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igualdad y desigualdad

Vivimos en una sociedad en la que los conflictos forman parte de nuestra vida cotidiana: a nivel social, político, étnico y religioso, los diferentes grupos que la componen se enfrentan cada vez más. El análisis de estos conflictos es imprescindible para dar con las medidas necesarias para frenar los enfrentamientos.

Los resultados de uno de estos análisis, realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC), señalan que cada vez es más grande la brecha entre ricos y pobres en los países mediterráneos, y que esta brecha se ha doblado incluso en los últimos 40 años. Esta evolución ha provocado un aumento del riesgo de inestabilidad política, así como de que surjan conflictos abiertos.

[…]

Y aunque la Unión Europea ha conseguido que dentro de sus fronteras, las situaciones de los países se hayan igualado bastante, lo cierto es que eso ha provocado una mayor diferencia con respecto a nuestros vecinos más pobres.

Más en tendencias 21

Y más, y más, y más. Pero todo dentro de las ayudas, financiaciones y supuestas medidas de equilibrio potenciadas por el eufemismo de la «globalización», que no es sino la mundialización de la mano de obra con el único y claro objetivo de abaratarla.

Luego se quejarán de que los que son puteados empiecen a putear, se llevarán las manos a la cabeza y serán capaces de decir en prensa «no entiendo nada».

Aunque no falta quien gusta de ignorarlas, algunas de las señales de la crisis que atenaza a la izquierda son fácilmente perceptibles. Una de ellas, elemental, la configura un patológico temor a enunciar las ideas propias, que esconde un reconocimiento subterráneo de la derrota y se traduce en un genuino desarme ideológico.
Más que teorizar al respecto, tiene su sentido que propongamos algunos ejemplos de lo que tenemos entre manos. Uno de ellos, el primero, lo aporta el acatamiento general de una palabra, globalización, que nos acosa hoy por doquier. Secuela lamentabilísima del empleo, omnipresente, de la palabra que nos ocupa es el olvido constante de otra, capitalismo, que a los ojos de muchos sigue retratando de manera cabal el grueso de las relaciones económicas que, por desgracia, imperan en el planeta. Tiene uno que concluir que semejante operación sustitutoria es cualquier cosa menos neutra e improvisada: obedece, antes bien, al designio de retratar de manera saludable una realidad que en modo alguno se ajusta a tal operación y de hacerlo, por añadidura, borrando del lenguaje la palabra capitalismo, estigmatizada como añeja y panfletaria.

Mas en comfía.

tiempo

Te levantas, parece que descansado. Has quedado, pero no se presenta nadie. Te sirves un café. Tienes poca hambre, mucho sueño. Hoy es domingo. Después de un par de semanas tienes que volver mañana al curro. No es plato de buen gusto para nadie, y menos para ti. No te gusta llenarte el alma de discursos, prefieres el viento. No se ha presentado nadie. Un ligero tufillo de los pies. Nada serio. Solucionable. Vas pensando en meterte en la ducha, pero te sirves otro café. Buena cosa, el café. Da toda la vida.

No fumas, porque lo estás dejando. Dejarlo significa fumar sólo por las noches, cuando el agujero. Cuando los pensamientos no muy claros. Cuando las cosas se tuercen. Muchas noches ni eso. Prefieres no fumar. No lo echas de menos. No lo entiendes. La mayor parte de las cosas no las entiendes.

Hoy hace un año que. ¿Ya? Ya. Hoy hace un año que todo volvió a suceder, como si algo hubiera encajado en el mecanismo y la tierra hubiera vuelto a rotar. Joder, ¿ya?. Sí, ya. Madre mía. Lo sé. Parece mentira. Es que es casi como si lo fuera. Cuando uno está a gusto el tiempo pasa rápido. Es verdad. Será por eso. Es por eso.

No estoy nervioso. Sí, sí lo estás. Bueno. Es lo que hay.

Al menos eres feliz. No sé qué coño más quieres pedir.

koldo

Koldo es un tipo raro. Yo lo sé. Lo entiendo. Lo que no comprendo tanto es por qué, cada vez que alguien habla un rato con él, siente ganas de ayudarle a que vuelva a la normalidad. Como si la normalidad fuera algo deseable en sí mismo, un valor en sí. Yo no sé si está bien o no lo que es, o el modo en el que vive. Sólo sé que él es así. Y que ahí, y justo ahí, terminan mis derechos sobre él. Las obligaciones siguen en el mismo punto. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, y más aún cuando la paja es una caricatura, o tiene toda la pinta de serlo. Cuando es exagerada. Eso lo entiendo, pero salvarle… ¿salvarle de qué?

Koldo no es lento, ni rápido, Koldo tiene su propio ritmo. Va a su ritmo, se deja mecer por él mismo. Eso no creo que sea del todo malo. ¿Que no puede adaptarse bien? Bueno, supongo que eso lo sabe él mejor que cualquiera.

No me olvido de que la gente toma decisiones, y de que me gusten o no son las suyas. Koldo, según mi interpretación, en algún momento dejo de pretender cambiar o siquiera comprender lo de fuera. Y se volcó hacia dentro. Es un tipo en sí mismo. Su perspectiva es suya, y no un refrito de otras, que es lo que suelo ver con frecuencia. Es admirable. Y es lo que quiere ser.

Fin de la ronda de preguntas.