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lunes

Es lunes y nada encaja. Me gustaría decírselo a alguien, pero no hay nadie realmente cerca. Por lo que recuerdo sigo viviendo voluntariamente sólo. En mañanas como ésta creo que podría llegar a revisar lo de «voluntariamente», porque es cierto que hay momentos en los que nada parece encajar y es más fácil digerirlo mientras lo vives con alguien. No queda café, por ejemplo. No soy muy bueno con la intendencia, la verdad. Lo comprendo. Pero tampoco me gusta abrir el bote y ver que está vacío. Me gusta menos aún saber que fui yo quien lo vació del todo, y no tuve la decencia suficiente como para comprar más. Odio al yo que abrió este bote por última vez. No consigo encender el calentador. Un prodigio de tecnología. Ni siquiera hace falta un mechero para encenderlo. Simplemente enchufarlo y girar un botón. Y no enciende. Una persistente luz roja sí que se enciende, justo quince segundos después de abrir el grifo del agua caliente. Y me pregunto, ¿por qué me mienten? ¿Por qué me dicen que es tan rematadamente sencillo pegarse una ducha en condiciones? Consulto el manual en internet y me dice que la luz me está gritando que el gas no llega. Salgo a la terraza y veo que la llave esta abierta. La de dentro también. No sé qué cojones pasa. Me siento en el ordenador otra vez y compruebo que estoy al día con las facturas. Huelo a sobaco que tiro de espaldas. Y a tabaco. Y a resaca, a cerveza rancia, y a semen. Cerveza seca por todas partes. He pagado. Las llaves están abiertas. El calentador es un prodigio de tecnología humana. Y yo sigo sin una puta ducha caliente. Y sin café. Me quitó las legañas con agua fría y en el bidé se despedazan unos calzoncillos que no son míos. Ecos de otras guerras. En el espejo un tipo que como yo no está en sus mejores días me sonríe con un diente mellado. Yo no tengo fuerzas para sonreír. Pero lo estoy haciendo.

Vuelvo a la cocina y desenchufo el artilugio del calor de la pared. Giro todas las llaves. Las vuelvo a girar. Lo enchufo de nuevo y abro un grifo. No hay luz roja esta vez. Pongo la mano bajo el chorro y está benditamente caliente, y me entran ganas de llorar. La casa está hecha una puta mierda. Es pura mierda. Hay mierda por todas partes.

Y entonces me acuerdo del café de emergencia.

Ese paquete que escondí en los armarios.

Lo encuentro.

Lo abro, y huele. Ahora sí estoy llorando.

Por un segundo todo es perfecto.

Y si me sale de los cojones puedo quedarme con ese segundo para siempre. Y a ver quién es el guapo.

Echo agua en la cafetera, café en el cacillo y cierro bien, y lo pongo todo al fuego, la santísima trinidad del despertar. Tres minutos después el agua se desparrama por los fuegos. Lo dejo hacer. Un rato después lo retiro del fuego y hay un dedo de café asqueroso, que mezclo con leche. Pongo la cafetera bajo el agua hasta que se enfría y entonces la abro.

La goma está destrozada.

Siempre me maravilla la cantidad de sentido del humor que hace falta para seguir vivo. Algún día la vida encontrará mi límite, y no sé qué será de ambos entonces.

Susana entra con el cuerpo en la cocina y la cara en otra parte y farfulla un buenos días apagado.

– Mmm – continúa – huele a café.

– No te hagas ilusiones, no es más que una mierda.

– Pero café, ¿no?

Reparto el contenido de mi taza en dos y le tiendo una.

– ¿A quién te follaste anoche?

– A ti, si no recuerdo mal.

– Quiero decir en el baño.

– Ah, eso.

– Espero que no fuera a Luis, bastante tiene ya Cristina con ese coñazo de timideces que se traen entre manos.

– No, fue a Dani. Recuerdo que entró en el baño cuando yo estaba dentro y… no mucho más, la verdad. Oh, espero que no te importe.

– No podría. Tendría que estar siempre jodido. Sólo me pregunto si… si te lavaste después.

– Joder, ¡no seas bestia, usamos condón!

– Todo un alivio…

– Me alegro.

– …excepto porque no es un alivio en absoluto. Anoche bajé a dar una vuelta por el casco antiguo.

– Ya.

