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la primera luz del día

De repente. Estoy con la guitarra. Y, de repente, empiezo a hablar de mis encuentros con Lorelay. De, más o menos, todos ellos. Y pienso en cientos de formas en las que contarlos. Pero me gusta esta.

Y entiendo que el calor es un beso de doble filo
si arde bien… te irás
si no lo hace… no volverás

(concentrado en el termostato de tu piel,
vigilando posibles signos que deshagan tu nudo en el mío)

y yo… depié
con tu cara en mi certeza
y tú… sentada
sin percibir cómo se fragua nada…

y toma mi herida y ven, juguemos a despistarnos un rato
y tomo tu herida y voy, soy consciente de cómo la soledad nos mira…

con la primera luz del día

y entiendo que el calor no es un buen desintoxicante mental
si pienso… en ti,
en tu forma de visitar mi nombre
(concentrado en el termostato de tu piel,
esperando los signos claros que están a punto de acontecer….)

y yo… depié
con tu cara en mi certeza
y tú… sentada
sin percibir cómo se fragua nada…

y toma mi herida y ven, juguemos a despistarnos un rato
y tomo tu herida y voy, soy consciente de cómo la soledad nos mira…

con la primera luz del día

(tabaco cortesía (pagada y bien pagada) de tabacalera,
el rioja crianza monte cielo del 99 cortesía de rosa (te quiero, capulla),
todo lo demás cortesía del verano que se adentra en mi ventana
y me destroza, o me roza, o me hunde o me levanta, o me
recoge o me engaña, o me recuerda o me olvida, o me retiene
o me desata… o me hunde o me levanta, a partes iguales).

5 thoughts on “la primera luz del día

  1. Ey, qué bueno leerte otra vez.
    Me gustó esa primera luz del día, pero observo que ese nombre aún está ahí en el rayo de sol que penetra por la ventana y da de frente en tu mirada…
    Abrazos

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