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los puentes

Voy rodando los puentes
que tiendo con mi cerveza
sobre la barra,
con la ceniza y la espuma
formo una pasta
gloriosamente densa
y resistente.

No tengo sueño
que aplastar esta noche,
debo conformarme con mirar.

A mi alrededor la gente
y las conversaciones,
hoy no es un buen día
para ser mortal ni para ser
imbécil,

pero aquí estoy
fumarrajeando un cigarro
con mi logorrea y pensando
vayaunamierdadenoche,

Y la culpa es mía,
porque hoy no es un buen día
para ser homo sapiens ni para
ser tan estúpido
como los
ojos,
que lloran cuando no
viene a cuento, así,
mojándome por entero.

tú y yo

Pudimos, tú y yo,
eludir
la
tarde
y
el
hambre.

Pero Tú y Yo no pudieron,
tú y yo sabíamos callar,
supimos hacerlo cuando estaba
todo a punto de que la nada
sucediese; cuando,
volátiles,
sumábamos aire en nuestros esfínteres.

Pero Ellos no supieron reír, no pudieron.
Y las noches asemejaron cárceles, enemigos
los soles y sus ejércitos las noctívaras
estrellas; amándose Tú y Yo no supieron
desbrozar de la llama el calor
y ambos se agostaron,
vencidos finalmente,
en su flamante infierno
inocente y maldito,
pleno y vacío.

Y tú y yo aún nos amamos
en alguna parte.

cercos vacíos

bano.jpg

Al salir del curro la imagen era deprimente. Estábamos todos allí, como idiotas, esperando el bus del curro. No puedo decir que hubiera tenido un buen día. Al final llegó y nos montamos, y la verdad es que el autobús es una mierda, y jode meterse dentro, porque uno se siente exactamente una mierda, aunque no tenga nada que ver. No era día de saludar, y mucho menos de conversar, así que me enfrasqué en Cortázar, con las rodillas apoyadas en el asiento delantero y el libro así, sobre ellas. Se bajó todo el mundo en la primera parada y me quedé con la becaria. Pero no era un buen día para hablar, así que seguí con el libro, escondiendo al mundo de mí. Al bajarnos le dije que íbamos en la misma dirección, porque yo iba al opencor. Con una sonrisa me dijo «qué, ¿a por cervezas?». No, más tarde de las diez no hay cervezas. Ya las tengo en casa. Entré a por una mierda de pizza y durante el camino no hacía más que luchar contra mis propias intuiciones, que me decían que Lele me iba a hacer una visita sorpresa. De ahí la pizza, las cervezas que compré esta mañana. Al mismo tiempo sabía positivamente que sería lo último que haría ella. Antes se haría niña de papá (bueno, eso ya lo ha hecho, tendré que buscar otra cosa). Vine medio corriendo, como un gilipollas.

Al entrar algo olía a podrido. Mucho. Se me olvidó por un momento lo de que en mi imaginación Lele estaba en el salón con las luces apagadas. Me fui al cubo de la basura.

Lo que me temía.

Una ensalada del sábado y los pedazos llenos de moho (esa pelusilla verde-blanquecina, se llame como se llame) que quité al filete del domingo. A la calle con ello.

Después me di cuenta de lo solitaria que es esta casa cuando no está ella, aunque tenga dentro a veinte personas vomitando-follando-bebiendo-riendo-bailando un sábado por la noche.

Abrí un litro, perpetré el crimen de meter una pizza en un microondas. Medio litro de cerveza y un par de piezas para niños de bartok después estoy un pelín menos enamorado. O más reforzado, no lo sé. Saco la pizza, me la como. Cuando termino me doy un poco de asco. Así que, como estaba escrito, salgo.

Llevo mucho tiempo sin salir solo. No sé a lo que me enfrento. Al principio lo hice mucho, pero nunca me gustó llegar a límites drásticos, y dejé de hacerlo. Fui a un garito casi al azar, porque no quería volver al baibén (llevo sin ir desde el uno de enero) y la estación es un pastelón y la noche del yazz en el cool fue ayer. No os dejéis engañar por el yazz, es uno de los garitos más cutres que conozco. Y de los que más me gustan.

Entré al garito y le pedí un litro al camarero. «Me acuerdo de ti. Tío, no he visto a nadie beber tanta cerveza en mi vida». «Bueno», estoy inspirado, «pues hoy me vas a ver batir mi propio record. Hoy sólo traigo un litro dentro». El camarero está por ahí, en la bitácora, creo que le hice una foto. Recuerdo esa vez, vine con Koldo. Es bueno tener memoria cuando es necesario. Si jamás hubiera vuelto y el no me hubiera dicho eso, nunca me habría acordado de esto. Memoria adaptativa, supongo.

Me sirve el litro y le miro. Me cae bien. No quiero hacer lo de siempre, así que le doy el billete de veinte euros que llevo.

«No, tío, no me traigas la vuelta, sírveme hasta que se agote».
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