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one man, one mutua II

Ha sido piadosamente breve. La definición exacta de lo que tengo es
«daño por el traspie» (jejeje)
Pero no tengo nada de huesos. Me ha preguntado «¿onde trabajas?» En una oficina. «¿Trabajas mañana?» No. «Pues vete a currar hoy y el fin de semana te lo pasas tumbadito»

Yo la debo haber mirado como si ella fuera una pobre tontita, porque la veía a ella y al mismo tiempo a mi pie hinchado como un bombo. «Pobrecita», pensé, «está loca». Pero tiene un título, eso importa. Me arrastraré al curro. Y se jodió el finde en Kolmenar con Cisneros.

estupidiario de un idiota

Pic00714.jpg

Me peleo con los platos. No quieren entrar en el lavavajillas. No me extraña, a nadie le gusta que le rocíen con agua a ochenta grados centígrados. Pero yo soy más fuerte. Y además tengo brazos. Es ridículo meterlos a la pata coja. Lo saben y se ríen, gilipollas. Escribo esto precisamente para no hablar de lo que acaba de pasarme, así que no me recriminéis incoherencia o falta de interés y corro al baño y me desnudo, me rapo la cabeza al tres (también a la pata coja), me meto en la ducha cuando termino para que el agua se lo lleve todo. TODO. Hay frases que no deben ser pronunciadas nunca, ni aunque se piensen, ni aunque se sientan.

Y menos a alguien convaleciente, como yo.

Cojo la cámara y me saco en bolas, para reírme de mí mismo un rato. Lo hago. Acabo de acabar de reírme. Qué divertido. Primeros planos de Jaime laxo, apuntando al suelo. Tengo necesidad de una asistenta, alguien que tenga más interés que yo en esto. El baño está lleno de pelos de mi cabeza. En la taza (los que tiré) en la pila (los que quedaron) en el suelo (los que cayeron). Aún no he puesto el lavavajillas. Ahora que están dentro los platos, me dan un poco de pena.

No sé si oís los gritos de los platos. Yo sí. Los platos están que revientan. Hijos de puta. Podían estarse calladitos un rato. No es para tanto. Ni que fuera la primera vez (vale, reconozco que es la primera vez en mucho tiempo, pero hubo otras). La calle es azul. Los piratas cantan

«Me había olvidado el sabor que tienen las cosas
y de lo bueno que es beber y beber cuando todo va mal».

Pero no voy a beber hoy. No voy a largarme a ninguna parte, conocida o no. Tarde o temprano tendré que pensar sobre lo que acabo de oír, algo sucintamente normal, por otra parte. Los platos están expectantes. Que se jodan, giro la rosca y el proceso de lavado comienza. Gritad, cabrones. Joderos. Que os jodan. Iros a la mierda y limpiaros. A mi me pasa lo mío por no aprender. A vosotros por idiotas.

BAR

Pic00738.jpg

¡Dios!
No podéis ni tan siquiera
imaginar lo jodido que me siento,
pero intentaré explicarlo:

me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y saco un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en el sofá del
salón y me levanto,
estoy inquieto,
abro la nevera y he terminado la
reserva así que medio borracho
me encamino al bar
compasiva Biblioteca de Alejandría,
sección Rabia,
y vomito en un baño porque no
es el mío y no debo limpiarlo.

Con el estómago vacío
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y pido un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y pido un litro
de cerveza y me lo tomo
a trancas y barrancas del
cuello al fondo,
me siento en la banqueta de
la barra y me levanto,
estoy inquieto,
abro la cartera y compruebo
disponibilidad y me largo
completamente ido
sin saber bien qué
estoy haciendo y
buscando entre las caras
de la calle un amigo o
lo que sea
que me invite a un litro

porque mi rabia es infinita
y tiene la forma de una piedra
de sal en el estómago

y no pienso aguantar que me expliquen
que lo mío es una enfermedad
terrible y que debo someterme
a tratamiento,
más bien les sometería yo a todos ellos
por no beber lo que dé de sí el
cuerpo o los ojos o la boca o
el infierno personal que tenemos todos
en este corral idiota. No entiendo cómo
pueden tener la frialdad del acero
mientras desaparecen desaparecen
se esfuman obliterados
en silencio, perdidos
como
inviernos pasados,
alucinaciones de un segundo que
aplastó la lucidez vesánica

de los caminos de cera.

BAR (Biblioteca de Alejandría, sección Rabia),
de Metralla, 2000.