En cada cosa y casi siempre hay una colección mensurable de aporías, y te sientas con tu cerveza buscando emborracharte y llenarte de contenido gaseoso y mingitar a gusto, que ya es algo, y te descubres pensando que son dos días y que uno lo estás pasando matando el tiempo. Revisas estructuras más o menos mentales y no encuentras algo de razón en la sinrazón o de sentido en la indolencia que nos está jodiendo a todos, cada cual en la suya con nombres y apellidos. Sabes que no es tarde pero ya no tienes ni idea de cómo reconducir cualquier cosa y todo se va cuajando, solidificando, actualizando como quiere y tú sólo lo ves y discriminas: esto sí, esto no.
Y compras unas pizzas y te revuelcas por el suelo temiendo el techo de techo del piso que compone ninguna parte y te ríes y te estás riendo a gusto y piensas que siempre es todo así, de tanto y de tan escaso, de tanto que se apunta y de tan escaso que se narra. La vida, como las novelas, se narra, siempre se está narrando en un diálogo interior que marca las pautas y las desviaciones permitidas. Bah.