# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.723) | atranques (1) |

grietas


|descarga|

Cada vez que estás aquí vuelvo a entrar dentro de mí.
Cada vez que tú no estás no me entiendo, me tengo que inventar.

En el aire sin motor,
en los días sin reloj.

Cada vez que tú te vas no lo dudo y me miento,
me tengo que engañar.
Y después de entrar en el colchón
te abrazó en el aire, te huelo en mi sudor.

Te quiero en soledad,
te busco y tú no estás.

No me importa crecer a la contra si tengo tus ojos donde mirar,
no me importa caer en vuelo si tú estás.
No me importa que todo se tuerza y que salgan grietas en la realidad,
no me importa no tener nada si tú estás.

Vuelvo a ser el niño aquel que fui,
tranquilo y sincero, sin miedo ni dolor.
Escrito en tus besos nada puede ocurrir,
escrito en tu vientre, sentado junto a ti,

respirando junto a ti,
pensando junto a ti.

Y tal vez el tiempo me haga rey,
rey de un sueño que empiezo a construir,
tú y yo creciendo, jugando al porvenir,
tu y yo yo y tú, tú y yo.

Tú y yo,
tú y yo.

No me importa crecer a la contra si tengo tus ojos donde mirar,
no me importa caer en vuelo si tú estás.
No me importa que todo se tuerza y que salgan grietas en la realidad,
no me importa no tener nada si tú estás.

Canción 1 de «pares sueltos».

mucho más lejos

Llegué a ti convencido de mí mismo.

Cuando llegué a ti estaba convencido de tener un
beso en cada labio
y un dolor en cada daño.

Te cogí las manos para contarte mi derrota
como si fuera lo que es,
y dentro de tus ojos,
dentro del olor de tus pupilas,
en esa franja de tiempo que ya no es tiempo,
me di cuenta de que no tenía nada que contar.

Nada que no pudieras asimilar con creces.

Así de sencillo me di cuenta de que el daño estaba hecho,
pero no había ningún dolor.

En tus ojos vi una pistola apuntando a mi sien.

En tus ojos vi que podías comprenderlo todo sin esfuerzo.

En tus ojos vi que podíamos amarnos como perros
si eso fuera algo.

Que podíamos golpearnos perdiendo el sentido,
podíamos llegar tan lejos como quisiéramos.

Comprendí que eres capaz de acompañarme en mi derrota
hasta que hoy no queden guerras santas que librar, comprendí
que eres capaz de ir conmigo allí donde mi
ignorancia
quiera llevarme. Comprendí toda la huída, todo el dolor,
todo el camino. Mi camino.

Comprendí que lo harás por mí,
que tú has comprendido ya, pero yo no.

Comprendí por qué las tardes con la cerveza,
por qué los días persiguiendo el sueño de no acabar nunca,
por qué me miras cuando bebo como si no hubiera mañana alguno.

Por qué me coges del costado y me peinas.
Por qué me aprietas la mano cuando me pierdo.
Por qué después de hacerme el amor sólo quedan más y más besos.

Por qué me dejas tu regazo como si aún fuera un niño.

Por qué me acompañas hasta que no quedan calles,
borrachos por Tribunal,
ahíto e insatisfecho al mismo tiempo,
lleno de calles y de caras,
falto de calles y de caras,
por qué dejas que mi rabia te impregne,
a ti y a todo.

Por qué nos miramos cuando estamos esperando el metro
y me dices
«te quiero, niño». Después de vomitar
las esquinas
y perder el sentido y remontar la corriente de los bares que cierran
y de esperar no esperar
y de gritar cientos de pérdidas en brazos y abrazos
y de aferrarte
para llorar,
para no dejar de llorar en tu regazo.

Estás esperando que llegue.
Sabes que lo haré, que sólo necesito escupir tan lejos
que jamás pueda pisar mi saliva.

Y, mientras tanto,
me abrazas, me acompañas y esperas.

Después de comprender eso,
sólo pude abandonarme a ti.

Dejar que tus cuidados
curen las heridas que siempre tuve.

Dejar que tu lengua limpie.

Mientras tanto, tú me miras.
Estoy aquí, he comprendido.

Lo sabes, tus ojos brillan.
«Estás tan cerca, niño…»

Mientras te quiero Madrid amanece
entre las toses, las flemas y los ronquidos
de la gente que compone todo.

Estoy cansado después de toda la noche bebiendo.
Me acuesto en tu hombro en el autobús.

Cierro los ojos.
Estoy tranquilo.

