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revoloteas

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Me despereza la tarde: tengo ramas en flor.
Escribo versos en litros vacíos: mudo de piel a cabrón.
Pinto tu cara en una mueca envenenada: crezco en mi pantalón.
Pido a gritos un poco de ron,
o algo que comer, o algo que picar,
o un poquito de amor, o una pizquita de sal…

porque las horas se van escurriendo
se hacen pequeñas y caen al suelo y no puedo perderlas…
son mis engaños

y es que las horas se van escurriendo
se hinchan de helio y se van al cielo y no puedo perderlas…
son mis secretos

y mientras tanto…

tú revoloteas alrededor en mis sueños
tú revoloteas alrededor en mis labios
tú revoloteas alrededor como un pecado
tú revoloteas alrededor, y eres miel…

Escribo esto en el baño: no hay un sitio mejor.
Colecciono las veces que me heriste: puedo palpar el dolor, los dedos al corazón.
Es un saco de estiercol: en una vida en barbecho.
Pido a gritos un poco de ron,
o algo que comer, o algo que picar,
o un poquito de amor, o una pizquita de sal…

porque las horas se van escurriendo
se hacen pequeñas y caen al suelo y no puedo perderlas…
son mis engaños

y es que las horas se van escurriendo
se hinchan de helio y se van al cielo y no puedo perderlas…
son mis secretos

y mientras tanto…

tú revoloteas alrededor en mis sueños
tú revoloteas alrededor en mis labios
tú revoloteas alrededor como un pecado
tú revoloteas alrededor, y eres miel…

No sé cómo esquivarte, no sé cómo meterme en mi papel.
No sé cómo alcanzarte, tu rebufo está a cien millas de mí.
No sé cómo sentirme bien, he olvidado el noble arte de mentir.
No sé cómo esquivarte, no sé cómo hacer saltar el tren.

cosas que veo

Ana recoge a Luís. La tarde es abril.
Nada que temer. Sigo las miradas y las pongo aquí.

Cuando me miras así no me quiero ir, no ir.
Cuando me miras así ya no quiero estar, no estar.

Ana le cuenta a Luís las cosas de todos los días.
Las mismas repetidas cosas que sonríen sólo si cuentas hasta mil.

Y yo detrás esperando una oportunidad de entrar en tus cosas cotidianas, pequeñas.

Porque dejé de estar integrado en este cuento,
perdí en algún litro vacío la espuma de tus besos.
Amé lo que no sabe amar y perdí lo que no sé olvidar.
Recorro las voces, hambriento y escéptico, y caigo. Sólo caigo.

Ana recoge a Luís. Se besan y se funden frente al charco que son mis pies.
Registro todos sus gestos y descubro que
Ana recoge a Luís. Se besan y se funden frente al charco que son mis pies.
Registro todos sus gestos y descubro…

Cuando me miras así no me quiero ir, no ir.
Cuando me miras así ya no quiero estar, no estar.
Cuando me miras así no te puedo descubrir, en fin…
cuando me miras así poco queda que perder, y lo sé.

las cosas gobiernan siempre

«Llamé a los verdugos para así morir mordiendo la culata de sus fusiles. Llamé a las plagas para así poder ahogarme en la arena, la sangre. La desdicha fue mi dios. Me revolqué en el fango. El aire del crimen me secó. Se la jugué a la locura.
Y la primavera me dio la risa horrenda del idiota.»

Rimbaud. Una temporada en el infierno.

Al final no me acosté a la una. Al fin y al cabo los sábados son sábados, y siempre pasa algo.

Quien sabe qué. Cuál es el modo. Ir tirando, supongo. El jugador de dardos del viernes se convirtió en cocinero el sábado. El cocinero del sábado se convirtió en futbolero el domingo. El fútbol me da náuseas. Pero si viene Cisneros el fútbol está muy bien. Los gritos. Qué envidia de gritos. Qué gusto verle gritar de ese modo, completamente vertido en el partido.

Antes compuse una canción, pero no me dio tiempo a grabarla bien, así que no la subiré hasta mañana. Quién sabe dónde están las claves. Quizá en Salamanca, así que iré a buscarlas el fin de semana que viene. Quizá estén allí, quien sabe. Quizá la clave esté en ir haciendo, en irse dejando hacer las cosas según se van presentando.

Anoche dormí mal, tuve una pesadilla, me visitó en sueños. Me desperté, sobresaltado. Recuerdo que estábamos en algún tipo de semisótanos, en una cafetería, cuando se me torció la boca y tuve miedo. Y entonces, sólo entonces, desperté. Casualidad, seguramente. Pero qué raro. Cuando tuve miedo el sueño se apago y le dio paso a la realidad, al café con leche del despertar. A la comida con mis padres, a Alonso reventando una rueda, a Rimbaud, a la canción recién compuesta, al fútbol, después a la charla y el tabaco en un banco.

Todo jalonado desde el mismo momento en el que tuve miedo.

Y todo lo demás existía al mismo tiempo que no lo hacía. El «como sí» tiene esas cosas. No tiene fuerza, porque es un sucedáneo. Es sinónimo de estar siempre en la cuerda floja. Todo se movió de repente como si nada existiera, más que el agujero.

Después, me ocupé. Llené las horas de cosas. Las horas son un puto disfraz. Y todo estuvo bien. Todo estará siempre bien. No, ya no llamo a los vérdugos. No me interesa morder culatas. Prefiero reír, como sea.