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odio ciertas cosas

como

«si no lo hubiera hecho yo lo hubiera hecho otro».

Lo odio a muerte si es falso. Lo odio mucho más si es cierto.

O como

«el que no sabe cómo mantenerse a flote merece estar muerto, merece lo que le pase»

pero

¿de qué coño de humanidad estamos hablando?

Odio, con locura, que me pidan pasta a la entrada de los supermercados, porque me pregunto

¿cómo cojones permitimos que todo dependa de la caridad?

¿sabes a lo que me refiero?

La caridad es una voluntad, no un derecho.

Es un estado de ánimo.

La caridad es circunstancial, un derecho es siempre válido.

Odio cuando dicen, «lo básico, sí, excepto para los que no se lo merecen».

¿Quién cojones decide quién no se lo merece?

Odio a la gente que defiende el sistema de que los que más tienen van a ser los que más tengan siempre y

oye

que yo he entrado en el juego

que pago mi casa, y mi luz, y mi agua

y pago la ropa que llevo

y pago mis vicios, todos ellos, todos y cada uno de ellos

sacrificándome entero (¿negrita, cursiva, subrayado?)

Y aún así no comprendo cómo es posible que la gente no tenga ni siquiera derecho

a un techo.

Derecho a vivir.

Los convenios son la regulación de la esclavitud. Y tú lo sabes.

Es cierto.

La zanahoria del «quizá tú seas rico mañana»

y esas mierdas.

Jugamos a un juego horrible en el que vemos
cada día
a gente
en la calle
pidiéndonos algo
para poder
comer

(mientras compramos un juego online, nosotros lo hacemos,
yo, por supuesto, lo hago).

Alimentarse.

Y nos decimos «eh, nosotros no estamos en eso»

Sin preguntarnos
«¿por qué nadie tendría que estar en eso?»

Por qué cojones nadie, en un mundo como este, tiene que estar en eso.

Si esto es civilización yo me piro.

Yo lo dejo.

Me han educado para amar mis propias argollas. Para darles besos.

Pero quizá, algún día, no lo haga más.

¿Y entonces qué, seré un hijoputa,
un deshecho?
¿No seguiré siendo el mismo?

¿No seguiré siendo ese yo al que aman los que aman y odian los que odian?

¿Seré algo, en concreto?

vuelta y vuelta

Hace tiempo que no uso win7 más que para jugar, haciendo la gran mayoría de las cosas de curros alternativos en mi macbook con crunchbang linux (¿iluminando el lado oscuro de la fuerza?), viendo pelis en el salón con la raspberry pi con raspbian, chequeando el correo de cuando en cuando con android en mi ya vieja (¡ya vieja!) nexus 7 y usando el iphone de la empresa como único teléfono (y sólo como teléfono, cada uno envejece como quiere). Pero quería más. Quería jugar al EVE online desde crunchbang. ¿Por qué? Porque se llevan estéticamente muy bien.

Esa estética me llega al alma.

Pero no es posible. Oficialmente hoy dimito. Me es imposible configurar mi 6870 para que funcione bien en crunch, tanto con los drivers libres como con los, lo siento, propietarios. No soy capaz. (Lo siento, gente de smxi, no lo conseguí: signal out of range).

By the way este blog anda funcionando otra vez después del cambio de servidores a VM domains. Ha sido largo, unos quince días, en parte por el registrador de los .org y en parte por mi propia incompetencia (el trauma del eterno diletante es que aunque sabes muchas cosas en general no sabes propiamente mucho de nada, pero lo asumo). Al menos cuando me dijeron qué había que tocar supe tocarlo, cosa que me consuela a medias, de nuevo al menos. Está todo de vuelta, las entradas y los comentarios, e incluso después de echar un vistazo a mis copias de seguridad seguramente las canciones, que llevaban un año largo desaparecidas.

¿Y qué? Oye, pues nada. Poco hecho. Vuelta y vuelta.

¿Qué preveo? Pues una copia de mis libros, novelas, relatos y poemas, en pdf y en epub para descarga libre. Los odio, a muerte (por estúpidos, por falsos reflejos de lo que tenían que haber sido), pero deben tener su espacio. Y más, mucho más, de elextremoinutil.com, que aun sin el bajista todavía funciona el tema. Debe funcionar. Traer el extremo inutil de la escoba a vm, con los enlaces a los últimos vídeos grabados de los dos conciertos en Candeleda/Poyales. Y a partir de ahí a ir mirando.

el sistema de los que no respetan

El dinero es poder y el poder pone en tus manos dinero. No comprendo cómo alguien puede argumentar en contra de que la posesión de capital no conduce más que a una mayor posesión. Que los motivos que mueven al poder no son altruistas y no lo han sido nunca, que si lo son (que pueden serlo) no son garantía de nada, y que sin un control y seguimiento adecuado desde la totalidad de la ciudadanía el poder se desboca y atiende únicamente a sus propias razones.

No estoy en contra de la acumulación de riqueza, pero habría que ver cómo se ha acumulado. Y una vez hecho, ver para qué se utiliza y cómo. La teoría de que la acumulación de riqueza «chorrea» a los demás no me convence y no es suficiente.

La economía ha dejado de moverse porque no hay demanda. No hay demanda porque cada empresario intenta sacar todo lo posible de los lomos del mundo, del país, de la empresa y del trabajador, hasta tal punto que nadie puede comprar lo que, además, se sobreproduce. Y no puede dejar de hacerlo porque, si no, le comen.

Maquinillas desechables en un mundo de servilletas de papel. Un mundo de comprar, tirar, comprar. El reciclaje sería igualmente necesario pero menos importante si no se sobreprodujera con obsolescencia programada. Pero entonces las empresas no podrían seguir creciendo a base de destruir lo que es de todos (los recursos naturales) para vendérnoslos procesados.

Y ahora a comprar tierra. Para producir alimentos. En monocultivo.

Quitando la posibilidad de alimentarse a los que menos tienen, después de arruinar a un país con ingeniería financiera. Estableciendo monopolios basados en combustibles fósiles que externalizan costes e imposibilitan la competencia. Arriesgándonos a que una enfermedad a destiempo acabe con la alimentación de un diez, quince, veinte o lo que sea por ciento de la población mundial.

Buena idea sobre buena idea.

No hay apaño para el sistema porque el sistema es el problema. Un poder que no luche por perpetuarse dejará de ser poder con el tiempo, sobre todo frente a otros que sí lo hacen. Una empresa que no luche por crecer terminará fagocitada por otra que sí lo haga. Acumular dinero da poder y acumular poder da dinero, y el poder y el dinero son la forma permitida de eliminar la competencia, obligando a toda persona, pueblo, ciudad, país, continente, empresa o corporación a prescindir de cualquier otro principio (no sólo moral, de cualquiera) que no sea más poder y más dinero, bajo el temor de ser comidos por otros con más poder y más dinero.

Las buenas voluntades, la buena gente, las decisiones correctas, los sentimientos altruistas, quedan derrotados frente a un sistema que hace más eficaces a quienes menos respetan. El sistema ni siquiera tiene que ser crítico con la bondad, sólo tiene que dejar las cosas rodar.

Ayer escuchando «Mentira» de Manu Chao la vi con ojos diferentes. Qué triste y qué razón.