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Roger Wolfe. En blanco y negro.

Me despierto y hay un vaso medio lleno
de bourbon encima de la mesa, unas cerillas,
un paquete de Winston en el que alguien
ha garabateado su número de teléfono; son las siete
y cinco minutos de la mañana, James Mason me comtempla
en blanco y negro desde el televisor, y vocaliza
palabras que no logro entender ni oir siquiera.

Y después de levantarme y acercarme
al baño, y echar el asco y las entrañas
por las cañerías, y tirar de la cadena, se me ocurre
que es agradable estar vivo y hacer la guerra
y el amor y este poema, y que el mundo
bien merece
otra mirada.

de Días perdidos en los transportes públicos, 1992.

Sexto Empírico. Hipotiposis Pirrónicas

hipotiposis.jpg

Sexto Empírico.
Hipotiposis Pirrónicas.
Akal.
Edición de Rafael Sartorio Maulini.
1996.

Bueno, pues aquí tenemos los tropos, aporías o hipotiposis a todo pensamiento dogmático. No sé si el escepticismo es una buena mirada o no, pero desde luego parece ser que poco o nada más nos queda después de los traslados de uno a otro sistema aparentemente cerrado y explicativo. La suspensión del juicio:

«Adoptamos la expresión ‘suspendo el juicio’ en lugar de ‘no puedo decir qué hay que creer o dejar de creer acerca de lo que se propone’, indicando que las cosas nos aparecen igual en lo que se refiere a su credibilidad e incredibilidad; pero respecto a si son de hecho iguales o no, nada afirmamos: sólo decimos lo que nos aparece cuando nos afectan. También, por otra parte, se dice ‘suspensión’ porque la mente queda en suspenso de modo que ni afirma ni niega nada, a causa de la equipolencia de lo que se investiga».

Toda filosofía que se haga y que se pueda hacer se hace contra los tropos escépticos, Pirrón de Elea tuvo la fuerza suficiente como para convertirse en un referente a rebasar. Con mucha cordura repasó todas las deficiencias humanas con respecto al estudio de la verdad, sin pretender afirmar con ello la efectiva negación de algo así como una Verdad Universal (muchos después de él afirmaron lo mismo, de si hay o no hay verdad eterna no puedo discutir, porque mi propia constitución me impide saber nada de ella aún en el caso de que existiera, así que a otra cosa (¿no os suena?)).

La crítica más extendida al relativismo es esa según la cual si afirma que ningún sistema dogmático puede ser verdadero está constituyendo en sí mismo un dogma. Pero Pirrón tan sólo niega las condiciones de posibilidad de alcanzar el verdadero conocimiento y no, como ya dije, la imposibilidad de ese mismo conocimiento. No niega o desdice nada acerca de la Verdad, sino más bien de nuestra capacidad de reconocerla si nos pasara por delante.

Es algo así como un reconocimiento del terreno, vamos a ver con qué contamos para ver qué se puede hacer. Claro, después muchos hicieron lo mismo, pero de forma más tendenciosa y con una intención respetable pero sesgada, inventando sujetos transcendentales, o totalidades presentes en parte en las unidades, o mónadas o cualquier otra alucinación supina de más o menos interesantes ventajas didácticas y, sobre todo, constitutivas. Formas de justificar una identidad que sostenga el conocimiento cierto (la intersubjetividad kantiana es especialmente hilarante) y que justifique los casos en los que no se da efectivamente esta coincidencia (jeje, justificando el despiste y el error, y colocándolo efectivamente dentro del campo minado de lo equivocado).

Lucido y claro (salvando las distancias). Es todo un manual de vida que termina fuera de si mismo, sin mandamientos, sin verdades.

si las calles

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Coges la copa de juanito el caminante como si fuera la misma vida

(y si las calles lloran tú reza,
y si las calles lloran tú anestésiate con la cerveza)

A lo mejor te has tomado dos copas de más (juanito)

a lo mejor todo ha sido normal mientras te reías, y has conocido a un tipo que pasó las últimas vacaciones en marruecos

y te has reencontrado con un gran poeta (joder, tronko, si no fuera por la política quizá todo sería más cercano, aunque nada está lejos)

y con un psicópata (has quedado con él para mañana)

y lo que no quiero decir que me ha pasado (y es una memez) pero ha pasado

y has estado genial, en tu sitio, lúcido en el alcohol

(ella amaba eso y otras cosas de mí, pero, aunque lo niegue (que no lo hace) sobre todo eso, lo amaba tanto que surgieron tantas noches así, tomando lo que fuera, lúcidos en el alcohol, antes de que te sentara mal (lo que te sentaba mal era ella) antes de que fuera un peligro, las últimas noches con ella, sobre todo la última, después del 14S, fueron así, aunque los más cercanos no lo entiendan es diáfano)

tienes un par de teléfonos a los que llamar (¿llamarás?), la vida está llena de vida ahora (¿joder, por qué no antes?) y uno solo al que no debes llamar. Joder.

Llegas a casa con la conciencia de haberlo pasado bien (voy repartiendo la vida que se me escapa en tragos lentos en sus bocas mientras me voy muriendo) Una buena juerga del copón bendito. El tobillo duele mucho, pero no tanto como el pecho. Los juanitos deambulan en mi estómago. Hiciste el reparto de vida, tomaste la parte que te dieron. Vampiros, creo, repartiendo vida. Rosa tiene mucha vida, para dar y tomar. Para cubrir tus carencias. Es genial. Todo da vueltas. Sobre la frente despejada de nuestras cabezas.

Todo sigue, pese a todo. No quiero conducir a equívocos, todo fue genial. Pero hubo la llamada. No debo decirlo, eso echa las cosas para atrás. Pero lo hago. Fuera. Segundos fuera. KO.