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mitos

La realidad es fría y descarnada.

Llevamos un par de milenios intentando aclararlo todo.

Nos queda el espacio, el fondo del océano.

Ahí todavía hay mitos.

Pero en el resto de las cosas ya no hacen falta.

Y no nos damos cuenta de que sin los mitos la realidad se enfría y se empegosta. O nos damos cuenta, pero como ya conocemos no podemos volver atrás. Necesitaríamos generar mitos para que todo vuelva a tener la carne, la ilusión, la fuerza de antes. A veces nos salen. Convertimos una noche en algo mítico, una canción puede llevarnos al éxtasis. O un buen libro.

Entonces todo parece tener más sentido, aunque el carácter innegable del mito no sea otro que falsear las frías aristas de lo real con la fantasía de la imaginación. La realidad sin mito no merece la pena. Convertir todo lo que nos rodea en grande, en único (aunque ya es grande, ya es único, pero la razón procede por identificación para llegar al concepto, lo único que le interesa, y claro, al hacerlo prescinde de lo diferente, de lo que no permite una formulación universal).

La noche del mito, el día del mito. Es más, la lavadora del mito, la vida mítica. Es un cristal, nada más. Pero se gana bastante con él. Ya no hay en el rutina o nada. Hay emoción y vida en cualquier acción.

La realidad no es fría ni descarnada.

Llevamos un par de milenios confundiéndolo todo al simplificarlo.

Nos queda todo por recuperar.

Hay mitos por todas partes.

Y en todas ellas hacen falta.

diccionario guanche-godo

Pronunciación

Seseo
Las c y z son pronunciadas de forma parecida a la s (pero no igual, hay una sutil diferensia)
Las s, en el medio y al final de lah palabrah, se aspiran suavemente.

Uso de la che
De las cosas que mas sorprende a un godo es la pronunciación de esta letra con un sonido cercano a la y, además de su uso en infinidad de palabras (Guanche, muchacho, guachinche, chibichanga…).

Aspiración de la h
Se hace sentir esta letra (para algo se pone, oh!) raspando un poco, como una j suave (ej. jediondo).
A su vez, la j no se pronuncia tan fuerte.

Unión de la de la `s’ última con vocal
Se enlaza la s final de las palabras con la vocal siguiente: me pican lohojos (los ojos).

Diccionario guanche-godo.

marionetas

No tenía tiempo para sonreír, todavía no. Rasqué la cerilla sobre la raya blanca del suelo y encendí el cigarro con ella. Para eso estaba. El cielo, de un azul intenso y pastoso, derrochaba brillos eléctricos sobre tu mirada perdida. No sé dónde mirabas. Fumé en silencio mientras te observaba, callada tumbada en el asfalto negro. ¿Quién serías? ¿De dónde habrías salido? Seguramente tendrías padres y hermanos, supongo que compañeros de trabajo y amigos, y manías, y suciedades en el recuerdo, y polvos mal digeridos en tus entrañas a la vez que viajes extáticos al limbo del orgasmo. Fuegos artificiales, dicen las series americanas. Supongo que habrás visto de esos. He terminado de fumar, así que enciendo otro. No dejan de pasar coches. No tengo tiempo para sonreír, todavía no. No creo haberte preguntado cómo te llamas. Tengo una libreta y escribo esto, por si hace falta luego. ¿Qué pensarás? Me dejas atónito, petrificado en la curiosidad, me dejas confuso, el cigarro sabe bien después de tanto tiempo. Tenías tabaco en el bolsillo, ha salido disparado varios metros lejos de ti. Previsora, tenías las cerillas dentro. La bicicleta está en el suelo en una postura imposible, como una marioneta en la silla después del espectáculo. ¿Qué coño miras? Creo que no voy a saber nunca lo que encierras, pero me encontraría bastante bien entre tus suciedades y tus alegrías, pienso. Me das un poco de rabia, tumbada tan tranquila. A mí me dejas explicar esto, seguro que puedo denunciar al ayuntamiento por la evidente peligrosidad de esta mierda de carril-bici en las incorporaciones y las salidas. Al ayuntamiento o a la comunidad, o a quien sea. Seguro, pero tú estás ahí tumbada, relajada, tranquila, laxa. Cómoda. Creo que te has ido en el mismo instante en el que se cruzaron las trayectorias. Eso está bien, dentro de lo que cabe, pero me has dejado sólo. Si estuvieras moribunda al menos podría cuidarte, ponerte una chaqueta en el cuello, darte un poco de refresco de la lata, limpiarte la cara con mi pañuelo. O rezarte algo, yo qué sé. Tu expresión es plácida, tranquila, algo bovina. Malditos domingos, sólo traen placidez estúpida. Por fin ha parado alguien, es un Ibiza azul, estúpido coche, diez minutos de soledad compartida contigo. Le voy a dar la libreta a quien baje y me parece que voy a perder el conocimiento. Mala suerte, supongo. Mierda de azul pastoso. Recalcitrante, sigues mirando. No sé qué miras. No sé qué hubo ahí dentro. Mierda de ayuntamiento, o de comunidad, o de país, no sé. Te cojo un cigarro. Es el último. El del Ibiza me está gritando algo. No entiende nada, el tarado. No quiere coger la libreta. Está todo aquí. He terminado. Sólo tiene que cogerla. Yo ya no tengo tabaco. He vuelto a fumar. A Marisa le va a dar un vuelco la vida cuando se entere de todo esto, sobre todo de lo del tabaco.