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la primera luz del día

De repente. Estoy con la guitarra. Y, de repente, empiezo a hablar de mis encuentros con Lorelay. De, más o menos, todos ellos. Y pienso en cientos de formas en las que contarlos. Pero me gusta esta.

Y entiendo que el calor es un beso de doble filo
si arde bien… te irás
si no lo hace… no volverás

(concentrado en el termostato de tu piel,
vigilando posibles signos que deshagan tu nudo en el mío)

y yo… depié
con tu cara en mi certeza
y tú… sentada
sin percibir cómo se fragua nada…

y toma mi herida y ven, juguemos a despistarnos un rato
y tomo tu herida y voy, soy consciente de cómo la soledad nos mira…

con la primera luz del día

y entiendo que el calor no es un buen desintoxicante mental
si pienso… en ti,
en tu forma de visitar mi nombre
(concentrado en el termostato de tu piel,
esperando los signos claros que están a punto de acontecer….)

y yo… depié
con tu cara en mi certeza
y tú… sentada
sin percibir cómo se fragua nada…

y toma mi herida y ven, juguemos a despistarnos un rato
y tomo tu herida y voy, soy consciente de cómo la soledad nos mira…

con la primera luz del día

(tabaco cortesía (pagada y bien pagada) de tabacalera,
el rioja crianza monte cielo del 99 cortesía de rosa (te quiero, capulla),
todo lo demás cortesía del verano que se adentra en mi ventana
y me destroza, o me roza, o me hunde o me levanta, o me
recoge o me engaña, o me recuerda o me olvida, o me retiene
o me desata… o me hunde o me levanta, a partes iguales).

la tarde declina

«Todos los dichos y frases huecas, descaradas y arrogantes, repetidas maquinalmente, sin pensar…

Yo mismo me doy náuseas.»

Odón von Horváth. Un hijo de nuestro tiempo.

«En la actualidad no tienes doctrina. Y un hombre sin doctrina se parece más a un hombre. Un insecto o una hierba tampoco tienen, tú eres un ser vivo al que ya no manipula ninguna doctrina, prefieres ser un observador que vive al margen de la sociedad, que, aunque no pueda evitar tener un punto de vista, una opinión y alguna inclinación, no tiene doctrina; esa es la principal diferencia entre el «tú» presente y el «él» que observas».

Gao Xingjian. El libro de un hombre solo.

No imagino un modo mejor de ver el fin de este fin domingo que como lo hago, mientras llueve fuera.

A las seis de la mañana terminé el libro de Pratchet y volví, no mucho tiempo, a el libro de un hombre solo, hasta que me dormí en el sofá, abrumado de páginas y páginas, entre el claro mensaje de uno y los juegos inteligentes e irónicos, respecto a cualquier cosa, cuanto más docta mejor, del otro. Me levantó el teléfono móvil, que no tiene nada de agradable despertador, y una voz al otro lado me invitaba a comer. No me negué. Vi entretanto algo de la carrera de fórmula 1 y un no sé qué me recordó a la tarde en las Ventas, sobre la que aún no puedo pronunciarme en modo alguno, más que con divagaciones inconexas y nada concretas. Supongo que lo que acercaba ambas cosas era la imagen del héroe, o yo qué sé. El evento, supongo. La atención de todos sobre unos pocos que hacen algo.

A media tarde, ahíto, cansado, me tumbé en una siesta tranquila. Después empezó a llover. Con las ventanas abiertas el perfume de la humedad sobre el asfalto se filtraba en las plantas de la ventana e introducía una pátina de humedad sobre la mesa, las estanterías, mi cara dormida… hasta que me desperté, miré por la ventana, encendí un cigarro, cogí el libro de un hombre solo con un café y empecé a leer, perfectamente relajado, tranquilo y (por qué no) feliz. Estuve así hasta que leí la frase de más arriba, que me recordó otra de Horváth que tardé un rato en encontrar.

Con la humedad preñando todo de novedad cogí la guitarra, levemente desafinada por el cambio del ambiente, y toqué un par de canciones, algo dulce que correspondiera. Rematé con una canción que es rabia pura. Después lo dejé.

Las cosas suceden. Hay que dejarlas suceder. Aunque no creo que les importe mucho nuestra opinión. Hay frases que detesto, como �la tarde declina…�, pero hay veces que se adecúan de forma tan exacta a la realidad que no puedo hacer más que encogerme de hombros, negar con la cabeza, y escribirlas.

cansado

Todas las ventanas abiertas. El verano ya huele, empieza a entrar puertas adentro. Quizá mi ropa deje de oler a humedad, o quizá no, quizá sea uno de esos rituales de comunión restantes.

Me pregunto por qué no salí con Miguelón, Cisneros, Rosa, Ortondo y las amigas del curro de Rosa. Estuvieron aquí cenando (los cuatro primeros) y ahora van a la zona de juego. Yo, en el último momento, decidí quedarme. No tengo muy claro por qué.

Y aquí estoy, con mi verano para mí solo. Espero que me aproveche.

Revuelto de gula y gambas, pollo especiado con salsa gitana, pan con perejil y ajo, un bizcocho de chocolate. Cerveza en consonancia.

No tocamos la guitarra. Pero después, cuando se fueron, la saqué del carrito, la saqué de la funda, la afiné despacio (creo que con cariño), acaricié el mastil y toqué «me siento tan pequeño», mirando al gordo rapado del otro lado del espejo, que me miraba.

La casa está ordenada y me gusta. Me gusta verla así. Parece un buen sitio donde estar. Por qué no.

Voy a leer escuchando algo de yazz, para mí es una experiencia nueva no estar la noche del sábado borracho. Llevo años estándolo. Las ventanas abiertas, para que entre el verano. O para sentir el contacto con el mundo que no llego a encontrar en los bares. Con el recuerdo de las conversaciones, y de la cara de decepción de Cisneros y Rosa cuando dije que no salía.

No, no me siento viejo. Me siento cansado hoy, eso es todo. Me siento muy cansado, me duelen los riñones (del sobreesfuerzo, supongo). No creo que la salvación esté en los sábados. Ya no. Ya no en la juerga, menos cuando ni siquiera apetece.

Antes me espoleaba el pensar que Lorelay estaría por ahí pasándoselo de puta madre, me irradiaba una especie de estímulo de no quedarme atrás. Ya no tiene nada que ver. Así lo noto. Ya no tiene nada que ver.

No estoy triste, estoy extrañamente sereno. Calmado. Me apetece una buena ducha y leer algo que compré de Pratchet, reírme un rato tranquilo, sentado en el sofá, tomando cerveza mahou clásica, o quizá alguna infusión, depende.

Siempre soy consciente de que todo gira. A veces pierdo el culo por coger el tren, por no quedarme en la estación. Otras veces me suda la polla el tren, el mundo y sus giros, y sólo quiero un buen libro o una buena charla, tranquilo.

Habrá jueves para buscar la gresca de la vida y tocar por los parques. Habrá muchos días así. Hoy no tiene pinta.

Si tengo que conocer a la piba de mi vida borracho en un garito (como parece que debe ser) prefiero que conozca a otro menos problemático. Yo siempre acabo liado con alguna tontería y la cago. Aunque para mí no es cagarla, claro.

De este ordenador saldrán novelas y poemas, de la guitarra que tengo a mi lado canciones. En esta casa seguirá habiendo buenas cenas, buenas risas, buenos cafés de desayuno en buena compañía.

Ahora mismo (y será porque estoy cansado) la verdad es que todo lo demás me importa un carajo.