Qué complicado es rezarle a algo. Arroz en el fuego y una lata de atún, una de champiñones enteros, un brick de tomate frito, un par de huevos. Mirando la ebullición del agua, los granos de arroz dando tumbos, desorientados. Al fin y al cabo van a acaban en el estómago, no es para tanto. Mirando los goterones de grasa bien ordenados en el tubo del extractor. Por mucho que limpie, nunca llego a ellos. Están a un nivel supralunar, lejanos, distantes, inalcanzables; es fácil concluir que no sería malo rezarles. Pero qué complicado es rezarle a algo.
llorera
El cielo llora de impotencia por no poder hacernos más daño con el frío. Y nosotros, estúpidos mortales, nos helamos y nos mojamos.
cosas
En cada cosa y casi siempre hay una colección mensurable de aporías, y te sientas con tu cerveza buscando emborracharte y llenarte de contenido gaseoso y mingitar a gusto, que ya es algo, y te descubres pensando que son dos días y que uno lo estás pasando matando el tiempo. Revisas estructuras más o menos mentales y no encuentras algo de razón en la sinrazón o de sentido en la indolencia que nos está jodiendo a todos, cada cual en la suya con nombres y apellidos. Sabes que no es tarde pero ya no tienes ni idea de cómo reconducir cualquier cosa y todo se va cuajando, solidificando, actualizando como quiere y tú sólo lo ves y discriminas: esto sí, esto no.
Y compras unas pizzas y te revuelcas por el suelo temiendo el techo de techo del piso que compone ninguna parte y te ríes y te estás riendo a gusto y piensas que siempre es todo así, de tanto y de tan escaso, de tanto que se apunta y de tan escaso que se narra. La vida, como las novelas, se narra, siempre se está narrando en un diálogo interior que marca las pautas y las desviaciones permitidas. Bah.