Poema 1 de “A la izquierda, el Coliseo”.
Libro primero de “Pares sueltos”
© 2006 café & cigarro editores.

demasiado tarde, demasiado pronto

Me la encontré demasiado tarde, cuando ya casi no podía ni ver, borracho como una cuba. Me la encontré doblando una esquina. Fue tan simple como girar y verla. «Hombre, cómo estás». Bien, razonablemente bien. No te puedo decir que estupendamente, pero bien. «Hace mucho tiempo». Casi demasiado, te hubiera dicho hace no muchos años. «Te veo bien». No, me ves borracho. Enfermo, inlúcido, desternillado, esquinado. Me ves irónico, casual, desatado. «Pues no lo parece». Llevo años disimulando.

Borracho como un espejo irónico de mí mismo, intentando llegar a casa sin forzar, sin entrar a gatas, después de una noche inmensa de domingo por la noche. Me gustaría darte un beso. Creo que me gustaría. Pero me limito a mirarte, en este estado cruel e incruento de estar fuera de mí mismo. Me gustaría decirte que te eché de menos, pero no puedo. Aquello fue una noche en la suma general de las noches que hubo. Me gustaría invitarte a casa, pero sé que me arrepentiría terriblemente mañana. Entonces me gustaría seguir andando, como si nada hubiera pasado. Me gustaría que no estuvieras mirando. «Oye, te invito a una cerveza». Buscamos un sitio en un maremagnum de bares cerrando. Te digo que estoy borracho. «A mí me gustaría estarlo». Pues ponte a ello.

Pensé que vivías en Valencia. «Me vine aquí para entrar en la escuela de arte dramático». Mala opción, lo que está lejos es siempre lo mejor. «Qué tonto eres». Y me miras como si jamás hubiera pasado nada, como si no hubiera prescindido de ti en un sólo segundo para eliminarte de mi vida. «Vivo en un piso compartido, currando mientras tanto». Me gustaría darte un beso. «No estaría mal, pero sin hablar, eres un pesado, hablando convences, hablando te haces sitio, pero aburres». Siempre he hablado demasiado. Te doy un beso apoyado en una esquina para no perder el equilibrio. «No has olvidado la técnica». Nunca supe la técnica, simplemente me dejé llevar. «Funciona muy bien, funcionas muy bien, entremos ahí». No tengo un pavo. «No importa».

Dos horas después me voy a casa a por la guitarra. He estado montando en bici, así que tengo buenos pulmones. Me encanta reír, es algo que no puedo evitar nunca. Me encanta cantar, es algo que sale, algo que está. Compartimos escenario con un par de borrachos sin dientes en la mandíbula inferior, que nos ríen y te tocan con las ganas del que no encuentra y la desidia del que se ha resignado a no encontrar. Te tocan sin creérselo del todo. Me pregunto por qué conservo los dientes, me pregunto por qué gente como tu sigue acudiendo a mis labios. No tengo respuesta, no tengo boca y debo gritar. Me gustaría saber por qué me besas cuando yo ya lo he dado todo por perdido, por qué me ves ganando cuando yo todo lo he dado por perdido. Me pregunto qué ganas conmigo aquí, a tu lado.

Toco canciones para los borrachos. El bar no tiene pinta de cerrar, pero por si acaso me acerco a la barra en un segundo para preguntar. El tipo me dice que le gusta lo que canto, cómo canto. Le doy las gracias y le pido una cerveza, me dice que a ésta estoy invitado. Menuda suerte, si no me invita el tipo de detrás de la barra me invitará la tipa de la barra. Me paso la vida agradeciendo algo. Me paso la vida sin saber muy bien por qué estoy, pero rodeado de tipos que saben muy bien por qué estoy. Quizá este tío se aburra, y le guste tener un guitarrista en el anfiteatro donde habitualmente sólo hay borrachos. No lo sé.

Hacemos el amor en el baño, rodeados del tiempo que se va y no regresa. Tropiezo con tus pantalones, y enrollo tus bragas en mi muñeca. Eres preciosa cuando ríes, pero existes cuando gimes. Es como si hicieras el amor con mis canciones, porque te estás follando mis canciones. Yo soy una rebaba que existe junto a mis canciones. Después salimos, yo sin comprender muy bien qué ha pasado y tu sonriendo. En un momento dado estoy más borracho de lo que puedo soportar, y me voy. Me detienes en la puerta. Tengo que irme, estoy jodido. «Estás bien jodido, pero no me dejes aquí». No te preocupes. lo que ha hecho que volvamos a vernos volverá a hacer que nos veamos. «Mi piso está lejos». No tanto, no puedo, de verdad, me tengo que ir. «Hasta mañana entonces». Hasta mañana.

Y la luz de las cosas que no suceden me va alumbrando mientras me largo.