Aunque no guste, aunque no sea apropiado, aunque, en definitiva, no sea de ningún modo: estaba aquel anticuario idiota (aquel miguel idiota) que no tenía ni idea de lo que tenía entre manos y está este, desesperado porque no tiene ni un mísero cigarro. Este miguel (anticuario) que daría un mundo porque existiera un cofidís, un credial de los paquetes de tabaco, llamo a un teléfono y poops, aparece un paquete de fortuna. Ya te lo pagaré mañana. Ya te lo daré mañana. Prefiero no dormir, pero tener tabaco, a dormir sin.
Y este anticuario ha cenado de puta madre, ha estado con gente de puta madre. Pero hay otro miguel, detrás, hay otro miguel detrás que existe con más fuerza y que no se siente bien, que tiene mareos, que siente que todo se derrumba, que nada se tiene en pie, y que hace sólo algún poquito tiempo… y no es que no me lo pase bien, lo sabéis, sabéis que me lo paso de puta madre, no es un desprecio, me lo paso de puta madre con todos vosotros y me siento pleno y me siento bien y me siento genial pero hay un miguel (¿lo dije ya?) que existe por encima o por debajo de todo eso y que se acuerda, se acuerda mucho, recuerda mucho, se siente mal, se envidia a sí mismo no hace tanto tiempo, quiere recordar, quiere tener un cigarro en la mano mientras recuerda, quiere volver a, quiere tener en sus brazos a, no quiere más cerveza, hay un miguel que no quiere más cerveza, lo hay, hay un miguel que no quiere más dolor licuado, que no quiere más recuerdo, hay un miguel, lo juro, que quiere volver a estrechar entre sus brazos y hay un miguel que fumó el último cigarro (hijo de puta) mientras yo no tengo ninguno.
Ese miguel o este miguel es el que necesita ver a las parejas de cuarenta años, porque las suplanta, suplanta las caras y pone las que él quiere, y… ¿a quién quiere? joder, es evidente. Las mañanas se cubren de las mierdas del despertar y él está invocando nombres que sólo existen en su cabeza. Es evidente. Es evidente que no está en los posos del café, que ya no está de ningún modo. Pero aún hay un miguel que espera, lo noto dentro, lo noto tan dentro que me espanta y me lleva a tomar cientos de litros de cerveza. ¿Es la solución?
No. Porque no hay ninguna.
Quiero un cigarro. Es bueno tener algo en lo que centrarse. Quisiera un cigarro. Quisiera que fuera lo único que me importase y… quiero un cigarro. Sólo quiero eso. No, no quiero llorar más, eso para otros. Lo que está fuera de nosotros no nos pertenece, es inútil ilusionar. Aunque ilusionemos. Aunque sigamos pensando en. Aunque sigamos rotos de forma silente. Nadie se da cuenta. Todos son felices porque hacemos bromas, somos grandes, somos enormes… pero cómo jode. Porque cómo jode. Porque, joder, cómo sigue jodiendo. Es como un eterno hierro en el estómago, quiero seguir gritando.
Porque el hierro sigue dentro.
Es sencillo de comprender, joder, ostias, hijo de puta, imbécil, idiota, sigue dentro, sigue doliendo igual, pero peor. Cuanto más tiempo pasa peor. Cuanto más tiempo pasa más imposible. ¿Es que no os dáis cuenta? Claro que sí. Vosotros ya no habláis, hace demasiado tiempo. Para vosotros, por increíble que parezca, esta olvidado. Ya no es nada.
Pero aquí dentro jode.
Yo no quiero vivir esto.
Por favor, no quiero vivir esto. Es sencillo. Sé lo que quiero vivir (lo que no nos pertenece…) yo no quiero vivir esto. Sí quiero vivirlo, pero no así. Quiero todo esto, y más, pero no así. No, las horas son un puto disfraz, estoy cómodo en él, pero no soy feliz. Joder. Sé que hace mucho tiempo. Lo sé. Pero no, no soy feliz. Joder, no. No lo soy. Sólo quiero… no hay nada que poder hacer. Hacéis todo. Estoy feliz, me siento jodido por todos vosotros. Hasta el más reacio lo ha intentado todo. Y yo sigo igual. Hay cosas que me superan. Hay cosas que supuran de mí. Sí, lo sé, tengo mucho. Sé dónde están mis méritos. De igual modo sé dónde están mis deméritos.
Ahhh. Joder. Silencio. La veo. La estoy viendo. La veo siempre. Da igual lo que esté haciendo. Incluso cuando mi cara no parezca estar comprometida, la estoy viendo. No os miento. Me miento a mí mismo para pasar mejor las horas, pero todo es mentira. No lo toméis a mal. Me miento, el corolario es mentiros a vosotros. Ha pasado mucho tiempo, pero tiene que venir alguien a jurármelo.
Porque yo sigo en el catorce de septiembre de 2003.
Lo sé. No importa, no es evitable, hay que seguir viviendo. Y es lo que estoy haciendo.
No me sale nada mal, según los cánones. Vivo sólo. Salgo incluso demasiado. Conozco gente, leo mucho, compongo mucho. Me siento bien conmigo mismo. Mientras no piense en lo que ya no está.
La cubierta del alma es nuestro cuerpo,
y ella misma del cuerpo el cuerpo es centinela
y causa de salud; pues que se unen
entre sí mismas estas dos sustancias
con raíces comunes, no se puede
una de otra apartar sin destruirlas.
Lucrecio. De rerum natura.
Es evidente.