Estaba en medio de ninguna parte
como en medio de todas,
sentado,
disfrutando la tarde y las cosas que siempre ocurren
cuando uno se detiene,
mientras el viento levantaba el mantel de la mesa
y tú reías poniendo copas en las esquinas
y viendo volar los gusanitos rojos
lejos a través del aire.
Tu vestido iva y venía y mostraba al mismo tiempo
que ocultaba, al mismo tiempo que ceñía,
al mismo tiempo que revelaba tu sonrisa
presa de los gusanitos rojos
lejos a través del aire.
Categoría: hago
seguir vivos

Ella se sentaba en el borde del sofá
mientras se colocaba las medias sin prisa alguna.
Encendía un cigarro y lo disfrutaba
en una media sonrisa
mirando al suelo, preciosa, distraída.
«¿Sabes?» -me dijo-,
«no son muchas, pero algunas veces
entiendo por qué nos empeñamos en seguir vivos.»
Completamente de acuerdo, esta vez.
entrar y salir
He estado desafinando un rato
(punteando, tonteando, rascando cuerdas)
sumido en la propia complacencia
del herido.
Me miraba en el espejo y escribía letras tontas
sobre amores perdidos, sobre tejados enmohecidos
rompiendo siempre sobre mi cabeza.
Nada que no haya sido escrito ya.
El problema, cuando vivo, es cómo salir de mi cabeza.
El problema, cuando escribo, es cómo conseguir entrar en ella.
Supongo que rasgando, tonteando, desafinando.
Haciendo que todo suene mal.
Que algo de todo este invento no esté en su sitio.
Es más fácil darse cuenta de qué no encaja cuando nada encaja.
Es sencillo darse cuenta de que es difícil entrar en tu propia cabeza
cuando llevas diez horas intentando salir de ella.
Es mucho más sencillo todavía colegir de esto
qué es lo que me dificulta vivir.
Y que es mejor que cambie de pensamientos
si quiero el pan, el ajo, la carne y el pescado.
De walking around my table.