# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (202) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (773) | canciones (163) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (363) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.723) | atranques (1) |

más vivo que nadie

Y uno se pregunta por qué llora el anticuario. Pero eso sería responder a demasiadas cuestiones en una sola. Habría que remontarse, quizá, a un coche de la guardia civil buscando una oveja en un maletero mientras, con sus luces, buscabamos ella y yo la ropa. Eso sería tan sólo poner un ejemplo. Quizá habría que remontarse al techo de madera de la isla de La Palma, o a Chamartín. Seguramente habría que ir hasta Chamartín. Ineludible Chamartín.

Decía Yeats:

He hecho ya las paces
con eruditas cosas italianas
y las altivas piedras de Grecia,
imaginaciones de poeta
y memorias de amor,
memorias de palabras de mujer,
todas aquellas cosas de las que hace
el hombre un sobrehumano sueño
semejante a un espejo.

Pues qué suerte, tío.

Brindo por eso con mi rosado.

Habría que preguntarse por qué llora el anticuario. El anticuario está preocupado, tiene la vida que siempre había soñado.

Pero no es feliz.

Habría que preguntarse por qué ha sacado veinte canciones en dos días, compulsivamente. Aunque lo mejor es preguntarle a él. Las ha sacado para no pensar, que es lo que más teme en estos casos. Habría que preguntarle qué tuvo ella de especial.

El respondería, críptico, que un cierto brillo en su pelo.

Ella respondería que nadie más puede verlo.

Él respondería que razón de más.

Habría que retrotraerse a una poza en mitad de ninguna parte, con salchichas, una fogata y guitarras y alguien besando el cuello del anticuario, mientras el resto del grupo lo retransmite. Pero eso sería demasiado dolor para el anticuario, me temo, no lo soportaría. Habría que ir entonces a todas las mudanzas, a todas las peleas por todas las casas. Entonces el anticuario lloraría (con razón, pienso). Hoy me quedo en casa, lo de fuera no me interesa, ya saldré a dar una vuelta el día que no llueva. Habría que ir a un beso robado cuando abe llevó al anticuario a las zorreras, pero eso jodería mucho. Haría pupita. Mejor no hablamos.

Habría que ir al detonante de todo eso. Vivencias que todo el mundo tiene, que no se diferencian de ninguna otra. Habría que ir a lo que les da brillo. Pero ir hasta ahí sería el llanto pertinaz del anticuario.

Alcohólico dirán. Pero yo me quedo con mi rosado. Él y mi guitarra son que ahora brilla. Llegará el jueves, y mi casa se poblará de gente que, seguramente, aún no conozco.

Pero eso será mañana. Tarde. Decidme que ha de hacer el anticuario ahora mismo. En este segundo. Atinad. Por Dios, atinad.

Decidme cómo substituir el sol. Decidme bajo qué orbito ahora todo.

El anticuario mira sus dominios en lontananza. Todo aquello que abarca la vista. Todo es su cuerpo.

Pero su cuerpo no está completo.

Pero…

Por Dios. Joder. Ostias. Me cago en Dios cien mil veces. Por qué. Por qué.

Cojo al anticuario de la mano, me lo llevo a un garito. Allí estará bien, tan sólo dejadle una esquina, un rincón tranquilo donde nada suceda, donde pueda respirar aire sin ella. Sólo un segundo. Después se meterá en la fiesta. Él está muerto, puede permitirse el lujo de estar más vivo que nadie.

domingo íntimo, buen lunes

El viernes limpié la ruina de casa que tenía. De ahí el nuevo rincón del anticuario under the palomar (que en inglés sería una palabra llana, palómar), el viernes inma, mayte, roy, miguelón, cisneros… un lujo, tocando la guitarra desde las diez hasta las cinco de la mañana (os quiero, vecinos, lo juro, aunque os venguéis cambiando el suelo del piso de arriba a las ocho de la mañana, es poco el precio), conversaciones… el sábado mudanza (abe, cris, fer), luego santi, ortondo, roy, miguelón… conversaciones… guitarra desde las once hasta las dos de la mañana, luego la mina y la pérdida del sentido ordinario o común de las cosas, pedo brutal, dolor brutal por todas partes, ganas de acabar con todo (entre tanta gente… imbécil), qué mas da las cosas que te lleves si te has llevado el sentido de las cosas… que más dará lo que se quede, si no puede significar absolutamente nada… el domingo cisneros y su niña, excelente en todos los sentidos, mata, virginia, roy, nano… guitarra hasta las doce y veinte de la madrugada, conversaciones… irreproducibles. Después todos se van, se queda nano. Abrimos los corazones y los ponemos delante, en la mano derecha, descubiertos… se queda hasta las dos de la mañana y caigo rendido en la cama.

Me levanto hoy, henchido de vida, de sensaciones, de sentimientos… de dolor también, mucho dolor, que va siendo parte de mi status vital habitual, así que no le presto atención, me hago el remolón en la cama una horita, me levanto… no me levanto… (y sobre mí, a un metro escaso, alguien pegándole ostias al suelo para levantar las baldosas…), me levanto, limpio en media hora la vorágine de ayer, miro la casa, contemplo mi obra… es grandiosa. Me ducho sin prisas, me visto, me voy al trabajo…

Todo toma el orden normal. Hoy no molesta. El fin de semana ha sido brutal. Que venga toda la normalidad que quiera. El finde que viene empieza bien, el sábado por la mañana me voy con goyete a un gimnasio de lujo, invitado, sauna, baño turco, masajes…

El anticuario en aquella jungla…

Ya he quedado con Goyo. Él irá de yonquie. Yo de Koldo…

Iros preparando.

sabado de mudanza

El día comienza relativamente temprano. Vienen a buscarme y en casa de cris las prisas y nos vamos a casa de fer y tomamos un café mientras él desmonta equipos imposibles de música. Corriendo de nuevo a casa de cris, después a ikea, después a su nueva casa.

Subimos las cosas y, lo juro, cómo jode, cómo jode recordar que hace algunos años sucedió lo mismo pero de modo muy distinto (y todos los que vinieron comieron pizzas en una casa sin luz eléctrica…). Una buena comida a las siete de la tarde, charla emocionada («gracias, tronkos, os habéis portado». Qué va, jara, que va, gracias a ti por darme la oportunidad de hacer esto, de vivir esto contigo, con cris y con abe).

Después la cosa se me esfuma. Goyete me comentó algo que no debo, ni puedo, ni quiero reproducir aquí en burdos signos ortográficos. Al salir de la nueva casa de jara quedé con Ortondo, Roy, Santi y Miguelón. El pedo más brutal que me he cogido en dos años y medio. Os podéis imaginar las dimensiones. Todo comenzó, como siempre últimamente, con la nueva guitarra, con las cosas que no hubiera querido oir y con la depresión brutal de sentirme de nuevo enamorado, no correspondido, sólo (entre tanta gente, imbécil de mierda es lo que soy), con la de echarte de menos terriblemente, mi niña. De ahí la cosa desembocó en tragedia, como no podía ser de otro modo, y en forma, sobre todo, del pedo brutal y una mano derecha dolorida por el impacto de un otro no identificado (espero desde aquí que no fuera un algo orgánico).

Hice cosas que no quería hacer. Dije cosas que no quería decir.

Eso es, por supuesto, mentira. Quería hacer lo que hice y decir lo que dije.

Vértigos. Perdiendo altura. En barrena. En una perfecta barrena de manual.