# perdiendo.org/museodemetralla

entraron en mi cabeza (201) | libros (20) | me lo llevo puesto (7) | pelis (2) | Renta básica (9) | series (6) | escasez (2) | frikeando (94) | arduino (1) | autoreferencial (11) | bici (1) | esperanto (4) | eve online (3) | git (2) | GNU/linux (4) | markdown (7) | nexus7 (2) | python (7) | raspberry pi (3) | vim (1) | wordpress (1) | zatchtronics (3) | hago (768) | canciones (160) | borradores (7) | cover (44) | el extremo inútil de la escoba (2) | elec (1) | GRACO (2) | guitarlele (11) | ruiditos (11) | Solenoide (1) | fotos (37) | nanowrimo (3) | novela (26) | criaturas del pantano (5) | el año que no follamos (12) | huim (5) | rehab (4) | poemas (361) | Anclajes (15) | andando (3) | B.A.R (7) | Canción de cuna para un borracho (38) | Cercos vacíos (37) | Cien puentes en la cabeza (7) | Conejo azul (6) | Contenido del juego (5) | De tiendas (3) | del pantano (3) | Destrozos (2) | Epilogo (4) | Fuegos de artificio (5) | Imposible rescate (15) | Jugando a rojo (7) | Libro del desencuentro (2) | Lo que sé de Marte (11) | Los cuentos (21) | Montaje del juego (5) | Orden de salida (4) | palitos (31) | Piernas abiertas (7) | Poemas medianos (12) | Privado de sueño (7) | rasguemas (5) | Tanto para nada (17) | Todo a 100 (2) | Uno (4) | relatos (97) | anatemas (9) | orbital (2) | prompts (8) | vindicaciones (103) | perdiendo (1.715) | atranques (1) |

había barro

al otro lado del espejo.

Se habían ido quedando calvos de ganas,
huérfanos de cosas que mirar,
de sitios a los que ir y tomar algo.

Habían esponjado primero y triturado después
todos los puntos de interés curístico.
Ya no quedaban esos puntos rojos en el mapa.
Nada hubo mejor que nada y nada podía serlo.

Esclavos del
pan
la carne
el ajo
y el pescado

era milimétricamente eso lo que les había quedado.

Rotores, pernos, engranajes duros que machacan
tu llama
sitiando por hambre el cerebro.

Asfixia por sobredosis.
Sobredosis como pantalla de humo.

Puedes hacer lo que quieras.
Si eres capaz de permitírtelo.
Nada es gratis, ni siquiera el sol.

De entre todas las cosas,
mucho menos el sol que todas
y cada una
de las demás.

Y menos aún el tuyo.
El propio.

odio ciertas cosas

como

«si no lo hubiera hecho yo lo hubiera hecho otro».

Lo odio a muerte si es falso. Lo odio mucho más si es cierto.

O como

«el que no sabe cómo mantenerse a flote merece estar muerto, merece lo que le pase»

pero

¿de qué coño de humanidad estamos hablando?

Odio, con locura, que me pidan pasta a la entrada de los supermercados, porque me pregunto

¿cómo cojones permitimos que todo dependa de la caridad?

¿sabes a lo que me refiero?

La caridad es una voluntad, no un derecho.

Es un estado de ánimo.

La caridad es circunstancial, un derecho es siempre válido.

Odio cuando dicen, «lo básico, sí, excepto para los que no se lo merecen».

¿Quién cojones decide quién no se lo merece?

Odio a la gente que defiende el sistema de que los que más tienen van a ser los que más tengan siempre y

oye

que yo he entrado en el juego

que pago mi casa, y mi luz, y mi agua

y pago la ropa que llevo

y pago mis vicios, todos ellos, todos y cada uno de ellos

sacrificándome entero (¿negrita, cursiva, subrayado?)

Y aún así no comprendo cómo es posible que la gente no tenga ni siquiera derecho

a un techo.

Derecho a vivir.

Los convenios son la regulación de la esclavitud. Y tú lo sabes.

Es cierto.

La zanahoria del «quizá tú seas rico mañana»

y esas mierdas.

Jugamos a un juego horrible en el que vemos
cada día
a gente
en la calle
pidiéndonos algo
para poder
comer

(mientras compramos un juego online, nosotros lo hacemos,
yo, por supuesto, lo hago).

Alimentarse.

Y nos decimos «eh, nosotros no estamos en eso»

Sin preguntarnos
«¿por qué nadie tendría que estar en eso?»

Por qué cojones nadie, en un mundo como este, tiene que estar en eso.

Si esto es civilización yo me piro.

Yo lo dejo.

Me han educado para amar mis propias argollas. Para darles besos.

Pero quizá, algún día, no lo haga más.

¿Y entonces qué, seré un hijoputa,
un deshecho?
¿No seguiré siendo el mismo?

¿No seguiré siendo ese yo al que aman los que aman y odian los que odian?

¿Seré algo, en concreto?

palitos y saliva

Lo sencillo
era
dejar
de complicarse.

Pero
eso
no
estaba
fabricado
aún.

Habría que empezar de cero.
Recoger palitos.
Hacer esquemas de cómo sería en dibujos sobre la arena.
Llegar a acuerdos, establecer procedimientos.
Protocolos.
Mirarnos a los ojos y susurrar un «nunca nos engañaremos»
imposible
que salía muerto de nuestras bocas,
muerto y expelido como si estuviera vivo.

Cementar los palitos con saliva o con barro,
con lo que hubiera, darle forma sobre los esquemas
que,
entretanto,
había borrado el aire plomizo de la tarde.

Llegar a término a tiempo de ver
el resultado, en medio
de un borrón manchado de datos, costes
y beneficios.

A esas alturas a ver quién recordaba aquello de lo
sencillo.
Con tanto tiempo invertido a ver quién se atrevía a hacerlo.

Y a volver al principio.

Habría que empezar de cero.