# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.724) | atranques (1) |

1.

[audio:archivos/1.mp3]

Estoy cantando por la calle
una canción sin título
que habla de las cosas que no llegan
aun cuando todo,
al final,
llega.

Tengo una copa rota en la mano izquierda y
un cigarro en la derecha
y un par de litros de vino
a buen recaudo
en mi estómago.

Me río de todo porque todo es risible y
no se están dando cuenta de que
están existiendo con falsete
y todos los días acuden a su empleo
y todos los días se sienten tristes
-excepto cuando se emborrachan o les
ascienden- y todos los
malditos
días están al mismo tiempo contentos con lo que
han conseguido.

Debajo, muy debajo en su interior
se encuentran los imposibles,
que no hablan porque no tienen boca
y se resignan a desaparecer
lentamente, dejando
un residuo de desamparo
que a veces acude cuando uno tiene un rato
y comete el error de
preguntarse demasiado.

Pero todo se resuelve mediante
técnicas y psicólogos
mediante exterminios y limpiezas
mediante usos y frecuencias y gradientes
y los maravillosos prodigios del
siglo en el cual
se erradicó al ser humano de la
faz de la tierra. Yo podría ser
arqueólogo de todas las ruinas
que veo caminar cada día.

1. De Sin título.
Libro cuarto de El número de mi zapato me parece imbécil.

5

Bueno, ahí vamos. Siempre me he sentido un gilipollas recitando (perdón, declamando), pero me gusta la idea de ponerlo aquí.

[audio:archivos/5.mp3]

5.

El café arde cuando
entras por la puerta y miras mi
pobre lengua abrasada
y con tus labios remedias
el fuego con fuego y la tristeza con
tristeza.

Tomas mi silencio y le respondes con
silencio mientras me cuentas
cómo fue el día en el
trabajo
y me preguntas cómo me siento
cuando me siento como ahora.

Te quiero por algo y te
abrazo y nos la suda
el mundo y nos vamos a la cama,
donde el calor vencerá al calor,
donde nos anudaremos hasta que venga,
impotente,
de nuevo la mañana.

5. De El pelo.
Libro segundo de El número de mi zapato me parece imbécil.

el sacrificio de su cuerpo

Susana abre las cancelas
de su tímido, tórrido y
elocuente imperio.

(Ella en realidad no quiere esto, pero
el sacrificio de su cuerpo es
el único que entiende y el
único único al que estoy dispuesto).

Todos los cerrojos se liberan, y
todos aquellos que soy en sus umbrales
ahora franqueables saludan con
estentórea risa los horizontes
descubiertos.

Y cada uno de mis inventos
toma posesión de su reino.

Y cada uno de los juegos sale
de su caja y extiende el
tablero.

Tras largo tiempo, todo está ya
bien dispuesto.

Y corro uno aunando mis cuentos
para salvar aquel otro que ahora es
el punto cero de estas nuestras
distancias.

Tiro el dado, y cuento.
La partida ha llegado desde tu
infinitud transitable hasta todos
tus más renuentes escondites.

Te tomo la mano y lucho por
soslayar tu espejo, que es aquel
lugar donde tan fiel y
terriblemente me reflejo. Construyo
otro que me dice que soy el
señor de tu tiempo. El maldito
amo de nuestro universo.

Así puedo ver y veo
cuando Susana abre y
sólo sin ver lo que no veo
abrazar abrazar todo su
esfuerzo inútil e inmenso y
amarlo con fuerza y
olvidar olvido el sopor del
olvido y que todo y
la casa los gestos los
cuadros los rostros son sólo el
cristalizar de las reglas que
invento y aplico en un
cuento que cuento y me cuento
jugando cretino a vivir
en este como en cualquier.
En otro. Sitio.

En cualquier otro sitio.

El sacrificio de su cuerpo.
De Los cuentos,
libro primero de Cercos Vacíos.