial dolor en Barbieri y La Palma.
– Acostarme en el palomar.

Creo que eso es todo. Aunque sé que eso no es todo.

(Por cierto, sitios curiosos en los que uno está)

Mejor el rastro.

Después de toda la tarde tomando cerveza (moderadamente) he conseguido grabar las veinte canciones de la nueva época, meterlas en un cd y escucharlas en la cadena del salón. No sé… algo falla… no sé… ¿los graves?, ¿un pelín más de agudos?, no sé, no sé…

Al rato me he dado cuenta de lo que fallaba, y para mi alivio era algo muy sencillo: las canciones son una puta mierda. Me suda la puta polla meterles reverb en grado adecuado o un buen delay, son una basura. Me encantaría que alguien me las enseñara como suyas, le hundiría, menudo calibre de basura. Y no sabía cómo llamar al cd, pues está claro: canciones del estercolero, por ejemplo. La mierda hecha música o, mejor aún, la música hecha mierda gracias a mí.

Después de sacar el cd del cacharro y pisotearlo, quemarlo con el cigarro, escupir en él, le he pedido disculpas a la guitarra y he empezado las obras completas de Goethe, sin introducciones ni ostias. Me merezco eso y más. Y guardo a Millás para castigos más ejemplares…

Cisneros se ha rajado, y puta la gracia que me hace no salir hoy, joder. Puta la gracia. Qué ganas de salir de mí mismo, de perderme en un ópalo iriscente de una vez, que ya es hora. Seguramente cuando acabe con esto empiece la noche, que aún es pronto, y empezará en la ruta virginal de los miércoles, sorpresivos e intrascendentes.

Y, peor aún, he tenido el teléfono de lele rondándome la cabeza todo el tiempo, porque la echo terriblemente de menos, a esa… a esa… a esa… personilla confusa y confundente. Menos mal que reconozco dónde está el daño y lo eludo, porque si no… (¡ja!, y una mierda, si no tuvieras la amenaza de Millás la hubieras llamado ya), y ahí estaba el teléfono, tan accesible… un par de teclitas, nada menos, y ya está. Mierda bendita, por decir algo. Menos mal que la noche está llena de sorpresas y mañana no curro, porque si no… Bueno, seamos sinceros, la echo mucho de menos, no creo que me divierta mucho. Conocer gente ya es algo, ¿no? Ir a ver qué se cuece ya es algo, joder, no puedo pedirlo todo. El caso es que voy tirando, joder. Pero qué decepción, veinte canciones a la mierda, excepto quizá… dos o tres, inspiradas directamente en la vida y el amor y demás heces.

Pues eso, que me voy, joder. Qué asco. De verdad. Qué asco. Qué puta mierda haber amado alguna vez. Mejor el rastro. Siempre mejor el rastro.

PS:
Por cierto. Ayer me apeteció, en un momento dado, comer un revuelto de trigueros y ajetes, así que me fui al ahorramás de turno. A medio camino note una punzada extraña, y de repente un dolor extremo en los huevos que me sentó en un banco y me puso un cigarro en la boca con una tímida colleja. Conseguí arrastrarme hasta el supermercado, comprar lo que tenía que comprar y, al llegar a casa y hacer introspección (manque baja, introspección) descubrí la costra pegada a mis calzoncillos, y de nuevo mis PELOTAS en carne viva. Qué bonito es el amor, qué belleza, dicen. Que les jodan. El amor sólo es bonito cuando no duele.