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ordena

La deuda es un modo de control. El que tiene una encima tenderá a tomar unas decisiones en vez de otras, motivado por la espada de Damocles de la cantidad de pasta que tiene que ir abonando cada mes. Un crédito como modo de acelerar el proceso para conseguir hacer algo que quieres hacer es algo que suena fenomenal, pero en un momento de bajos salarios en los que que se te joda la lavadora puede ser la diferencia entre llegar a fin de mes y no hacerlo en el siguiente medio año es algo perverso.

Cuanto más riesgo, más alto el interés. En ese sentido la deuda funciona, aunque de un modo retorcido, como los seguros o la sanidad: pagamos entre todos una cantidad que mancomuna los riesgos estadísticos de afrontar el coste alto de las incidencias que haya. Las aseguradoras confían en la estadística y en que lo que pagamos entre todos cubra los incidentes de unos cuantos —que las aseguradoras tendrán que abonar si no pueden evitarlo, aunque lo intentan con ganas porque no están para solucionar cosas sino para ganar pasta— y les quede lo suficiente como para tener una cuenta de beneficios saneada.

Ese concepto esconde a medias una verdad muy incómoda, y es que si todos necesitásemos utilizar los servicios de nuestros seguros al mismo tiempo el sistema se iría a la mierda. Es decir, que el sistema funciona bien excepto en el momento en el que tiene que hacerlo de verdad.

Cuando algo funciona bien excepto cuando es necesario que lo haga es que te están metiendo la mano en el bolsillo.

Los créditos dan una vuelta de tuerca y el que más necesita recurrir a ellos paga un interés más alto, de ese modo los bancos pretenden ganar dinero por prestar haciendo que los que pagan cubran los impagos de los que no lo hacen. Las diferencias con un seguro de coche son evidentes, mientras que en un seguro cuanto más caro sea tu coche más pagas, en un crédito cuanto menos lo necesites menos pagas. Es chocante, por decir algo neutro.

Pero el dinero no es más que papelitos de colores o apuntes en una cuenta contable, así que en realidad parece que no se pierde demasiado lo haya o no lo haya. Como eso no parece algo demasiado convincente (aunque de hecho para muchos lo es) empezó a fraguarse la idea de que el dinero es tiempo de otros (y el tuyo), lo cual no tiene mucho sentido, porque si fuera así todos naceríamos con el mismo, en principio. Es una apuesta, nadie puede saber lo que va a vivir.

Cuando te compras un coche con tu dinero pagas un porcentaje del tiempo del ingeniero que lo diseñó, del coste de la maquinaria y las horas de mano de obra que se necesitó para construirlo. Podrías hacerlo por ti mismo, pero requeriría un tiempo que no tienes. Pagas por la comida que te hacen, porque te limpien la ropa. Pierdes dinero, ganas tiempo para ocuparte en otras cosas.

Este flujo podría tener bastante sentido si todo el mundo tuviera una cantidad inicial de dinero, pero no es así. La herencia es uno de los elementos que distorsionan el sistema, y de ese modo el tiempo que ahorraron tus padres pasa a ti cuando la palman, lo que tiende a perpetuar la desigualdad. Tiene más recursos iniciales el que nació en un sitio en el que tenían más acumulado. Cuando estudiaba teoría económica en la Autónoma siempre pensé que si el propio sistema buscaba modos de redistribución de la riqueza sólo podía tener un motivo: que él mismo supiera de sí mismo que era injusto. Si un sistema fuera justo, ¿para qué necesitaría redistribuir nada?

Otro elemento que distorsiona el sistema son aquellas certificaciones que te cualifican para un puesto de trabajo en el que vas a ganar más pasta cobrándote a cambio. ¿Por qué? Porque es un modo de beneficiar a los que más tienen desde el principio frente a los que no tienen nada. Hay miles de estos condicionantes, desde cómo se gestiona el acceso a la información y la formación pasando por la sanidad y la justicia y por algo en principio tan inocuo como las multas de tráfico.

¿Por qué es así? Porque una barra de pan que cuesta 0,50 no cuesta lo mismo para todo el mundo, depende de la pasta que tengas. Por mucho que nadie te pregunte quién eres para ponerle precio a una barra de pan no es lo mismo pagar 0,50 cuando tienes 200 euros para llegar a fin de mes que cuando en tu cuenta tienes para comprarte la panadería. No significa lo mismo 0,50 dependiendo de tu situación económica. No, olvídate. No todo el mundo paga lo mismo por una barra de pan.

El que te multen con 100 euros por saltarte un límite de velocidad, del mismo modo, no es lo mismo para todo el mundo. Para algunos es no llegar a fin de mes y para otros es una especie de peaje. Parecía que el sistema de puntos iba a poner, por fin, una cosa más equitativa (independientemente de tus ingresos todos tenemos los mismos puntos iniciales, lo que nos iguala), pero la trampa está en los métodos para recuperar los puntos cuando los pierdes: básicamente pagando. De nuevo el que ha sido más favorecido por el sistema lo tiene mucho más fácil.

¿Y cual es el modo para equilibrar las cosas antes de que estés en la mierda? La deuda. Si no tienes el dinero suficiente puedes solicitar un crédito. Cuanto más lo necesites (cuanto menos tengas) más intereses pagarás por él, y se añadirá a tus dificultades para pagar lo necesario. Como no es algo público, mancomunado por el estado, la gente que presta la pasta esperando ganar con ello pone sus propias condiciones, basadas puramente en el beneficio del que presta.

No es que tú tengas derecho a algo, es que otro decidirá en función de lo que vea si mereces el crédito y lo que va a cobrarte por ello. Esa es otra de las distorsiones del sistema, el dinero no se basa en un uso racional de los recursos, sino en una serie de decisiones de los agentes que se ganan la vida decidiendo quién puede acceder a qué y en qué condiciones y quién no.

Si lo piensas bien es una forma muy perezosa de gestionar los recursos. En vez de decidir, como sociedad, qué consideramos que es lo más interesante para nuestro futuro, confiamos en que el egoísmo personal de los que más tienen sea capaz de gestionar lo que más nos conviene. ¿Pero cómo el egoísmo de unos cuantos puede ser capaz de llegar a resolver lo que más nos interesa a todos? Eso ni siquiera se discute.

Recuerdo que dejé de leer el libraco en varios tomos del rollo sobre el capitalismo y la libertad de Escohotado muy al principio, cuando decía algo así como que la vida es un juego y el que no lo entienda está fuera. Sentí que el tipo era un imbécil. Sólo es un juego para aquellos que pueden caer en una trampa y salir por otro lado gracias a los recursos acumulados. Para los demás es la misma vida la que cae por un agujero.

¿El dinero es tiempo? Perfecto. Pues que todo lo que no sea eso se elimine. Ahora mismo el dinero son papelitos de colores y apuntes contables que sirven de modo de control de los que defienden el sistema porque les interesa frente a los que lo sufren y no tienen otra opción.

La idiotez de la meritocracia en unas condiciones iniciales desiguales, la gestión de los recursos en función del egoísmo de unos cuantos, la caída a medio gas del crédito y la caída a tiempo completo de la caridad. Gente con pasta diciéndole a los demás cómo tienen que ser explotados obligándoles a dar las gracias por ello.

Control. La vida es un juego solo para aquellos que pueden reiniciar la partida cuando no les va bien. Para los demás es un roguelike de un solo intento.

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