– Necesito una puta ducha. ¿Puedes meter pan en la tostadora?

– Es lo menos que puedo hacer.

– Eres una santa.

– No hay nada que no sea capaz de hacer por ti, cielo.

Y abrí los grifos que me daban agua templada, el único invento realmente remarcable de la humanidad, y vertí rápido gel en mis manos. En una hora tenía que estar en la sala de exposiciones con Gema. Y bajo el chorro dejé que el desagüe se hiciera cargo de todo mientras el olor a pan caliente entraba bajo la puerta y despertaba del sueño a todas y cada una de mis arcadas, porque hoy es lunes y nada de nada encaja.

la paradoja de una iglesia humana

El problema, como dijo el Obispo de Solsona en la SER esta semana, es conseguir que la gente acepte a dios como guía de su proyecto de vida; lo dicho: autonomía de pensamiento o sumisión.
jorgedioni

La historia de la religión católica es una historia de sangre. Bueno, pueden contestarme a eso que todo lo es en la historia de la humanidad. Y eso, seguramente y sin entrar muy al fondo por si hay goteras, puede ser meridianamente cierto. Pero lo que es igualmente cierto es que no todas las instituciones humanas parten de unas premisas tan anti violencia (y de otro detallito del que hablaré después). Aunque es cierto que la biblia es uno de los libros más gores que se hayan recopilado jamás, también lo es que los paradigmas de esta religión son apodícticamente claros en la no violencia. Y ahí termina precisamente la falta de agresividad de la religión católica.

A partir de ahí los desmanes y las sangrías serán constantes. No voy a hacer un repaso, aunque debería. Y no lo voy a hacer porque me indigna el dicho: «a dios rogando y con el mazo dando», y me indigna precisamente porque es tremendamente cierto. Pero qué se puede esperar de una institución que puede absolver un asesinato pero que considera el divorcio como una excomunión «de facto». Lo que viene a decir que a los ojos de dios es más tremendo divorciarse que matar a alguien. O al menos más perdonable lo segundo. Piénsatelo, católico, porque si te divorcias de tu conyuge estás fuera de nuestro club pero si lo asesinas… ya veremos. Podemos perdonar eso. El divorcio no. Al fin y al cabo qué suponen unos añitos en la carcel en comparación con el infierno a perpetuidad…

Esperanza Aguirre fue ridiculizada porque dijo: “Estos señores que se manifestaban deberían saber que los valores que el cristianismo ha traído a Occidente y al mundo —la igualdad entre seres humanos, la dignidad de las personas, la libertad, la piedad, el sacrificio, el preocuparse por los demás…— son todos positivos. Todo lo ha traído el cristianismo, que no se crean que lo ha traído Carlos Marx.” Y me pregunto si debo añadir algo a eso. Como poco me parece una exageración eso de decir que el cristianismo sólo ha traído valores positivos a occidente… a menos, claro, que reformulemos lo que es un valor positivo. A lo mejor nos está diciendo que la pederastia lo es, por ejemplo, y reconozco que no lo ha traído la iglesia, pero sí ha difundido su uso… o que la Inquisición repartió valores positivos por doquier que incluían el asesinato… hagamos la prueba:

Si tu alma es inmortal y tu vida en la tierra es temporal, cualquier cosa, y digo cualquier cosa, que deba hacer para salvar tu alma inmortal estará justificada, y no será propiamente un asesinato… aunque incluya de hecho terminar con la vida de tu cuerpo mortal. Qué suponen de nuevo unos añitos comparados con la salvaguarda del resto de tu eternidad (aunque no sé muy bien cómo casar esto con el «no matarás»). Esto no me lo estoy inventando. Esto ha pasado.

El gran problema de la religión católica es, y no me cansaré jamás de decirlo, el dogma de fé cimentado en la emanación de dios (éste es el otro detallito al que aludía al principio). Esa simple armazón destruye los intentos de llevar una conversación en la que se puedan debatir los puntos de interés, porque si me responden que es dogma de fé se termina el diálogo.

El problema es que si no puedo razonar con alguien pierdo el interés, y lo pierdo porque se agota inmediatamente cualquier forma de acuerdo o entendimiento que no nazca de aceptar por mi parte el mismo dogma, que como es un dogma es indemostrable y, por supuesto, no matizable ni mínimamente. Me aburro. Me marcho. Me lío un cigarro.

