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especular

Alguien me dijo una vez que lo que atraía de mí era mi carácter eminentemente
autodestructivo.

Yo dije que sí,
y me dormí del otro lado.

Hay cosas en las que es mejor no naufragar.

Hoy han vuelto a recordármelo.

Hubo otro alguien que, en una situación similar, me dijo que lo que atraía de mí era mi lado femenino.

Le contesté que no creo en ciertos tipos de dimorfismo sexual, y con más razón en los emocionales.

Me dijo que sí
y se durmió del otro lado.

Y yo me quedé comiendo techo, pensando en qué había fallado.

sobre el sentido


Foto cortesía de el clip doblado.

(Qué triste esta escena de jinete gallardo lanzando su espada hacia delante mientras está cubierto de nieve y se hace patente su indefensión de momento detenido en el tiempo).

Ayer, en plena vorágine guitarrera-cervecera-conversacional, nueve personas intimando en mi salón (en el mejor de los sentidos posibles) me aislé un segundo y recordé que alguien me dijo una vez que todo cansa.

Debe ser que todo no.

Llevo cinco años así, de mi salón a mi salón, de reflexión en reflexión, de conversación en conversación, y todo sigue siendo igual de emocional, por decirlo de algún mísero modo.

Querían decir, con lo de «todo cansa», que al final lo excepcional se convierte en lo normal, y deja de parecer tan estimulante. Supongo que puede ser que a algunos les pase. A mí debe ser que no.

Intimar en todos ellos, conocer, indagar, compartir, estar, es algo de lo que yo nunca me canso, siempre quiero más. A veces despotrico y me jode que siempre, casi cada día, venga alguien a casa, pero es por un asunto de espacio. En el fondo estoy encantado, siempre que tenga tiempo de crecer a mi aire.

Sólo hay dos formas de vencer a Nietzsche, y no creo que una sea el existencialismo. Ni siquiera el más mordaz y enconado. Son el sentido y el vacío.

El sentido te impele en una dirección.

El vacío te impele a llenarlo.

Y esta última me parece dañina.