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ese gesto

En parte por curro y en otra por eludir un conflicto no voy a ir a la boda de dos soles de personas este sábado. Curiosa mi reacción con las bodas. Las detesto. A muerte. No me lo paso bien. Los trajes nunca son cómodos. La comida siempre es la misma. La bebida siempre entra demasiado rápido. Y como ritual es bastante estúpido, rígido y petardo. Casposo.

Pero ver a dos personas prometiendo supuestamente lo que prometen me hace sacar la mejor Candy-Candy de mí mismo. Verles comprometiéndose hasta ese punto me hace sonarme el moquete. Verles sonriendo felices me hace ir al baño a mojarme la cara con agua fría.

Me hubiera gustado ir a esa boda. Ver eso de nuevo con dos personas tan estupendas. Dos de ese tipo de gente que se lo merece, que se merece ser feliz. El otro tipo de gente merece que siempre haya una ventana abierta con un corredor de fondo dispuesto a empujarle, desde un primero, por supuesto. Sin daños pero con escozores.

En fin, que eso es lo que hay. Las bodas son detestables, pero el acto de casarse me sigue pareciendo algo increíble y sumamente improbable. Aunque se dé. Algo hermoso. Algo que sube por encima de los «que se besen los novios» de los payasos para mirarlo todo desde arriba con un aura rara.

No podrá ser, y me tomaré las cervezas aquí. Por supuesto a su salud, a la de su felicidad y a la de la belleza del gesto que hacen, lo comprendan así o no.

lo mejor de los dos mundos

Un conejo blanco con un reloj de bolsillo en la mano. Corriendo. Murmulla todo el tiempo que llega tarde a algún sitio. Mientras, en otra parte, el sombrerero loco canta una estrofa tan larga que la reina grita: «¡está matando el tiempo!». Desde entonces, el tiempo no quiere saber nada de él y siempre son las seis de la tarde. De un modo extraño y afín, me siento como un híbrido de los dos personajes de Carroll, corriendo a todas partes sin que nada se mueva en realidad.

Esto me ha salido del tirón como firma de un correo, y me ha intrigado.

el espíritu y el bruto

Mientras más cultiva el hombre las artes, menos se empalma. Se produce un divorcio más y más sensible entre el espíritu y el bruto. Sólo el bruto se empalma bien, y la jodida es el lirismo del pueblo. Joder es aspirar a entrar en el otro, y el artista no sale jamás de sí mismo.

Charles Baudelaire, en sus documentos póstumos.

Rescatado de la declaración fundacional. Hay veces que una frase te arranca una sonrisa, y eso es suficiente para darle a la palanca y ver qué se esconde detrás… o indagarlo, por lo menos.

//off
Y entre tanto adiós al agosto. Hoy es el último día. Salir a las cuatro, sentarse en el sillón con algo fresquito encima y algo fresquito dentro del vaso y leer y leer. Se va terminando ese olor a vida especial que tiene el verano. Tendré que resignarme a la jornada laboral más larga y a salir de casa de noche y a volver ya de noche. No me apetece una mierda, la verdad. Siento como si me estuvieran robando algo que nunca he tenido. O que nunca he merecido, o algo así. El caso es que, pese a todo, lo quiero.