Al final del camino resulta que no había camino, se había quedado atrás. Volvíamos de intentar desnudar el momento con engaños y el momento se había revelado. Ni tan mal. Teníamos un montón de cosas en secreto entre nosotros que amenazaban con destruirnos y, mientras tanto, nada seguros de sí mismos, nos iban minando. Qué cosas las que hay que ver cuando ves lo justo para no estamparte contra la pared de enfrente.
Eso debía ser todo por aquel entonces.