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soles en el pelo

Tú tenías soles en el pelo, y no había forma de que te dieras cuenta. Eso lo comprendí cuando te vi caminar por todas partes como si en él no hubiera algo así como discos amarillos.

Intenté pegártelo en el alma cosiéndolo con caricias tiernas. No sirvió de nada. Pero las caricias te gustaban, así que seguí con ellas algún tiempo.

Intente probar el tiempo del sueño, y te lo susurraba al oído mientras dormías. Pero tú tenías extraños sueños, terribles pesadillas, todas y cada una con más fuerza que mis palabras. Y porque supe que te gustaba el contacto del aire de mi boca en tu oreja continué haciéndolo, algún tiempo, hasta que olvidé por qué lo hacía.

Después nos fuimos distanciando. En verdad cada vez tenías menos soles. Se estaban muriendo.

Había menos. Se les notaba tensos. Yo no pude verlo, porque había perdido el sentido de las cosas en algún momento, paseando por algún lado. Soy todo un despistado.

Después nos distanciamos del todo. Era evidente. Y entonces lo recordamos todo. Absolutamente. Sólo hizo falta no posar los ojos en los ojos para mirar dentro, cuando dejamos de hacerlo una oleada de comprensión nos dobló por la mitad y nos hizo un nudo en el estómago.

Entonces fue cuando todo recobró su sentido real.

Pero era tarde.

Hace poco te vi, tenías el pelo repleto de soles amarillos que hablaban entre sí a gritos.

Tú sigues sin verlos.

Pero al menos los tienes. Eso me sigue convirtiendo en un ser vivo.

Me alegro por ambos.

Me gustan tus soles. Mucho. Es importante que sigan existiendo. Son la medida de todas las cosas, sin duda.

tranquilidad

Ya está todo más tranquilo. Dentro y fuera. Me siento mejor. Mucho.

Supongo que es domingo.

Estoy llenando la bañera, una buena cosa.

He pasado toda la tarde en casa de mi hermana. Eso sí que tranquiliza. Me siento mucho mejor. Vaya par de enormes personas, mi hermana y Solano el Grande.

Todo más tranquilo.

Más feliz, porque, al fin y al cabo, todo lo que vivo es bonito.
Intenso.

Así merece la pena vivir.

Uno siempre se está preguntando estupideces. ¿Haré algo grande antes de los treinta? ¿Soy el que quiero ser? ¿Me comporto mal siendo como soy (joder, Demasié, públicamente te pido perdón por los dos abandonos)? Supongo que es algo totalmente inevitable.

Entonces sucede algo, y sabes dónde están los fallos.

Pero ya no merece la pena cambiarlos,
porque todo ha cambiado y tienes que buscarte otra vez.

Y lo haces viviendo, «día a día», como decía Rambo.

Me despido con un saludín para Oscar y Diana. Les vi raros.

Soy un monje confesor. Lo sabéis. Utilizadme. Tengo mucho pecho, no me agoto en mis propias cosas. Sobre todo cuidaros mucho. Volved pronto.

desconcierto

Uno no sabe qué es eso de que sean las cinco de la tarde. O que hoy sea domingo. No me importa admitirlo, de ciertas cosas no tengo ni idea. Hoy es un día amarillo. Buena luz para fotos. Hoy es un día tranquilo, gracioso, simpático. Hoy es hoy mismo.