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estoy muy feliz

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Estoy sumamente feliz. Por ciencia infusa he conseguido que el calendario se muestre correctamente y, lo que es aún mejor, que al final de las páginas aparezca un «página anterior» y un «página siguiente» que me permite acortar a cinco los post por página sin que se pierdan post en el agujero negro del b2. Eso agiliza la ostia la carga. Además (juajuajua) he conseguido que todos los post lleven la alineación justificada.

Un hombre, en el camino oscuro e industrial que va de mi curro al puto alcampo (seis litros) me ha preguntado por una calle. Casualmente no sabía dónde estaba (nunca lo sé) y le he mandado a donde yo creía que era a tomar por culo. Pero la memoria me ha gastado una mala pasada, y luego he recordado que el lugar a donde le he enviado es justo a donde él quería ir. Joder. En Alcampo unos chiquillos con acento americano me han preguntado por las mejores cervezas.

¿Es para dudarlo?

NO, joder, ¡Cruzcampo! (que se jodan los putos yanquies y me dejen a mí las mahou).

Luego he caminado media hora con mis seis litros de mahou (a los yanquies les dije que pagaba un colega, y que en su gusto deformado la mahou era la mejor). Infinitamente triste por el camino. Pesaban las cervezas (el asa de las bolsas se clavaba en la mano). He llegado a casa y me he puesto a los piratas (tortura, la misma canción una y otra vez repetida por todas partes). Es ya tarde. No ha venido nadie. Nadie está aquí (sólo quiero a una persona). Que se jodan todos, el hombre de la zona industrial y los putos yanquies. Ellos no están jodidos.

Y si lo están, yo no lo sé.

Examinemos la situación: doce y algo y nadie a la vista (¿llamar a koldo?). La canción de los piratas con el repeat. Dos litros de cerveza (casi), lágrimas que no molestan (son ya casi como las cejas, están siempre ahí). Meteré diciembre hoy en la bitácora. Seguro. Y un litro más, al menos. Y casa, y no tele, y no lele, y no nada. Putos yanquies. Les hubiera hecho un favor, puta cruzcampo, se van a morir. Muertos por un estúpido sentimental que se muere.

Supongo que cosas peores se han visto.

la experiencia estética

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Uno de los rincones de la casa.

DEFCON 1. Terminal. Sólo han hecho falta dos comentarios inopinados de vic. KO. Paso.

«Excluido del conocimiento el olfato lo será también de la estética. Lo bello se constituye entonces tambén en un non olet primordial; el que marca la alquimia de la circulación, de las mercancías, del signo. El origen de las fortunas, el fango, no consiguen transpirar bajo la máscara atractiva de la Sra. Lanty. Es necesaria una condición ya verificada mucho antes en la experiencia de la lengua y de la ciudad: que lo bello no huela. La exclusión es definitiva cuando los dos términos del enunciado son permutados de forma que lo bello no huele equivale a no hay olor bello que es la forma que toma el rechazo de lo excrementicio en el discurso de la estética, el de Kant principalmente».

Dominique Laporte. Historia de la mierda. PRE-TEXTOS. Trad. Nuria Pérez de Lara. 3º edición 1998.

Esto apesta, joder. Olvido el mechero en todas partes. Tomo aire y trago CO2. Una foto bonita. La casa es bonita. Tengo un agujero. Tengo pupa. Mucha pupa. No me lamento. No me detengo. Sé dónde está lo que me importa (detrás de una vitrina opaca). Alguna vez deberán pensar que si sigo en lo mismo es…

porque es lo que existe. Porque es más fuerte que yo mismo. Es mucho más fuerte que yo. Es la condición sine qua non de la mismísima existencia, de la porción de ella encarnada en mí. ¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que algo es inextricablemente real, hasta el punto de volatilizar lo demás si deja de existir? Pues ello es.

Tomaré unas cervezas, escucharé a los piratas. Me sentaré a comer luego y fumaré largos cigarros patéticos. Tomaré café, seguramente. Seguramente miraré el teléfono. Compondré una canción, algunas más. Escribiré algunos poemas e intentaré un relato y me perderé, me perderé luego en el fluir de las cosas mientras mi misma vida está en otra parte, unida a mí por débiles hilos de bramante (qué más da el bramante?, mejor si fuera goma elástica que tirara de ella hacia mí). Esto es un sueño. «No me importaría morirme ahora, porque no me queda nada», cantan los piratas. Todo da vueltas (¿la cerveza?), todo da vueltas y hago un poema (¿caduca aquí la sesión?). Habla de naa. Me voy a bailar al salón y abrazo la planta, echo agua al acuario, bailo por todas partes, le doy una patada a la mesa, me tiro al sofá y me levanto, estoy inquieto. He cogido unas ceras y me he pintado el cuerpo de rojo, azul, amarillo… símbolos inventados de fertilidad, o de bonanza en la caza (estoy por salir así y cazar un mamut o una rata, en su defecto), al mismo tiempo fumo, bebo y escribo poemas. Como un gilipollas pintado con un litro de mahou y largos cigarros patéticos, en un festival a la vida que no está. Todo ello. Vueltas, brincos, patadas. Cera que se corre con el sudor. Una masa gorda girando y retorciéndose en un salón tan bonito. Una masa menos gorda ya que antes reconcomiéndose, huyendo a los gritos (pobres vecinos) y los saltos.

La estética nos salva. Esto es precioso.