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bukowski recula hacia delante

Quién cojones no hubiera querido ser Charles Bukowski gritándole a los mierdas

eh, sois unos putos mierdas

como si fuera el puto amo de un mundo idiota en el que si tienes una bici de 2000 pavos o una piscina o un estúpido coche te sientes dios

quién no hubiera querido, eh,

como el disidente,

como diciendo, eh,

yo tengo realmente el sabor del mundo, leer mis putos libros y tendréis un poquito también,

yendo borracho a los recitales, eh, estoy borracho y me vais a escuchar, porque lo que tengo que decir

es jodidamente importante, eh,

que nadie se ría, eh, dejadme a vuestras hijas que las voy a llenar, eh,

yo sé qué es lo que significa eh, yo lo sé.

Pero resulta que he visto su cara en algunos documentales y creo que la cosa no iba por ahí, eh,

creo que no tenía nada que ver con eso, y creo más bien que era un hijodeputa listo, bien listo, al que gente

que se creía aún más lista le pilló por la solapa y le hizo aparentar ser algo

para que tú, y yo, y los demás, y todos, se sintieran un poco más libres

sólo porque un hijodeputa como ese podía decir cosas como esa y joder,

la sociedad es genial si cosas como esas se pueden decir

pero creo que, de algún modo

joder creo que puedo leerlo en sus putos ojos

o algo así, no sé, algo de ese modo,

creo que él sabía que era el ojo en el que no se miraba mientras se mira y alguien dice

eh.

Tío.

Qué grande.

Y después nada. De nada de nada.

Después, joder, nada.

Pobre tipo. Creo sinceramente

que él era consciente

de que le habían convertido

en un puto bufón.

Me da cosa. Viéndole así, ahora, entonces, ya tarde

me da cosa.

Siento pena por él. Por nosotros. Por todos porque eh,

son capaces de esponjarlo todo. De hacer de todo una victoria.

Y pienso, pobre tipo.

Pobre tipo.

Pobre tipo.

Todo derrota.

Todas las verdades que podía decir estaban rotas.

Y

eran perfectas, redondas,

pero rotas.

Y nadie se fijó en eso, nadie se dió cuenta.

Creo que su mirada cuenta algo de eso, con un rayo de esperanza

o algo semejante, como diciendo

eh, mirad como hago el bufón, no os quedéis en eso,

pero de eso se hicieron todos los llaveros, las postales, los recuerdos y

eh,

han ganado.

Y probablemente el siguiente

Bukowski sea aún más sincero

pero entonces importará

aún menos,

de algún modo,

y el tipo de la bici de 2000 pavos

verá el video y dira

eh

qué grande este tipo.

Y eso será todo.

Él lo supo y por eso me da
algo de pena, algo de respeto,
algo de dolor,
vacío en el cuerpo, vacío
en general

todo eso.

volviendo a las piernas

Trajiste las piernas

pese a que, al menos cien veces,
te había reconvenido en contra. Las
palmeras, las hojas, la primavera
contra tu cara pegada de sudor tierno y seco.

Dos veces cien habíamos entrado
al mismo sitio, siempre el mismo.

«Es que (pausa) aquí (pausa) las tazas son más bonitas».

Yo suspiraba, porque no entendía nada
de nada de nada, como en un suplicio
desorientado enfilando hacia el centro
de tu alma, borrosa y estancada
en días iguales
—que no podían ser más que
iguales—,

porque no teníamos dinero para ninguna otra cosa.

«El dinero no importa», me decías.

Y yo te miraba como si estuvieras tonta,
o pensando que lo estabas, o sintiendo que ya
te había dejado atrás, me había ido
hacia delante y tu te habías quedado buscando algo,
entretenida con no sé qué cosa
y yo
sin darme tampoco cuenta
estaba lejos en el siguiente ciclo de la autopista.

