# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.720) | atranques (1) |

taradólogo

No contestamos. Fuimos hasta el bulevar y entramos en un almacén que vendía chicle. Compramos varios paquetes y nos los metimos en la boca. A él le preocupaba que su madre lo descubriera. A mí no me preocupaba nada. Nos sentamos en un banco del parque mascando chicle, y yo pensé, bueno, ahora sí que he encontrado algo, algo que me va a ayudar en los días venideros. La hierba del parque parecía más verde, los bancos del parque tenían mejor aspecto y las flores lucían más. Quizás aquella bebida no fuera buena para los cirujanos, pero el que alguien quisiera ser cirujano ya indicaba que no estaba bien desde el principio.

Ch. Bukowski. La senda del perdedor.

Y qué. Qué coño más dará. Los días se siguen sucediendo, pase lo que pase y llueva lo que llueva. Por las mañanas siempre es la misma imbécil alegría y más o menos el mismo café, casi siempre en la misma taza y regar las plantas en días alternos, echarse una ducha y largarse al sindicato. Un neurocirujano ve cerebros enfermos, un ginecólogo ve coños enfermos, un tipo en el sindicato no sólo ve gente jodida por la empresa, sino también tipos listos que van por ahí paseando sus egoísmos y llenos de ganas de cargarse de argucias legales para joder a unos o a otros.

A veces ves a tipos jodidos y te dejas la piel sólo para comprobar, al final, que eran unos listos. A veces ves listos que, en el fondo, sólo son tipos jodidos, acorralados, como gatos panza arriba que buscan llevarse algo entre las uñas antes de que les destripen de una vez. A veces no ves nada y te vas a comer, y descubres que no tienes para pagar. Te invitan, pero eso no te alegra el descubrimiento de que eres un muerto de hambre. Luego vuelves y una legión de tipos listos te esperan en la puerta. Lo justo hace tiempo que dejó de ser un criterio. Luego entablas conversaciones con la empresa y te das cuenta de que a ambos lados sólo hay tipos listos.

Y tú estás en medio, y poco importa lo que tú consideres justo.

Hay un trabajo que hacer, y lo haces.

Por allí hay un tipo que no sé da cuenta de lo bueno que es, y se limita a pasear su cinismo a manos llenas por las salas y por los despachos. Se prodiga como si no tuviera que reservarse nada, como si todo lo que tiene debiera ser compartido porque es común. No se da cuenta de lo que tiene entre manos. No tiene ni idea de lo bueno que es. Siguen pasando los días y no se da cuenta, no sé si deprimido pero sí triste, como si nunca hubiera hecho nada realmente bueno. Uno observa y aprende, en la medida de lo posible. Observo, veo, entiendo, comprendo, retengo. Mucho bueno, tanto bueno que no se puede asimilar en un par de meses de mañanas de estúpida alegría. Me levanto de buen humor. Luego el día me va jodiendo, hasta que me acuesto hecho una furia.

Por eso no duermo.

He visto a tipos duros como el acero partidos por la mitad por la misma vida, que no avisa. Simplemente, llegado el momento, jode. He visto a tipos como juncos, que siempre tienen respuestas. Sé que es más eficaz la segunda postura, pero no sé porque admiro siempre a aquellos que son el cuerpo de la primera. Tipos con valores como genes, que modifican el mundo sin que el mundo pueda tocarles un pelo. Por eso les parten por la mitad. Qué grandes.

Uno de esos tipos me dijo hoy: «nunca has sido feliz». Y qué. Qué coño más dará. No es culpa de nadie, ni siquiera mía. Lo han intentado. Lo he intentado. Déjame a mí con mis trampas, que al menos son mías. A nadie le debe importar demasiado.

La gente siempre debiera ser como es.

linealidad del tiempo

Era, era, era curioso como Merayo y yo mismo estábamos charlando con entusiasmo sobre nuestros asuntos sentados adocenados adunados colocados especiados en el mismo sofá en el que ayer mismo, que fue el mismo ayer de ayer mismo, tú y yo o nuestras recreaciones físicas se abrazaban dándose cariño o amor o amor o llamar a amor al amor mismo como si fuéramos capaces de prenderlo en un alfiler de entomólogo, era curioso vernos vaciar litros mientras charlábamos mientras mientras mientras como en una disrupción empática o una disgresión cognoscitiva o una disfunción endocrina (hormonas, hormonas, hormonas) o una discordancia cognitiva yo te veía ayer con el trina de limón y los doritos y los doritos y el trina de limón cabeceando de uno a otro sofá para encontrarte o desencontrarte conmigo, lejos o cerca de mis abrazos como un coco desafinado y fuera de tono que empieza a comprender que lo que dice va más allá del gag televisivo. Y era curioso porque todo y las cosas y el todo que son las cosas me decían que se habían trocado las palmeras en lágrimas, que en la misma escena es mucho más que posible que se representen obras de teatro diferentes disyuntas di di di di di di di diametralemente sin tener nada que ver la una con la otra (y ahí está mal traído lo de diametral, porque lo diametral es opuesto pero siempre en la misma línea, como si yo mismo fuera una línea en la que el tiempo de lo que me sucede se prende en un algo coherente y, de algún modo, sitiado o en un sitio o lugar), cuando en realidad lo que dicen o se dice que sucede es que el tiempo transcurre de forma lineal y el hecho de que yo esté aquí, hoy, es circunstancial y nada o poco tiene que decir sobre el hecho fáctico (retraída facticidad de la existencia, enmarcada de uno u otro modo en el concepto y/o ansiolítico de lo existencial) de que mañana esté en otra parte, o no esté, o no quiera estar, o me desligue de una realidad circundante inexpresiva y/o anabolizante (extremos diametrales, de nuevo: inevitable).

Y ahí estaba, en el sofá, acordándome de que la realidad, sin desmerecer lo presente, era bien distinta.