El resto de instituciones humanas son justo eso, humanas. Y cometen errores. Pero todas parten del ser humano y trabajan con él, así que eso es más que normal. En homilia.org, ante la pregunta de por qué la religión católica es la verdadera, leemos:

Porque es la única religión fundada por Dios mismo. Así de simple y sencillo. Todas las demás religiones, monoteístas y politeístas, cristianas y no-cristianas, anteriores y posteriores a Cristo, han sido fundadas por hombres, no por Dios.

Hay personas buenas y sinceras en todas las religiones, pero la buena intención no puede cambiar la Verdad. En realidad, en cada religión hay verdades parciales … además de muchos errores, sobre todo en algunas … pero la plenitud de la Verdad, la Verdad completa, está en la religión Católica. Además, la Verdad es una sola y lo que es contrario a la Verdad no es Verdad.

Así de sencillo, nada menos. La verdad es una sola. El principio de no contradicción: ¬ (A ^ ¬A). No se da que algo sea algo y un no-algo simultaneamente. Entonces, si la iglesia emana de Dios y sus actos emanados son contrarios a dios, estamos en un lío. En cualquier otra institución se puede decir: «es que el tipo tenía un mal día», «es que estaba con el bocadillo», «es que su hija no le deja dormir por las noches», «es que estaba confundido y no supo reaccionar». Pero no en la iglesia que emana de dios. No podemos decir «es que ordenó la muerte de los infieles porque andaba mosqueado con su mujer». Porque si emana de dios… dios ordeno la muerte de los infieles, contraviniendo su propio «no matarás».

Cualquier institución humana es falible porque el ser humano lo es. Pero una institución que tiene la prepotencia de aludir a que su origen emana de dios no puede después justificarse en la falibilidad humana. Y si lo hace, es que no emana de dios. Llevamos dos mil años persiguiendo este oxímoron y descubriéndolo sin conseguir traerlo a la luz y terminar con él.

Porque, amigos míos, si la iglesia es una institución humana es que es igual que exactamente otra cosa humana. Y entonces tiene el mismo valor que cualquier otra cosa humana. Y entonces adiós al dogma de fé. Y entonces, señores míos, ahora sí que vamos a poder empezar a discutir en condiciones.

Vamos a dejar de jugar al escondite. Si la iglesia emana de dios tenéis muchas cosas que explicarme. Si no lo hace, tenéis aun muchas más.

(Para otro post y otra conversación lo de elegir entre autonomía de pensamiento o sumisión a una verdad que nos trasciende).

las preguntas formuladas

Claro, mucho tiempo sin entrar por aquí, porque han pasado millones de cosas y pararse a escribirlas requería pararse a pensarlas primero, y me estoy dando cuenta de que no soy bueno en eso, de que tengo como un click cerrojo mental que no me deja pensar mucho en nada porque no sé dónde estoy pero sí sé dónde no estoy, y pensar demasiado con ese criterio sí que es un suicidio profundo. Constante vital (eso del pulso y las pulsaciones), una constante vital es algo que siempre sucede y que te mantiene vivo.

De ese modo, no pensar es una constante vital, según el caso y el alimento. Cuando una constante vital desaparece, ponte a recoger.

Menorca psicodélica fue el primer ostión fuerte en el andamiaje mental de orfebre que he cultivado en esta vida de andar corriendo, en esta subrutina que se ejecuta bajo el nivel consciente según la cual todo aquello que suene demasiado bien terminará indefectiblemente en desastre. Porque existen modos y situaciones que suenan bien y no terminan en platos rotos, llantos y abandonos. Es difícil comprender hasta los últimos extremos esta implicación, pero es posible. Al fin y al cabo no es más que pensar que si el autobús va recto es porque no hay curva y que, cuando la haya, girará. Una cuestión de confianza. No es fácil elipsar las cicatrices en las circunvalaciones de tu corteza cerebral basadas en los cientos de veces en los que el autobús giró recto y después piernas rotas y llantos y más cicatrices y preguntas sin respuesta al pie de la curva mientras te preguntas si seguir vivo es la respuesta. Porque seguir vivo es una necesidad, pero no sabes qué tipo de respuesta es si es que lo es.

Seguir vivo es una curiosidad, pero no una respuesta.

