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darle

El artista que hay en él va a ponerse frenético de rabia cada vez que oiga ese remedo de su deseo, de todo lo que quiso decir mientras luchaba, tambaleándose, escapándosele la saliva de la boca junto con la música, más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue. Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca-cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado.

El perseguidor, Julio Cortázar.

Afonico, con los dedos de la mano izquierda dislocados y las yemas entumecidas.

Ayer Nano terminó sangrando contra el cajón flamenco.

Yo estaba en otro barrio, he empezado hace poco a correr y me duele todo el cuerpo, tenía que escapar de eso. Necesitaba escapar de esos dolores de mi cuerpo fofo. Y la música lo pone fácil.

No hay mucho más que importe cuando te pones a darle. ¿Dónde se queda la cabeza, en los ritmos? La mano derecha duele, los tendones a punto de reventar. Cada vez toco más rápido, los ritmos son más frenéticos. Y, por supuesto, cada vez estoy más viejo. Al mismo tiempo me estiro, echo la cabeza hacia arriba para dejarle paso franco al aire desde mis pulmones hasta el mundo exterior.

Puedo notar cómo va saliendo la rabia, centímetro a centímetro. Y la alegría.

La rabia y la alegría de todo, por todo.

Centrado en el ejercicio, en el esfuerzo, en el ciclo. Viendo allí a lo lejos lo que sé que voy a hacer, lo que tengo que hacer, lo que no puedo hacer otra cosa diferente que hacer. Lo que va a salir de todo esto, esos caminos, caminos de ese calibre, ese tipo de caminos.

De momento sólo saludando con la mano. Hoy estoy a otra cosa y puedo respirar tranquilo en territorio conocido.

vox

Si alguien quiere reprocharle algo a Santiago Abascal, sobre todo después de ir por ahí diciendo que no sé quién va traicionando no sé qué principios (cosa en la que ni entro ni salgo, ambas mentalidades me parecen una traición), lo tiene fácil.

El tipo es gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social que, sin actividad reconocida en su propia página web en 2013 y lo que llevamos de 2014, le ha generado 82.491,80€ brutos anuales.

Estas son las caras nuevas que nos van a salvar de las viejas, que ponen gesto adusto y digno y son más de la misma mierda. Suena la música y parece una melodía distinta, pero es una y otra vez la misma. Mierda y más mierda que nos tragamos con las bocas abiertas pensando que estamos cambiando algo.

Un tipo que vive del cuento de una temporada querrá hacerlo siempre, y hará lo que sea. Comerá de la mano que haga falta.

Y no es cuestión de izquierdas o derechas, ¿no os parecen estúpidas las fotos a lo Braveheart de Pablo Iglesias en la web de podemos, mirándote a los ojos con el pelo al viento y gesto preocupado? Aunque en este caso al menos me puedo quedar perfectamente con su manifiesto. A ver cómo va desplegándose el tablero.

padres de otros

Estábamos ahí, tomando unas cervezas. Yo acababa de leer en alguna parte que tienen un IG muy alto, así que no tenía demasiadas ganas de alargar la situación. Las efímeras modas propias que deberían ser patrones de vida, pero no lo son.

Llevábamos un rato hablando. El tipo estaba chungo y había acudido a mí para pedirme ayuda por vigésimo quinta vez. Yo ya estaba más que harto. Mucho más que harto. A veces jode ver como el ser humano se pilla una piedra y se pasa el resto de su vida intentando partirla por la mitad con la cabeza. Eso me enferma, me hace sentir mal. Verlo tan claro y no poder ponerle una solución inmediata acaba con mi paciencia. Así que le dije un par de cosas para de ahora en adelante.

La humanidad es esa colección de tipos de no tienen ni idea dónde van ni dónde están, ni regularmente qué están haciendo mal con sus vidas.

Y los logros de la humanidad son cosas que suceden mientras que los que los aupan luchan con sus propios demonios mal y a destiempo. De hecho se podría trazar una linea roja entre fantasmas y avances que sería siempre sobrecogedora. Demoledora.

Y el tipo se me queda mirando, el muy cabrón se me queda mirando como el hijo de puta que es, y me dice:

«¿Sabes?,
nadie debería poner condiciones nunca.
Nadie está donde debe cuando lo hace.
Si quieres ser padre de alguien
deberías empezar por ti mismo».

Así, marcando las pausas, como si estuviera recitando (que probablemente algo de eso habría, por los antecedentes).
Así, reconfigurándome entero en tres soplos de aire.

Supongo que proyectamos soluciones en los demás que no somos capaces de asumir por entero en nosotros mismos. Proyectamos soluciones en otros como si fueran nosotros mismos, como si todo fuera lo mismo. Y nada lo es.

Le prometí lo que pedía y le abracé.
Le dije «gracias».

A lo que respondió «espero que me lo recuerdes algún día, cuando me haga falta».

Acabé la cerveza y pedí dos más.

«Cuenta con ello.»

Y allí seguimos un rato, mirando al vacío. Disfrutando de ese tipo de soledad que sólo se puede sentir estando acompañado.

Y recuerdo que todo dolía especialmente bien.