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imagen tres

El tiempo, las cosas, el silencio
miraban tensos por la ventana
mientras un litro vacío,
sobre la mesa,
dejaba pasar la luz a ratos,
amontonando sombras chinescas
en las estanterías y

tenía las dudas más que contadas
en la cartera, pedí disponibilidad
y las hojas
cayeron
en el
frasco
vacío
del último cigarro, aún encendido.

No había señales, ni bocas, ni manos crédulas.
No tenía ombligos, ni penas ni fuegos ni miras ni
ansia ni paz ni lucha ni fulgor ni laxitud.

Girando en círculos concéntricos se olvido la voz,
se olvidó de sí misma y se llenó de atmósfera,
pulsó (pulsé) la herida con la yema de los dedos

no estaba fría.

Volví a ver la luz atravesar la botella
para hacer sombras chinescas en las estanterías,
fuí a por tabaco,
a por más cerveza,
me tumbé en la tarde eterna a esperar
algo indefinido, un algo inexacto,
un ruido, (un crepitar),
un algo borroso, especular de sí mismo,
la ventana de un tren a toda velocidad,
un maullido, un tierno gemido en el aire

detenido.

ver con fuerza

Tenías fuerza mientras mirabas
mi lenta cara de borracho confuso,
mientras garabateabas yagas
y aceras
y planos de metro
y bolígrafos destintados
y bares aún abiertos

en la leve oportunidad de,
aún hoy,
poder seguir viviendo esto.

Como si tú y yo todavía
fuéramos algo más
de lo que parecemos.

las cosas

[audio:archivos/lascosas.mp3]

Un café es una rosa, una rosa es un
cigarro que se descapulla. Una
pierna parece ser lo que me transporta,
y lo que me lleva parece ser la otra.

Parece que, según dicen, una
persona es esta cosa que los demás
se empeñan en llamar tú,
es decir, ‘yo’ si lo digo yo, o ‘tú’
si lo dices y me lo dices a mí,
o ‘él’ si me hablas y no estoy, o
estoy y hablas con otro de mí,
o algo así. Es algo confuso y
tengo que recogerme -tengo un
perro lazarillo- para no perder mis
pedazos, lagrimales, brazos, para
que cuando me llamen -¡tú, eh, tú!-
esté entero y no dé miedo.

Así yo (¿yo?, ¿tú?, ¿él?, ¿Miguel?)
responde a tu (¿de quién?)
llamada y dice: sí, soy yo (¿tú?…).
Lo entenderás fácilmente, es cuestión
de centrarse.

Y así verás que un café es un café, una
rosa es una rosa, un cigarro que se
descapulla es un cigarro que se descapulla
(si y sólo si es un cigarro y efectivamente
se descapulla), y esta pierna de hecho me
transporta, siempre ayudada de la otra.

Y un ‘tú y yo’ no es una vida,
me confundí con un maldito
mantel para dos.

1997. Cercos Vacíos.
Libro tercero: Conejo Azul.