# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (203) | libros (21) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (787) | canciones (174) | borradores (7) | cover (46) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | koala (3) | po 12 (1) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (366) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.733) | atranques (1) |

todos contra el canon

Como nos callamos, pues al final van haciendo lo que les da la gana. Aunque pueda ser que no lo evite y pueda no ser más que una intentona sin mucha difusión, Todos Contra el Canon, con un montón de organizaciones firmantes, acaba de salir. Este es el manifiesto con el que arrancan. Empiezan cagándola, porque la web no se ve bien con firefox. Qué voy a decir, si este es un país de medias tintas y de movimientos publicitarios (no morales ni de valores). El encabezado es terrible.

Aunque sea por motivos publicitarios (en el sentido de qué guais somos que estamos contra el canon), a ver si arreglan algo de una vez.

querer a un padre

La vida, como la política, es una de esas cosas en las que, si no te metes, te meten. Despistaba el hambre yendo a comprar salchichas de oferta al supermercado de abajo y al volver me encontré a mi padre bajando la cuesta. Estaba tenso, raro. Cuando yo veo a mi padre tenso, raro, me pongo tenso, raro. Mi padre no suele venir a buscarme. Huele a intimidad, y aunque me encanta tener intimidad con mi padre no estoy acostumbrado. No estoy nada acostumbrado. Me gustaría estarlo más, me digo, y eso es lo que me hace más apreciar este tipo de momentos.

La historia de siempre, o una historia que no puedo poner aquí porque no me pertenece. Sólo digo que ese hombre está jodido, y me gustaría recordar la frase que dice que la gente sensata suele ceder primero y por eso estamos gobernados por completos imbéciles.

Llorar por el padre de uno es algo que deja de ser importante cuando has visto a tu padre llorar delante de ti. El padre es una figura histriónica de sí misma que, a la gente de mi generación, le supone un completo totem de honradez y saber hacer. El tema de saber que a la gente así puede no irle bien da sensación de que el mundo y todo es injusto. De que nada tiene sentido.

Si a él no le va bien, con lo que es como persona, que a mí me vaya algún día bien es cuestión sólo de suerte, y desde luego no de méritos. Desde luego que no de méritos. Sin ánimo ni intención de comparar no soy ni la mitad que él, no le llego ni a la suela de los zapatos, ni con alzas.

¿Por qué las cosas son tan injustas? Pues no lo sé. Sólo sé y puedo ver cómo jode. Hace tiempo le escribí una dedicatoria, en el primer libro en el que me editaron un relato. No se lo dí. Me gustaría saber dónde lo puse. Me gustaría dárselo. Me gustaría dejarle claro todo lo que le debo. Pero no sé.

Pero me esfuerzo. Quiero aprender.

No dejo de intentarlo. Y no dejaré, es difícil sacar a un padre de la consciencia.

Decir te quiero a veces es muy difícil. Mucho.

Un padre es esa persona con la que conviviste muchos años, y que te dió una formación sólida (no entro en moral, amoral ni demás pamplinas). La imagen que más recuerdo de mi padre es aquella en la que está sosteniendo un libro con los brazos como los de popeye el marino (y no es un ritual escénico, hacía boxeo), y eso me enseñó que los diablos también pueden ser ángeles sin ningún tipo de problema. Él me enseñó, sin quererlo, a tomar el camino del mal y el del bien al mismo tiempo, importando sólo dónde quería estar yo. Por eso todo esto me sobrepasa, me escinde, me jode. No hay derecho. No hay salida. No hay justicia ni verdad, que son mentiras que nos contamos para sentirnos un poquito más a salvo, resguardados en nuestras cuevas con el fuego encendido.

La verdad es que, en la vida, siempre se pierde. También se gana, y se disfruta. Pero la victoria es pasajera, la derrota es para siempre. La victoria es efímera y constituye el cenit de sí misma, porque tiene tanta intensidad que no puede durar más que un segundo. Sin embargo, lenta, la derrota nos abraza con su estúpido manto. Ella es la única que está segura de la victoria. No tiene prisa. Tiene reservado todo el tiempo del mundo y le alquila minutos a la victoria.

de rerum natura

Hay una cosa que nadie está dispuesto a soportar, por encima de cualquier sufrimiento, y es la insignificancia. Tenemos la secreta y pública aspiración de que nuestros actos signifiquen, que no caigan en el olvido. Cuando uno es dejado no le duele, por mucho que diga, el abandono, sino el olvido. Si nuestro amor era tan importante por qué dejó de ser para ti en un segundo, se pregunta el que no dejó. Kundera lo llamó, siempre rimbombante, «la insoportable levedad del ser», y con toda la razón del mundo. Estamos inmersos en un tamiz de significados que no perduran, y somos conscientes. Uno, antes de morir, desea hacer algo que resista el embate del tiempo. Estoy tan borracho que no puedo escribir dos palabras sin corregir una, pero me ratifico: lo que no aguantamos no es la muerte, sino la insignificancia. Eso compone la naturaleza de las cosas que en sociedad nos rodean. Hoy vi a Ángela y reflexioné sobre las cuestiones del abandono y el olvido, pensando en que ella siempre pensó en mí y viceversa: se perdió el contacto, pero no entró en juego el olvido, nos recordamos. Así podemos estar un buen tiempo sin dolor, sin sentirnos miseria. Porque lo que uno hace lo hace con la aspiración de que sea duradero.

Luego discutí, con razón, con N. Nos miramos en la esquina y yo ya me iba cuando me llamó. Hizo un gesto, fue suficiente. No tenemos ninguna gana de dejar de vernos. Había un motivo, aunque jamás es suficiente. Siempre necesario, nunca suficiente, de momento. El olvido es el estadio final, pero dentro del tiempo hay un montón de cosas por las que actuar. Y se actua. La antesala del olvido es la muerte, pero hay muchas instancias intermedias. En todas ellas quiero estar con N.

No sé por qué.

Pero es algo que siento dentro. Y qué no entiendo, pero existe. Y ello convive con el significado suficiente. Después Cisneros, y Nano, después de cuatro años, de nuevo con Cris. Pensé: «es más fácil volver a estar con quien sabe cómo cagas y cómo meas». Pensé que es la desrelatividad del significado, la reificación del significado: nunca nos olvidamos: somos más fuertes que la vida: nos seguimos amando. No pude olvidarte. Es precioso. Seguí viviendo, pero no pude olvidarte, de tal modo que hoy vuelvo contigo.

Eso, bien dosificado, vale una vida entera.

Estarán lo que estén, bien podría ser la vida entera, pero tienen una frase que entra en contradicción directa con la insoportable levedad del ser: no pude ser sin ti. Es una de las cosas más bonitas que puede uno vivir.