# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.724) | atranques (1) |

manos y vida y escondite

Iba conduciendo por Sunset, ya de noche, cuando me detuve en un semáforo y vi en una parada de autobús a aquella pelirroja teñida, de cara ajada y brutal, empolvada, pintada, que decía: «esto es lo que nos hace la vida».

Charles Bukowski, Porquería de mundo. Música de cañerías.

La época de cambios se avecina. No por nada en concreto, sino por todo en particular. Cambio de planes que me ha dejado la tarde libre. El aire huele diametralmente diferente. Ni siquiera parece aire.

Hablé con G, estuvimos charlando en el parque en el que Canta se casó hace algún tiempo. El mismo parque, todo lo demás diferente, extraño, extrañamente ajeno, como si me hubiera ido y hubieran construido rascacielos encima. Pero no lo han hecho, todo sigue igual. Parece que el proyecto con G. va tomando forma, me lo comenta mientras vemos comer a los patos y el techo leve de hojas es mecido por la brisa. Todos los proyectos parece que van tomando forma. Quenosvamosdeboda.com va cogiendo color. El tema de Víctor va de viento en popa. Está lo del «serial killer», que bulle de ideas. Y más cosas de las que no debería hablar aún. De hecho, ya he hablado de más.

Es… al menos algo raro para un tipo acostumbrado a perder.

Claro que, en la definición habitual, ganar es algo más vinculado a los resultados que al puro proceso.

No culpo al mundo. No conscientemente. Los ganadores quedan especialmente bien en las fotos. Uno es un tipo gordo y con pelos de señora que no queda bien en ninguna parte. Cómo competir.

Un resultado positivo y favorable es lo más cercano a comer regularmente. Y caliente.

Pero… ¿y todo lo que se aprende en el proceso, aunque al final se pierda?

Eso no se contabiliza en bocadillos, lamentablemente.

La victoria es un asunto sobrevalorado, ya lo sabéis. Yo simplemente voy añadiendo matices. Puntualizando la explicación. Reafirmándome completando. La victoria es una consecuencia fortuita excesivamente ponderada.

¿Cuánto de La cosa muta hay en quenosvamosdeboda, y cuánto de quemecasoentrujillo? No podría definirlo. Para eso no soy el tipo. No contabilizo.

No soy ese tipo de tipo. Yo voy haciendo cosas. Voy disfrutándolas o no. Unas retroalimentan a las demás, las demás a todas. Después le sacas una sonrisa a alguien porque le das más o menos lo que necesita. Y la sensación es grande.

De otro modo: hacer algo con tus propias manos.

De otro modo: hacer algo casero. Lo bueno no puede competir con lo casero. Lo casero es mucho más cercano.

Se toma menos distancia del esfuerzo.


De fondo.

Aún a veces me pregunto qué manos estarás tocando con tus manos. Y me lo pregunto porque tus manos fueron la victoria durante mucho tiempo. Después no fueron suficiente. Después no fueron nada. Y así, de ese modo, se extinguió lo que nos había retenido juntos durante unos años. Al final, entramos en barrena, en caída libre. Pero esas manos siguen siendo tus manos. Y de algún modo, en algún retorcido sitio o en algún poro invisible, siguen siendo nuestras manos. Quizá incluso es posible que haya una escama mía contumaz en alguna parte de tu piel. Aunque la disolución sea tan enorme que mi porcentaje de existencia en tu cuerpo sea igual a cero. Redondeando, claro.

La victoria dejó de serlo cuando olvidamos las derrotas que la habían construído. Quiero sacarle una foto a esa frase, pero no soy capaz. Esa frase es, de algún modo, el quid. Más pedante y petulante: es la quiddidad misma.

Tus manos fueron preciosas mientras fueron una consecuencia de. El antecedente se cubrió de niebla, y las manos perdieron el sentido. Eran sólo manos. Y de repente. Y para siempre. Y cómo lidiar con eso.

Esas manos que ahora ponen lavadoras, pelan pipas, enchufan el ipod y le dan al play. Esas manos que arrancan el coche y cogen la palanca de cambios para meter primera. Esas manos que ajustan el elástico de la braga para que no quede retorcido al salir de la ducha por las mañanas.

Ese tipo de manos.

Esas manos me pasaban litros en Malasaña, me acariciaban el pelo, abrían la puerta de casa. Esas manos ahora tan ajenas, como si me hubiera ido y hubieran construido rascacielos encima. Pero no lo han hecho, todo sigue igual. Siguen siendo manos.

Si sabes algo, sabes de lo que estoy hablando.

De otro modo tu vida no ha merecido la pena. Parece radical, pero te juro que es sensato.

Los proyectos van y vienen, y ahora la importancia de tus manos ha mutado en otras cosas y recobrado formas que ya no recordaba y adoptado nuevas que jamás conocí. La vida guarda celosamente un secreto, y es que jamás vas a ser capaz de apresarla.

Cuando todo parece terminado, otra cosa comienza. La vida juega al escondite y te enseña un brazo cuando estás a punto de aburrirte. Cuando estás a punto de tirar la toalla, de meter los ojos para dentro.