Las tazas eran jodidamente bonitas.
Pero eso no pude comprenderlo hasta mucho más tarde.
Cuando la mejor y la única forma de estar contigo y
abrazarte y sentirte cerca ya era mirar

una fotografía digital, escondida en carpetas
dentro de carpetas, como una mancha o
una vergüenza,

una fotografía de uno de tantos de aquellos días
en la que tú sonreías
con una de aquellas tazas estúpidas en la mano,
estúpidas y bonitas,
y yo, ya entonces al otro lado de la cámara,
detrás de la realidad que es lo que captura la
fotografía,
seguramente bostezaba o me aburría o te odiaba
o estaba buscando la manera

de escaparme a dar una vuelta.

a vueltas y revueltas

con la vida. Cosas de hacerse mayorcete. Tengo 40 y me siento como si fuera el mismo de siempre. No tengo percepción del paso del tiempo, Peter Pan que vive igual que hace 20 años.

Tengo un móvil nuevo, después de un año sin más que el teléfono del curro, y me sorprendió que el fabricante te tuviera que dar un código para desbloquear el bootloader. Cada vez somos menos dueños de lo que tenemos. El tema es meter en medio trámites y trámites para que se te pasen las ganas de hacer lo que quieres y hagas lo que les conviene que hagas. Perseveré y ahora anda con cyanogen mod y aplicaciones de F-Droid. Un poco casi a la contra, porque mi guerra está en otra parte pero no me gustó que me pusieran trabas a la hora de hacer algo. Mi teléfono de toda la vida estuvo congelado un año en la única compañía que he encontrado que hace las cosas de un modo que no me avergüenza sino todo lo contrario (enlazo el artículo porque lo suscribo, porque esa es otra guerra, si queremos compañías éticas trabajemos sólo con compañías que lo son en donde sea posible).

Discuto mucho con autores y gente que vive de ello en toda la escala. No parecen entender que la remuneración del autor es algo diferente a que el acceso a la cultura esté regulado por tu capacidad económica: que eso discrimina y perpetúa las clases sociales y las estanca. Se ponen a gritar a otros, y dicen que deberíamos ir a asaltar panaderías porque comer es más importante que leer. El reparto del pastel que cada vez es más exiguo y cada vez enfrenta más a unos frente a otros. Que no se preocupen, se robará (si es que es robo, no lo tengo tan claro sino todo lo contrario) de todas partes. Aumentan los costes de las necesidades básicas y disminuye el poder adquisitivo, pues ya me dirás.

Se culpabiliza a la gente en todas partes, en eso los forraos están haciendo bien su trabajo. A los jóvenes porque no quieren esclavizarse y prefieren jugar a la play, dicen, a los pobres que somos todos porque piratean mientras se compran Ipads, dicen, y así todos culpables y enfrentados entre nosotros en vez de con quien está destrozándolo todo.

Vivimos en una sociedad de la abundancia dentro de un sistema que necesita de la escasez para asignarle un precio a las cosas, sin entender su valor en la mayor parte de los casos. Y en eso nos van a matar a todos por el camino. La sociedad se deshumaniza y se vuelve individualista para no tener que mirar a los ojos de los que excluye mientras les dice: es culpa tuya, tuya y sólo tuya. Sanidad, educación y pensiones de aportación individual, se acabó con lo solidario porque es muy eficaz pero, lamentablemente, no es rentable para un fondo. Y lo solidario, en el discurso mendaz e idiotizado de esta gente, hace a la gente vaga. Lo que hace a la gente vaga no es disponer de lo necesario, sino trabajos mal pagados y poco estimulantes. A ver si es que el fin de haber venido al mundo es meter atún en su lata 40 horas a la semana. Esta gente sigue con el rollo de que la vida es esfuerzo y sacrificio y bla, bla, y te lo dicen con el caviar en la boca y el mercedes en la puerta. Qué bien les viene el esfuerzo y sacrificio para que otros le metan el atún en las latas que ellos venden con pingües beneficios. De lo que hablan es de que la esclavitud se queda sin reclamos cuando la gente tiene las necesidades cubiertas: toma, claro. Pero acabemos con la esclavitud, no con lo solidario.

Pero no hay manera.

Qué mierda de sociedad que no es capaz de proveer a sus miembros de las necesidades básicas, ascensores sociales y una vida digna. Qué mierda la que llama vago al que no quiere hacer algo que no le interesa. Qué mierda la que desprecia toda actividad y producto que no genera una plusvalía económica. Qué mierda de sociedad en la que si no vendes te venden y si no compras te desprecian.

Pues eso. A vueltas y revueltas.