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No entendía

Y no entendía cómo poder
seguir siendo así en el espacio
y
el
tiempo
corrompido
del mantenerse vacío
en un rictus estúpido e incomprensible,
en un llanto silente autoproclamado de
engaños.

Y él no entendía cómo
volvía cada
día
a comprar pan y ajo,
la carne y la fruta y el
pescado. No se entendía
a sí mismo en eso porque era
imposible hacerlo. Estaba serenándose
en los movimientos rutinarios
que le dan el tibio sentido a la vida
de no
carecer
de lo necesario.

Y aunque no lo entendiera
era algo.

Esto

Esto es lo que tú querías.
Era esto.
Andabas perdido buscando en los bares
y en los cementerios
respuestas que amoldaran con
el pensamiento y,
pensabas,
desgastabas los zapatos en
pasos necesarios.

Seguías seduciendo una realidad
fácil que no deseaba eludirte.

Quisiste entrar lo suficiente como
para no darte cuenta de que ya
estabas
dentro.

Querías lo que aguardabas y mirar lo
que ya tenías
no era opción alguna.

Sólo la inocencia.

Te diría «te quiero»

Y por eso
(y sólo por eso)
hago esto no debiendo
hacerlo
no estando capacitado
no queriendo.

Porque si todo fuese
de otro modo no
reventaría de esta forma
no tendría que hacerlo y
quizá hiciese
arte,

y te diría
te quiero
no exactamente como ahora lo
hago.

Quizá no sería un sentimiento
velado.

Vámonos a ver a alguien.
Dime que esté agusto
sin beber,
que hable de todo un poco
y comente la política y el tiempo,
dime que te rodee con mi brazo y
que ría los chistes
mientras…

No puedo casi ya más.
O ya casi no puedo más.

Ya sabes:
B.A.R.