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el momento

La novela: detenida.
Los poemas: detenidos.
Las canciones: detenidas.
La búsqueda de casa nueva: detenida.
Lo emocional: detenido.
El curro: sobre cero (que ya es algo).

La navidad es como las drogas. En realidad no hace más que hacer patente tu estado mental latente (si lo tienes).

agujero

Hay días peores que otros, no sé por qué. Hay días que te despiertas con esa mierda de opresión en la boca del estómago, como si algo fuese a salir fatalmente mal, como si algo se fuera a joder y a hacer mucho ruido en ello. Un Crash inmenso, algo así.

Y pasas las horas acojonado, apocopado, esperando la ostia que ha de venir en cualquier momento. Y pasan las horas y nada pasa, pero sabes que algo se ha destrozado. Y no sabes qué. Y esperas, sentado, a que termine de pasar algo o a que, al menos, el día se acabe de una puta vez.

verse

Hay cosas peor que muertas, ausentes,
que dejan marcas como cuadros arrancados
de las paredes.

Redundar en el existir es redundar en uno mismo una y otra vez, porque en suma redecorarse normalmente es sinónimo de traicionarse. No siempre, hay que saber hacerlo muy bien.

Chejov y el monje negro, de nuevo, redundando en la no-traición de verse.

Es la misma cerveza que suma y sigue en el acto contemplativo del pensar sin razonar, el pensar mismo de comunicación inmediata con lo circundante y uno termina sintiéndose escritorio, lo juro, uno termina sintiéndose vaso, teclado, cigarro, libro, silla, parquet, guitarra. Sobre todo guitarra, creo. Uno tiene cien ojos puestos en cien sitios diferentes, y como el master del juego de rol va coleccionando datos, resultados, acciones abiertas, conclusiones cerradas. No tengo duda alguna sobre ello.

Chejov y el monje negro, de nuevo, redundando en la no-traición de verse.