Y allí en Menorca recuperando las ganas de tocar cuando en un garito gritaban a Paco Bello como si la canción fuera mía y yo sonreía, porque no era mía pero la había cantado yo y eso es algo. Eso siempre es un comienzo de los prometedores, de los de beso en un portal y «nos vemos mañana» con intención real de verte mañana. Y nos sentábamos por la noche cenando 20 y nos reíamos, y yo me daba cuenta de que el resto lo hacía como si eso fuera lo más fácil y lo más natural del mundo. Pero yo sabía que no lo es, y así miraba un poco desde dentro y un poco desde fuera. Un poco juez y parte, un poco voyeur y un poco desde dentro. Pero al cabo de los días el tipo que estaba fuera se fue desdibujando, como el gato de cheshire si se me entiende tan zafio, como ese gato que elude parte tras parte hasta desaparecer por completo.

Y ese tipo de fuera, que soy yo mismo de algún modo, se piró y por eso al irme de Menorca sentí como si me estuviera arrancando el brazo, porque había estado allí dentro por completo, y eso es más que bien raro. Y ahí comprendí que estoy herido, bien herido aunque no de muerte porque si no me habría muerto ya, pero terriblemente herido. Estoy medio destrozado. Tengo una concepción del mundo perversa que afecta a todo lo que hago y que me destruye, que me hace daño, y que está basada en ese tipo que siempre está fuera y me susurra cosas al oído. Ese tipo que ha nacido de todos los fracasos y todas las decepciones y de todas las veces que me volcaba en lo que hacía mientras sonaba la canción que me iba a volver del revés. Como siempre.

Por eso no me vuelco ya en nada. Así no hay canción, no hay ostia, no hay autobús en el terraplén. No hay decepciones. Y, sobre todo, no hay culpas ni por supuesto culpables.

Por las mañanas cogía la scooter y me piraba a por el periódico y a leerlo al puerto, y cuando levantaba la vista de la mierda de las noticias veía mástiles pasar y olía el mar y me decía que no se estaba mal siendo yo mismo en ese preciso momento. Y eso era ya bien raro porque yo siempre me pregunto qué coño pinto yo en cualquier parte en la que esté. Eso para empezar. Y compraba tabaco y leche y volvía a Son Foc y saludaba, desayunaba y volvía a estar dentro de la rueca temporal del buenos días, conversación intrascendente, qué tal estás, cómo has dormido y todo tan bien y tan ricamente y… sin nada más, y sin problema por ello.

En el avión me miré muchas veces al brazo, porque realmente sentía que me lo estaban arrancando de algún modo.

Y después vino lo de Valdemanco con el tipo (Mario) que sin un pavo y unas cabras y poco más se fue allí a vivir y lleva ya cinco años en medio del campo con una casa de adobe y paja y mierda y barro. Y ese tipo y la tipa que ordeñaba las cabras y los demás regando el huerto, y la vida en lentas circunvalaciones alrededor de mi podrida cabeza como si todo fuera tan sencillo, como si el problema estuviera en mi cabeza (estoy herido) y no en la realidad circundante y no desde luego en el carrusel bendito de las cosas que suceden y siguen sucediendo aunque no tengas capacidad para verlo.

Y los ojos de Mario estaban nerviosos por otras cosas (las cabras no querían entrar, el perro se bebió la leche, el gato no aparecía) y formulé preguntas. Lo hice. Un tipo tan hastiado de preguntárselo todo constantemente (un suicidio profundo… frecuente) esbozando preguntas para intentar reincorporarse al ritmo de la vida de una puta vez. Intentando desde mi estupidez una clave para que mi propio gato de cheshire desaparezca de una puta vez en todos los planos.

Y no supo darme respuesta. Eso lo esperaba. Es imposible porque las respuestas me pertenecen.

Pero entendió las preguntas. Las comprendió, supo qué significaban. Como si fuera algo sencillo. Sin darle importancia. Nos mirábamos a los ojos y sabíamos que no estábamos hablando de nada pero estábamos hablando de lo mismo.

Yo llevaba la guitarra en el maletero, el saco y el aislante. Pero tuve que salir de ahí.

Darme un respiro para que todo encajara. Para poder contar esto (ser capaz de narrar mi propia historia).

Nunca nadie había entendido mis preguntas. Verte al otro lado del espejo por primera vez da un miedo tremendo.