Pese a todo, algo de lo que siempre fue siempre permanece. Imprimado en la retina, presupongo. Como si la retina se fuera llenando de impurezas (en lo tocante a la visión) o purezas (en lo que respecta a la experiencia).

Tengo millones de recuerdos que a veces me hacen aullar de dolor y otras amar como un bestia.

Y esa es la definición más precisa que he conseguido hacerme de la vida.

De hecho
es la única que he conseguido ver a ratos.

flashes

En los talleres la torre, gente sin un pavo desmontando embragues.

En la cola para pagar, un tipo enjuto y con un mono, de unos 60 años, preguntando si le podían hacer un descuento porque esa bandeja de maletero no era para su coche.

Los padres de zentu invitándome a comer parrillada como si fuera lo más sencillo y lo más normal del mundo. Sonriéndome. Siguiéndome la conversación. Gente feliz.

El padre de zentu reventándome con la bici.

En el Juan Carlos I, un tipo gordo como un torreón con una nikon como la mía cuidando de sus hijos, asfixiado.

Mi hermana pequeña ensimismada con el infinito y yo deseando ser capaz de entrar en su cabeza.

Las grapas de la pierna de mi madre que me miran estrábicas.

El coche con retrovisor nuevo que parece de nuevo un bólido, sin razón aparente.

El dolor de culo de montar en bici de nuevo.

Zentu desmontando la puerta del coche, arreglando el problema y volviéndola a montar.

Todo el mundo haciendo fotos con mi cámara, y yo sin ganas de hacer fotos. Sentirme agradecido.

La vida es eso que pasa mientras no estás escribiendo en el blog. El tema es que a veces la vida transcurre a un ritmo que es imposible capturar después al escribir todo el lujo de detalles.

Cisneros que me cuenta cómo le va la vida.

Me tomo unas cervezas con Merayo, torturándonos con intereconomía.

Qué riqueza. Que cantidad de cosas.

Cómo fijar todo esto, cómo lacarlo, cómo cristalizarlo, cómo solidificarlo. Cómo hacer una fotografía de todo esto.

Ya sé. Con algunos flashes.

nacido del amor

Hoy estaba hablando con mi madre. Estaba intercambiando unas palabras con ella. De repente me dice:

«Nunca he entendido eso de que cuando te mueres ves pasar tu vida entera».

Bien.

«Pero el otro día vi pasar mi vida entera».

Mal.

«No sé si lo soñé, vi pasar toda mi vida ante mis ojos».

Ejem.

«Y cuando me desperté lo tenía todo anotado en un sobre que tenía en la mesilla».

No sé si bien o mal.

«Y os vi a todos, excepto a tu padre, no sé por qué».

Mi madre es ese ser repugnante que trató tan mal a mi padre. Ese ser que al verle despierta todo mi cariño, contra toda mi voluntad. Cuando aún pongo algo de voluntad en ello.

«Vi a Maricarmen, pero no vi a tu padre».

Maricarmen es una amiga de toda la vida, pero que yo sepa jamás se casó con ella. Con mi padre sí que se casó.

«Y te vi a ti, recuerdo que cuando te vi entendí el amor. Amé por primera vez».

Fuego.

«Viniste con prisa, quince días antes. Me encontré con Rajo en el ascensor y le dije que ya venías. Él me dijo que era pronto. Después de examinarme, preparó un paritorio».

Buen tipo.

«Después naciste y te vi, y entendí el amor».

Nunca es tarde.

«Tú para mí eres el amor. Había amado antes, a mucha gente, pero nunca así».

Lo que supone un montón de ciertas posibilidades: cuando me ve ve el amor; cuando me hace la comida y yo llego tarde y me disculpo pero nunca bien y a veces borracho y quizá sólo llegue seis horas tarde y aún así está todo calentico cuando llego, ve el amor.

Hasta hoy había deseado lo incondicional del amor. Con ganas.

Y ahí, recuerdo. Recuerdo varias cosas. Una que mi madre está loca. Ve cosas en sueños y les da carácter tangible.

Con ese tipo de locura que supone todo lo que no me hace avanzar en las cosas de la vida.

Yo estoy loco, supongo, del mismo modo.

Igualmente.

Recuerdo cosas que no he visto. Que mi madre con 27 años conoció el amor cuando vio mi cara de mierda de tío después de asomar entre sus piernas.

Duro.

«Tú, para mí, siempre has sido el amor».

Yo nunca he sido el amor. Yo nunca seré el amor.

Nada más lejos de mi idea que ser el amor.

No he sido el amor para nadie. Ni puta falta que hace.

Salgo a la puta calle.

Entero, saludo hacia la ventana en la que sé está mirando y doblo la esquina.

Me enciendo un cigarro.

Hay un banco en el paseo. Me siento.

No tengo ni puta idea de por qué.

Ni tampoco cuánto.

Yo sí amé a mi padre. Aún le amo.

Me hago a la idea de que está a mi lado en el banco, echándome un abrazo.

Pero no hay nadie.

Después, cuando me levanto, tampoco hay nadie.

Y nadie me despide al otro lado cuando me marcho.