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gotas resbalando

Si un hombre comienza por permitirse un asesinato, muy pronto quita importancia al robo, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del señor, y acaba por faltar a la buena educación.

Thomas de Quincey.

Las mujeres que he conocido siempre han significado muchas cosas. El cuidado, el olor, el tiempo debido a cada cosa, el orden, el detalle. El levantarte por la mañana y que la casa huela bien aunque nadie haya limpiado nada. El que los vasos brillen y el sol entre más cariñoso por la ventana mientras desayunas. Que el coche arranque con el maullido de un gatito. Que el mundo, en general, merezca más la pena para ser vivido.

Y eso no es algo que hagan, es algo que explenden. Al menos, las que yo he conocido. Es una propiedad que desprenden de sí y que impregna todo lo que las circunda. Incluso a mí mismo, cuando estoy en el círculo. Huelo mejor, soy mejor persona. Me siento más optimista, dejo de escribir y de componer porque no tengo nada que decir, excepto que estoy tranquilo y feliz. Si yo ya apenas existo, si casi no lo hago, si soy apenas una manchita de tinta en una insignificante esquina de los días, cuando una mujer anda cerca suelo desaparecer, fundirme con el entorno, camuflarme con el color, la textura y probablemente el sabor de los muebles. Estar tan en paz con el mundo que el mundo se olvida de mí.

El olor, el detalle, el orden, el cuidado, el mimo, la sensación de que todo pequeño esfuerzo tiene su pequeña recompensa. Unas flores sobre la mesa. Gotas de agua en la bañera que me recuerdan que nada y todo y yo y ellas siempre hemos formado una sucesión de ciclos que me han dejado sin respuestas. Gotas de agua en la bañera, la toalla perfectamente doblada y colocada en su soporte, los botes de gel y champú cerrados y ordenados. Gotas de agua resbalando por las laderas de porcelana y yo mirando la ausencia de pelos en el desagüe. El leve olor a ella que se impone a los frutales de la ducha. Pequeñas pistas, migajas de ella como un hilito de pan, para que no la pierda.

Un hilo que seguir. O no. Ese es el tema. Fundirse con el mundo o seguir viviendo entre ruinas que hablan.

Hacer un modo de vida de todo esto o no. Tener fé en lo escribo, compongo, fotografío, toco o tener fé en la disolución con el mundo, la felicidad tranquila de tener un lugar almohadillado en los días. O la crisis constante de retratar las fracturas.

Es un problema de enfoque clásico. No puedes ver el primer plano y el fondo con la misma nitidez al mismo tiempo. Tienes que decidirte por alguno.

Gotas de agua resbalando en la bañera. Toco una con el índice, me la llevo a la boca. Sabe un poco a glicerina y a frutitas del gel. Y a ella.

La realidad me está mirando con todos sus ojos puestos en mí. Y no son pocos. Me pregunta de qué lado estoy.

Y yo no tengo ni idea. La gota se funde con mi cuerpo y pasa a formar parte de lo que interiorizo de ella. Con facilidad, con normalidad, con sencillez.

La realidad quiere que decida.

Pero yo sólo puedo esperar a ver dónde va todo esto.

rescate

Cuando desperté ya no estaba. Era temprano. Tenía que haberse dado mucha prisa. En la bañera, dispersas, gotas perezosas de agua cayendo al fondo, hacia el desagüe. Prisa y calma a la vez. Ya se había ido, pero se había duchado antes. Eso denota… un cierto criterio, un mapa de la situación que ella está leyendo perfectamente y… yo, por supuesto, no.

Volví a la cama para ver si me quedaba algo que pensar con este cerebro tan embotado por la cerveza a lo largo, ancho y profundo de los años. Encendí el ventilador. Puse algún capítulo de una serie en el ordenador. Me estrujé. Nada. No había nada.

No sé qué pensar sobre esto.

Sobre la silla del ordenador vi algo rojo, que al acercarme resultó ser su cinta para el pelo. Bien hecho, silla, gracias por retenerlo.

Ahora tenemos un prisionero.

Podremos negociar un rescate.

los párpados están en la cara

Me pregunto por qué existen rachas complejas en las que parece que todo va mal, y lo parece de tal modo que no suele dejar resquicios por donde entre la luz.

Época estúpida de entre los días en la que duermes estupendamente (de agotamiento, claro) pero vives peor, corres como una gallina sin cabeza de un lado a otro.

Ayer Cisneros llamando a mi puerta y yo sobao como un tarao. Ya van dos veces que quedamos y me sobo y no le encuentro y no nos encontramos y no nos vemos. Nos vamos haciendo mayores y no es el mismo aguante o…

Es que somos más sabios, menos inocentes, y las cosas nos joden más porque somos capaces de percibirlas más claramente. Cada vez nos podemos engañar menos y peor, y como el tipo de la Naranja Mecánica vamos estando condenados a ver la realidad sin párpados.

O con los párpados pegados a la frente, lo mismo da.

Según va pasando el tiempo la realidad tiene menos lugares donde esconderse de nosotros.

Pero nosotros también vamos perdiendo lugares donde escondernos de ella.

Sin embargo, me comentaba una gafapasta monina que conocí en un garito hablando sobre este mismo tema, eso le corresponde sólo a quien le corresponde. Los demás se han dedicado a engrosar la piel de los párpados hasta hacerla igual que la piel de elefante. Esos, en vez de perder lugares donde esconderse, han conseguido hacerlo del todo y ver sólo la realidad que les da la gana.

Qué estúpido y bovino, pero qué sencillo.