Categoría: entraron en mi cabeza
qué absurdo, mi reina

Déjame con mis recuerdos, con aroma a humo de flores, el chascar de los corazones cuando me decían «corta el vuelo». Y me ha sobrado el suelo para apagar soles que alumbraban mi mal camino: me da igual el güisqui barato que acabar borracho con el mejor vino.
El fuego del último trago, la violencia de mis ladridos. El cielo viene clareando, otro día en blanco tirado al olvido y te digo…
Qué absurdo,
mi reina que hoy sufre
por si ahogo mis penas respirando azufre.
Me ofrece sus besos,
ni muerto,
mirarte a los ojos es quedarme tuerto.
Prefiero mi huerto desierto.
Ahora llaman a mi puerta y no entiendo esa insistencia. Ojalá fuera la muerte con dos mil castigos, y no tu presencia que quiere salvarme la vida, aquella que bien malograste. Parece que muy pronto olvidas, te cubres de gloria y quiero recordarte: el desprecio de tu mirada, mi espalda a traición malherida arañando marcos de puertas, tu cuerpo en oferta me hundió en la bebida.
Que siga.
Qué absurdo,
mi reina que hoy sufre
por si ahogo mis penas respirando azufre.
Me ofrece sus besos,
ni muerto,
mirarte a los ojos es quedarme tuerto.
Prefiero mi huerto desierto.
los versos del hambre, sara m. bernard
No sé si me gustó del todo, no sé si está del todo bien escrito. Demasiado esquématico muchas veces, se intuye una tijera bruta de poda entre los párrafos de cuando en cuando.
Lo que sí sé es que está lleno de cosas que deben decirse, escribirse, leerse y rumiarse para recalentarnos. Para encabronarnos. Y que esta muy bien verte en otra parte de cuando en cuando, reconocerte en otra vida. No sé si por el mal de muchos, pero creo que no. Creo que es más bien por la rabia y el orgullo de muchos. Y porque te reafirma. Una cosa es lo que nos cuentan que la cosa es, y otra cosa muy diferente es lo que realmente es. No se nos debe olvidar contarnos lo que vemos antes de que nos volvamos idiotas del todo con lo que nos cuentan que estamos viendo. Esto es una guerra de percepciones, y tengo la sensación de que la estamos perdiendo. Y de que la perderemos y nos repetirán como loros «trabajo, formación, esfuerzo» y todos nos sentiremos culpables por estarnos muriendo de hambre por nuestra propia pereza. Y será culpa nuestra y así seremos definitivamente más maleables.
Y los cuatro locos que digan las cosas que se dicen en los versos del hambre estarán encerrados sin molestar en alguna tendencia intelectual irrelevante.
Pero eso aún no ha pasado. Hay que escuchar cosas como esta y mirar dentro a ver qué hay de cierto. Porque en este libro la verdad se mira dentro, comparando con lo que te ha pasado a ti.
Echadle un vistazo por un euro y casi nada en Amazon, la precariedad no se destruye, se transforma.
