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inscritas

Lo mismo de siempre. Más de lo mismo. Sentado, mirando el techo. Pensando en nada, leyendo algo. Rumiando una fractura (siempre rumiando). La semana que viene me largo, bici en ristre, a Asturias. Allí creo que las noches son más verdes y los caminos menos pedregosos. Eso dicen. Un viaje, unas cervezas, guitarra por la noche.

Las cosas que giran y se inscriben en sus círculos (de sexo, amor, amistad, levedad, peso…) tienen la responsabilidad de ser algo. Más que nada, menos que todo. Las cosas que giran, inscribiéndose en sus círculos, son las únicas cosas que existen (en un eterno presente entronizado en la pérdida).

nunca

Mientras la cara subía y bajaba
y se perdía cualquier intención de ser honesto,
lo que jamás fue nunca se diluía en
horas, sombras, penumbras.

«¿Tanto?»
«Ni te lo imaginas.»

El desastre del cuerpo roto,
de tanta cosa sola rota,
de tanta lluvia ñoña y boba,
de tanto pretender que se hace
lo que torpemente se muestra,
el desastre -digo, dije-
era pretender que aquellas sábanas vistieran
igual que vestían.

«Pero, ¿cómo?»
«Del mismo modo.»

Y la lluvía (boba) que no vestía iba
empapando de nadas la vida (rota),
ahora y entonces y siempre desde ahora (entonces).

«¿No?»
«Nunca.»