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la tolerancia de las cosas

Van sucediendo los acontecimientos,
que tienen esa costumbre y no pueden estarse
quietos,
y yo voy pensando que mejor
quedarse aquí un ratito,
mientras haya luz y sentido,
que mejor no pretender domar
las cosas que no corren y
mejor no
intentar resolver a palos
la extraña cuestión
de la tolerancia de las cosas.

Poema 10 de La intensión del borracho.
Libro primero de El número de mi zapato me parece imbécil.

muro

Estábamos entre nosotros
como un abismo infranqueable.

Cogiste una taza y serviste café.
Yo vomitaba el alcohol sobrante
de la noche que huía, como un perro,
con el rabo entre las piernas.

Me abrazaste fuerte y
me llamaste imbécil.

Yo no podía evitar creerte.
Encendí el primer cigarro de
la recién estrenada mañana. Tu
sonrisa se escabullía tomando
confianza en una lenta huida.
Y en tu cara tus ojos intentaban
no expresar nada. Y en tu luz
tu sombra caía fragua sobre
los campos agostados de
las palabras.

Tú me dices perdón o
algo semejante y yo me
esfuerzo, te juro que
me esfuerzo para no
mirar el mundo
desintegrarse.

El café terminó por enfriarse,
aburrido de la poca atención
que le prestamos. La vida
también,
más o menos
por lo mismo.

De Kippel y/o cuentos, 1999.

y de coña:

wall

We were between us
as an insurmountable abyss.

You took a cup and you served coffee.
I vomited the leftover alcohol
at night that fled, like a dog,
with the tail between the legs.

You embraced to me strong and
you called to me stupid idiot.

I could not avoid to believe in your words.
I ignited the first cigarette of
just released tomorrow. Your
smile go off taking itself
fled confidence in a slow one.
And in your face your eyes tried
not to express anything. And in your light
your shade fell forge on
the fields withered of
the words.

You say pardon to me or
something similar and I
effort, I swear to you that
I make an effort to me for no
to watch the world
to disintegrate itself.

The coffee finished cooling off,
boring of the little attention
that we rendered to him. The life
also,
more or less
by the same.

Of Kippel and/or stories, 1999.

poema seis

Ardía el sol en mis venas
y no tenía ni idea, ni ganas de tenerla

el mundo eran litros de cerveza
entrando y saliendo

el mundo era rabia

no quería saber nada

que se pare, que yo me bajo

que no quiero

que habéis ganado,

dejadme al margen, no pido más.

El mundo huele diferente ahora
y está en mi perilla,
el mundo huele diferente ahora,
está en mi perilla,
lo noto al respirar,
tú estás en mi perilla,
golpes de ti, parcelas
de ti de prestado en mi cuerpo,

tengo parcelas de ti de prestado en mi cuerpo

que huelen, que me dan tu olor
y me retrotraen a todo momento contigo,

pienso, y no me equivoco,
que eso es casi todo.

Hay más, dicen,
pero no lo veo.

La verdad es que no tengo ni idea de qué hablan.

Pero siempre están hablando.

Siempre me están diciendo cosas
como si me importara escucharlas.

Siempre me dicen lo que soy, o lo que eres
tú,
o lo que ambos deberíamos ser.

Yo les miro a los ojos
y parece que escucho, soy un experto.

Les miro a los ojos como si
no hubiese nada más importante.

A veces me dan ganas de besarles
para romper el ritmo

o para, me digo,

que se callen de una vez.
Lo probé,
y decirlo no es bastante.

Siguen hablando.

Como si me hiciera falta.

Como si tuviera sentido.

Supongo que se encuentran mejor con ellos mismos
mientras solucionan mi vida.

Supongo que no tienen ni idea de cómo solucionar la suya.

Supongo que así cambian de tema.

Supongo que se obligan a que les preocupe.

Lo más curioso es que jamás pedí ayuda.

Jamás dije que me echaran una mano.

Ni siquiera que tuviera un problema.

Poema 6 de Los besos maduran,
libro tercero de Escrito en tu nombre.