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nos la están colando

«Lo han hecho otra vez. A pesar de la unidad de los países en desarrollo, a pesar de los millones de personas que le han pedido justicia comercial, a pesar de la crisis del comercio mundial en el sector textil, los países industrializados han alcanzado un acuerdo que traiciona el desarrollo y, una vez más, deja de ocuparse del tema fundamental del trabajo decente.»

Leer el artículo completo.

Lo he dicho una y mil veces, igual que cualquier movimiento subversivo termina siendo esponjado por el alto klero económico con la idea final de maximizar beneficios, nos están colando, con el disfraz de ayuda a los países en desarrollo, una serie de medidas que sólo tienden a perpetuar las diferencias ya existentes a lo largo de más y más tiempo.

Están ganando tiempo, esa es la idea, y mientras tanto, se siguen enriqueciendo.

Y son tristes las apologías deficientes y lobotomizadas que de los hechos se dan según a quién se pregunte. Es triste que sean capaces de escoger argumentos solidarios para seguir redundando en la misma injusticia y en el mismo subdesarrollo moral.

teatro de marionetas de sí mismas

Creo que la única novela en condiciones que podría llegar a escribir alguna vez trataría de las mentiras que cada uno se cuenta a sí mismo, y del esfuerzo que le supone mantenerlas delante de los demás.

La imagen que uno se hace de sí mismo es libre, pero las respuestas que recibimos de los demás son un refuerzo ineludible. Por eso la gente miente. Creyéndose sincera, miente. Piensan que están hablando desde sí mismos, pero son sus propias mentiras las que hablan y buscan perpetuarse a sí mismas a traves de los refuerzos positivos de los demás. Si alguien nos huele y nos dice que no nos cree, decimos que es un imbécil y punto pelota. Punto final.

De eso trataría, de eso y del daño que nos hacemos a nosotros mismos no asumiendo quiénes somos y del daño que reciben los demás por el mísero beneficio de que nosotros no seamos capaces de asumirnos como somos.

Cuánto daño, joder, hacen estas cosas.

Menos mal que a un perdedor cualquier mínima victoria, cualquier tiempo ganado a la derrota, se le hace razón suficiente para seguir p’alante.

en todas partes

Despegar tomando de la mano, el café, el tiempo y los cigarros. Estar sentado en mitad de ninguna parte preguntándose por qué todo el mundo piensa que está en alguna parte. Tomar tiempo para perderlo a manos llenas. Siempre preguntándo por qué ninguna parte cuando todos piensan alguna parte, y la vorágine y la imposibilidad de estar vivo al mismo tiempo que se está pensando, como una especie de Principio de Indeterminación de Heisenberg aplicado a la realidad cotidiana. Si uno piensa no vive, si vive no piensa. Si intenta hacer ambas al mismo tiempo, es mucho más que probable que no esté haciendo ninguna.

La rabia. Hoy estaba cruzando un semáforo. Un coche se quedó en medio del paso de peatones cuando esté cambió a rojo para conductores y verde para autoimpulsados. Una pareja de ancianos empezaba a cruzar y el energúmeno del coche, con la mujer al lado y los críos detrás, ha empezado a echarles la bronca porque le tocaba a él pasar. Los ancianos se han quedado acojonados, mirando. Yo llegaba por el otro lado, les tenía de frente, y lo he visto todo. He golpeado la ventanilla del conductor-orangután y le he gritado que no puede detenerse en medio del paso de peatones ni tan siquiera cuando el semáforo está en verde. Y que ahora que está en rojo no hace más que molestar. El tipo ha acelerado y yo me he quedado allí, a medias, con ganas de soltarle una ostia que permanecerá de forma indeleble en la memoria en construcción de sus retoñitos. Él tenía coche, y podía ir más rápido. Ni siquiera he mirado a los ancianos, la cosa no iba con ellos.

La cosa iba con todo el mundo, seguramente también con ellos. ¿Por qué todos, en un momento u otro, podemos llegar a ser tan cabronamente egoístas? Pues no tengo ni idea, pero lo somos. Seguramente yo también. No lo tengo claro. Busco pistas en todas partes. Qué ganas de partirle por la mitad. La mejor defensa es el ataque, dicen los que son como él.

Y así vamos, pegando ostias por todas partes. Sobre todo cuando no tenemos razón.

Qué cochino mundo, joder.

Llevo cinco años en esta casa. Al principio la compartí con quien quería. Después no me quiso y me quedé sólo. Después volví a querer, pero no a compartir todo el tiempo. He vivido mucho en esta casa. La pasta manda, me digo, la pasta obliga, recuerdo. Qué cosas. Qué pena. Aún estoy aquí, y aún estoy vivo, así que, entretanto, voy a pasarlo lo mejor posible.

Y a olvidar todo lo demás.