
Solucionado el problema con mozilla, ahora de nuevo se ve mejor que con el explorer. Mi@ sigue a toda velocidad. Yo sigo despierto. Bueno. Quedaros con los ojos.
| uno | canciones | poemas | relatos | fotos | vindicaciones |perdiendo | temporada XXIII

Solucionado el problema con mozilla, ahora de nuevo se ve mejor que con el explorer. Mi@ sigue a toda velocidad. Yo sigo despierto. Bueno. Quedaros con los ojos.

Animado por el repelente de mi insomnio, contaré la primera historia del sábado. La de Milton (corrígeme, Rosa, si me equivoco). Estábamos camino del garito de turno cuando nos cruzamos con él (no recuerdo cómo comenzamos a hablar). Nos paramos a apoyarnos en un coche (que necesitaba apoyo) y la policía paró delante de nosotros. Nos fuimos escopetados porque nuestro nuevo amigo no tiene papeles y ciertas miradas policiales es mejor esquivarlas, hacer como que no van contigo y alejarte sigilosamente. Estuvimos hablando con él de su situación y de lo que hacía aquí. Lleva tres años en España, trabaja de limpiador, tiene mujer y dos críos, y por supuesto, tiene formación, es informático. Fuimos a meternos al garito de turno y, por supuesto, no le dejaron entrar (bueno, la verdad es que él estaba muy borracho y no sé dónde se había metido para ensuciarse tanto, supongo que perreando por los bares de Madrid). Nos cabreamos con el seguridad y nos fuimos de allí, indignados.
Seguimos hablando. Le pedí su número de teléfono. Me dijo que no. Supongo que debo parecer un animal, físicamente hablando. Le di el mío y quedó en llamarme. Quién sabe si lo hará. Supongo que no. Cuando ya lo supimos todo y estábamos bien cabreados, nos despedimos, asegurando que nos veríamos otra vez. Rosa, Rodrigo y yo nos alejamos. Miré a Rosa. Le dije ¿qué hacemos ahora? y me dijo la verdad es que me apetece una copa.
Volvimos sobre nuestros pasos y entramos al mismo garito.
PS: seguro que no era ese su nombre y sí,
lo juro, entramos al mismo garito. Sic.

Tarado visto a través de una botella de cardhu.
No tengo tiempo (ni cuerpo) pero tendréis que exigirme que os comente:
– Cómo me metí la primera raya de mi vida.
– Cómo y por qué terminé discutiendo con un seguridad porque no me dejaba invitar a una cerveza a un ecuatoriano resentido con la sociedad que acababa de conocer.
– Qué hace una botella de cacique en mi buzón.
– Cómo perdí las llaves y terminé durmiendo en un banco muerto de frío, hasta que caminé cuarenta minutos para ir a casa de rodrigo. No tengo llave del buzón, la perdí, y asoma el cuello del cacique por la rendija de entrada de las cartas.
Y otras cosas que ahora mismo no recuerdo. Anoche fue brutal.