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lo que sé de marte

Me preocupa no ser capaz de escribir nada, por supuesto, pero lo que más me preocupa es no disfrutar haciéndolo. Y no lo hago. Hace mucho tiempo que no lo hago cuando me pongo a escribir una novela.

Es una estupidez horrible que no puedo evitar, pero creo que no escribo poesía y no compongo canciones porque hay algo absurdo en lo fácil que me resulta. No digo que haga cosas buenas, digo que hago cosas y que me es fácil hacerlo. No intento decir nada de mí capacidad o de la calidad de lo que hago.

Cuando cojo la guitarra me limito a toquetear notas hasta que un ciclo se me pega. Lo repito unas decenas de veces y empieza a salir una melodía, lo agarro un poco más y empiezo a escribir la letra. De algún modo que no comprendo demasiado eso me lleva a un estribillo que siempre sale. Cuando quiero darme cuenta ya está hecho.

Al escribir un poema juego con palabras diciendo tonterías hasta que, de pronto, aparece un motivo que se escribe solo. La cosa dura un rato y cuando acaba he terminado.

Con la novela, sin embargo, no puedo hacer más que bufar y salir a la terraza, escribir unas líneas que me parecen basura, editarlas hasta que parecen algo, salir de nuevo a la terraza para volver a bufar.

La vida no es fácil. Sin embargo, la vida debería serlo. Lo que fluye natural es sincero porque no está cortado por intenciones. Una canción habla de mí porque no tiene demasiados filtros, un poema lo mismo. Los filtros que se aplican son los que me definen, y por ello hablan de mí tanto como lo que no digo. Escribir una novela, sin embargo, es de todo menos natural para mí.

¿Por qué cojones me empeño, qué hay ahí tan importante, qué me tiene tan enganchado a un ordenador en el que consigo de forma épica escribir un par de frases al día? Un par de frases es a una novela como un grano de arena a la playa o una gota de agua al océano. Es imposible hacer un proyecto coherente a base de granos de arena, a base de gotas de agua. Es más un transcurrir que hablará de lo que le dé la gana, de lo que subyace, pero no de lo que yo quiero construir con ello.

Odio estar frustrado casi tanto como estar enganchado.

De vez en cuando escribo una canción o un poema, lo empiezo y lo termino en un rato y me siento feliz. Es algo que fluye y me destroza porque me frustra por comparación mientras, al mismo tiempo, me reconforta y me reconcilia con la cosa esta de escribir. No debería ser dolor. Si es dolor no es nada. Si no es nada por qué le doy tanta importancia.

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