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mañanas

A lo largo de los años aprendes
que una larga ducha de agua caliente
y un par de giros complicados con el coche
es todo lo que necesitas para empezar el día.

Meterte en la rutina
de tu vida miserable
es sencillo,
lo complicado es levantarte
de esa mierda,
dejar tu cuerpo atado a la silla
mientras tu cabeza aletea
y se va lejos,
se larga viva.

Para eso la ducha y el coche ayudan,
te dan la distancia suficiente
para no tener que mirar
atrás cada cinco minutos

para no verte una y otra vez
intentando tirar de la cisterna
mientras la cosa
da vueltas en una espiral
de agua
que no tiene la fuerza
suficiente
como para tragársela.

Así que, al final, bueno, qué más da.
Tú me mantienes aquí y yo me esfuerzo en mantenerme
en
cualquier
otra
parte.

Llevamos desde siempre con el mismo pulso
y no parece que,
a estas alturas,
nadie esté ya realmente
intentando ganarlo.

subrepticiamente

Antes de que me diera cuenta
estaba loco,
rematádamente loco en aquel
anden
pesado
gritando arriba y abajo
y llorando
y arrastrando el pie derecho
sin sentido
entre gente indiferente que miraba
a otro lado.

Todos mirando justo al otro lado.

Antes de que me diera cuenta,
tabaquera en mano,
de que las cosas no eran tan sencillas
como habían sido siempre
y sólo empezaban a insinuarse
tan complicadas como iban
a empezar a ser en adelante.

Descalzo del derecho,
gritando,
arriba y abajo,
liándome un cigarro a empujones,
llorando,
pidiendo un punto de destino
al revisor que me tranquilizaba diciendo

«relájese, no le entiendo».

No le entiendo.
Qué maravilloso es ser nada y no serlo.

hablar

Perdón por eso,

perdón por vivir cada día así.

Quizá estoy perdiendo el norte o algo, quizá estoy olvidando dónde estaban las cosas que había que vivir,
pero es que no hay excusa cuando no hay norte, ni algo,
ni destino final, ni localización perfecta donde empezar
y quizá

sólo quizá

es que me agarro a donde no debo.

Quizá es que marco una señalización, una baliza

donde no debo.

En cualquier caso, perdón por tu oquedad
o por mi fijación en ella.

Perdón por encontrar un lugar cercano remoto donde lo que significa significa algo.

Perdón por todo, entonces, por las noches de cenicero en una casa desastre que se
va al carajo, donde me levantaré mañana yéndome al carajo.

Supongo que al carajo.

Perdón por mirarte, perdón porque estoy a gusto aquí.

No parece importarte mucho, la verdad.

En cualquier caso perdón, te preocupe o no. Quizá tengamos mañana que centrarnos
en lo que debemos centrarnos, en el pan y el algo y en tener para comer.

Pero hoy, por hoy,
parece más apetecible detenerme aquí,
darte un beso,
dejar que las cosas se enfríen y se calienten mientras,
como siempre,
todo y cada cosa se va a la mierda y yo estoy aquí,
entre tus labios,
mientras todo se va sumariamente al carajo gracias a la entropía y a lo malditamente
idiotas que,
regularmente,
somos todos.

Perdón, digo, por todo.
No parece importarte demasiado.

No parece.

No me engañas.

Sabes perfectamente.

Quizá no, ¿quién sabe?
No se si sabes tú o si sé yo de qué coño estamos hablando.

En fin.
Tengámoslo claro.