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ver con fuerza

Tenías fuerza mientras mirabas
mi lenta cara de borracho confuso,
mientras garabateabas yagas
y aceras
y planos de metro
y bolígrafos destintados
y bares aún abiertos

en la leve oportunidad de,
aún hoy,
poder seguir viviendo esto.

Como si tú y yo todavía
fuéramos algo más
de lo que parecemos.

las cosas

[audio:archivos/lascosas.mp3]

Un café es una rosa, una rosa es un
cigarro que se descapulla. Una
pierna parece ser lo que me transporta,
y lo que me lleva parece ser la otra.

Parece que, según dicen, una
persona es esta cosa que los demás
se empeñan en llamar tú,
es decir, ‘yo’ si lo digo yo, o ‘tú’
si lo dices y me lo dices a mí,
o ‘él’ si me hablas y no estoy, o
estoy y hablas con otro de mí,
o algo así. Es algo confuso y
tengo que recogerme -tengo un
perro lazarillo- para no perder mis
pedazos, lagrimales, brazos, para
que cuando me llamen -¡tú, eh, tú!-
esté entero y no dé miedo.

Así yo (¿yo?, ¿tú?, ¿él?, ¿Miguel?)
responde a tu (¿de quién?)
llamada y dice: sí, soy yo (¿tú?…).
Lo entenderás fácilmente, es cuestión
de centrarse.

Y así verás que un café es un café, una
rosa es una rosa, un cigarro que se
descapulla es un cigarro que se descapulla
(si y sólo si es un cigarro y efectivamente
se descapulla), y esta pierna de hecho me
transporta, siempre ayudada de la otra.

Y un ‘tú y yo’ no es una vida,
me confundí con un maldito
mantel para dos.

1997. Cercos Vacíos.
Libro tercero: Conejo Azul.

el camino

Tomo mis cosas y no me pierdo otro lugar
y comienzo a sonar en la doble pletina de
la vida saliente y
tomo una cerveza,

que me amarga acíbar canto de espuma y

pido la siguiente,

que ya es perfecta porque es la segunda
y la última aún se pierde en la
lejanía del futuro remoto. Y es que
la cuestión del dinero me absorbe porque
es el único freno capaz de
hacerme abandonar el proceso,
largo y complicado,
de reventar lo justo y necesario
para continuar viviendo
estrictamente a la izquierda de todos
los caminos torcidos que frecuentamos.

Así que no voy mal y la tercera en mi
garganta me recuerda que no para
todos se hicieron las aceras malditas
que dan vueltas siempre sobre la misma
tontería. Las mismas aceras
malditas
que nos permiten tomar cianuro
y tener las
malditas
cosas tan necesarias para nada que son cosas
malditas
las que no me acogen y ponen freno a mí
maldita
búsqueda inútil que está condenada
al fracaso por su misma condición
maldita
de
maldita
intención de no ser gilipollas y/o marioneta.

La cuarta ya no es tan escatológica